miércoles, abril 08, 2009

Recordando...

Recuerdo la urgencia de la sangre. Cambiarme rápido de ropa para volver a verte. Mantener conversaciones triviales en las que lo importante no era, desde luego, el contenido si no que se cruzaran nuestras miradas. Recuerdo lo mucho que me gustaba tu sonrisa. El brillo de tus ojos. Tu voz. Recuerdo el tacto suave y húmedo de nuestros labios. Unos besos lentos e inocentes. La humedad rizándome el pelo y las primeras gotas de lluvia. La imagen de mi pantalón de campana arrastrado por el suelo y la punta de mi bota. Me cogiste de la mano y salimos a correr. Buscamos un techo clandestino.
Recuerdo desearte. Abrazarte pegando la nariz a tu cuello para aspirar el olor que se escondía debajo de la colonia que utilizabas por entonces. No atreverme después a mirarte a los ojos. Llegar tarde a casa. Ya no dejar jamás de pensar en tí. Preguntarte, días después, si tú también sentías mariposas en el estómago. Lo recuerdo todo. Como fotogramas que pasan a saltos en una oscura sala de cine en la que veo la película de mi propia vida. Y sonrío. Y siento vértigo. También nostalgia de una historia que continúa. Han cambiado los escenarios, los protagonistas, las urgencias y las necesidades. Las responsabilidades y los compromisos también han cambiado.
Ha cambiado todo y no ha cambiado nada. Porque te sigo abrazando para intentar aspirar el olor que se esconde debajo del perfume que cambias constantemente como queriendo ser muchos hombres en uno. Porque me sigue gustando tu sonrisa, el brillo de tus ojos y esas historias de tu niñez que me cuentas como si no te conociera de nada. Porque me he vuelto a enamorar muchas veces de tí en todo este tiempo. La única pena es que ya no me besas por la calle.

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