miércoles, abril 15, 2009

La tela de araña

Esta foto es de anoche. Está tomada en uno de mis bares preferidos de Huelva: el Prokope, del que escuché hablar mucho antes de llegar aquí. En ella estamos el supernegro y la superblanca. El supernegro es un chaval de Senegal, más o menos de mi edad, que vendía en anillo que tengo puesto ahora en la mano. La superbalanca soy yo, claro. Me enseñó palabras básicas para defenderme en senegalés como "tengo hambre" o "te quiero". Se tomó con nosotros una tapa, compartimos un rato de conversación y siguió con su trabajo en una inapacible noche. Inapacible por fuera, claro, porque dentro del bar seguí con mis compañeros. Después del supernegro llegó un ingeniero nuclear, eso decía él, que nos amenazó con hacer estallar el mundo si nos reíamos de él. Confío en la capacidad de los yonkis de barba y gorra para llevar a cabo sus apocalipsis, así que dejé de reirme. Es apenas un pasaje nocturno de los que hay en este ciudad de contrastes, como los cuadros de Pedro Rodríguez Garrido, el hijísimo, que ayer estrenó exposición en su ciudad. Unos contrastes que voy descubriendo bien acompañada, por fortuna. Hace ahora un año de mi aterrizaje en mi ciudad natal. No es ninguna vuelta porque no la conocía de nada. He descubierto los nombres y destinos de sus calles a la misma vez que me he dejado atrapar por una divertida tela de araña que ahora me sostiene. Social y emocionalmente. El hilo empezó a tejerse a las puertas de la Audiencia Provincial. Yo andaba perdida, con mi hermana argentina, y Santi me ofreció, por primera vez, la luz de su faro. Al día siguiente, Rafa diría aquello de "Oye, Oye, que ésta es Paloma¡¡¡", haciendome ver que mi llegada había sido mil veces anunciada por mi insistente jefe. Poco a poco los fui descubriendo. Al principio intercambiábamos comentarios triviales, sonrisas tímidas. Ahora acabo de colgarle el teléfono a Lucía para confesarnos algunos secretillos. Sigue reliándose la tela de araña con el taconeo de Inma (y la queja de mi vecina de abajo), las risas con el Señor de Calatilla y sus dos secuaces (en almuerzos de plato combinado y tinto de verano), las cenas con anfitriones, los consejos para cuidar de mi limonero, las citas en el Cineclub, las copas, los chascarillos, los favores, las llamadas, el echar de menos a una compañera cuando pasa a "mejor vida" (como Ana), el maloliente coche de la radio siempre dispuesto para las teletiperas y otras especies homínidas, el cambio en el dial para escuchar cómo lo cuentan los demás (y sorprenderte con una sonrisa en los labios al reconocer sus voces), el sonido, a primera hora, del hojeo del periódico (en el que corres a leer la firma), la media, el cortado, la entera y el descafeinmado de máquina. Y la tela no termina de tejerse. Parece, más bien, que crece cada día. Otra vez, afortunadamente.

3 comentarios:

anoniMATA dijo...

bueno, parece una vida en un post, me ha encantado la primera foto, guapísimos los 2

Adm. dijo...

Lo siento, prima, pero no he podido evitar "buscarte" en la web tras el encuentro de ayer...
Sólo tengo una pregunta (dos): ¿se puede ser más linda y escribir mejor?
Veámonos pronto ¿no? (otra pregunta)
Un beso grande. Salva.

Raquel Rendón dijo...

Anoche conocía al supernegro en el superocho. Más lindo! A ver si quedamos, Palomita. Besos mil