lunes, abril 20, 2009

Enzapatás

No hay Mac ni Burguer, ni Kentucky ni Starbuks, que haya dado con el secreto milenario del sabor de las habas enzapatás. Si lo hubieran hecho, tendríamos una multinacional gastronómica que llenaría el mundo de delicioso olor a poleo.
Las habas enzapatás me han hecho darme cuenta de la suerte que tengo de vivir en Huelva. Ya he encontrado dos bares donde las ponen. Aquí se comen con las manos. Curioso. Yo las he acompañado con vino blanco y buena gente y creo haber encontrado la Felicidad.
El olor y el sabor de este plato (del que desconozco y quiero desconocer para siempre su elaboración y así llevarme la sorpresa de encontrarlo por los bares) me transporta a mi más tierna infancia, sin magdalena ni nada. Y me veo a mí misma, esperando desde abajo que le pusieran a mi padre su cerveza para poder dar cuenta de las habas que la acompañaban. Creo que la imagen es de Nerva y el bar tenía mostrador de madera. Puede que hasta suelo de serrín.
Yo rondaba los tres años y medio. Creo que es mi primer recuerdo. El sabor de las habas y el olor de la tierra minera caliente cuando llovía, que ya para siempre me han acompañado.

3 comentarios:

Miguel dijo...

habrá que probar esas habas... y la felicidad.*

chanza dijo...

la verdad es que estan exquisitas.yo las he descubierto hace poco y hasta me atrevo a cocinarlas.Es muy facil pero no te desvelare el secreto..
Es un plato que no se da mucho por la sierra pero creo que los exiliados deveriamos irlo introduciendo.

susana dijo...

me he sentido muy indetificada con este artículo, porque me chiflan las habas enzapatás (cuando quieras te enseño a hacerlas) y porque también soy un poquito minera