martes, marzo 24, 2009

Conversaciones con mi limonero II

Definitivamente lo nuestro no funciona. Como ya me he dado cuenta de que no sirve de nada hablarte (supongo que lo de los insultos tiene parte de culpa) aquí estoy haciendote malabares con cara de concentrada. Lo de tocar las bolas lo aprendí en el instituto. Fue gracias a un tan atractivo como engreído profesor de Educación Física que nos enseñó también algunos secretos del tango como, por ejemplo, el roce. Lo de hacer perritos y espadas de globos llegó más tarde, en mis años como payaso, pero eso creo que no le importa a un limonero al que ni siquiera miro mientras riego. Por cierto que, gracias a los consejos, la nuestra ahora es una relación nocturna.
Pero si hasta tiene más vida que tú el pensamiento que me regaló el otro día el alcalde, y eso que está preso en una maceta enana y lo tengo al lado de mi mesa del trabajo sin que le dé ni la luz del sol. Lo miro y pienso que las flores, excepto los claveles, claro, son más de derechas. Eso lo saben hasta los alcaldes que regalan pensamientos. Sin embargo tú, como buen árbol que estás llamado a ser, eres claramente de izquierdas. Las flores adornan y lo llenan todo de color y olor pero no dejan de ser algo efímero que terminará secándose y muriendo en su propia agua. Sin embargo, los árboles sois de raíces profundas. Sois más solidarios y robustos y casi todos, excepto tú, nos regaláis frutas frescas y flores vivas.
Claro que tú, disconforme con la vida, no entiendes de ideologías por eso te pones todavía más amarillo si te cuento que esta mañana he colocado ya en la radio mi rincón poético-reivindicativo. Tiene un cartel del 8 de Marzo, dos canciones de Silvio Rodríguez y Aute, un poema de Salinas y algunas frases. Una ellas es la que rondaba mi mente cuando decidí no volver a estar bajo las órdenes del peor jefe que he tenido jamás. Sonó el portazo en el despacho tan fuerte como estas palabras lo hacían en mi cabeza:

El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan.

A esta frase, y a algunas más, le he sumado hoy una nueva de Teresa de Calcuta:
La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la Paz.
Si fueras una persona a lo mejor comprenderías que la sonrisa es una apuesta de vida, un estado del alma. Hay muchas otras alternativas, pero yo también, como la misionera, he elegido la sonrisa ante el mundo y es una de las decisiones más arriesgadas que he tomado en mi vida. Sólo espero que cuando pasen los años, la piel se me arrugue, todo se vuelva viejo y feo y pierda los recuerdos de lo que fui (y con ellos mi propia identidad) quede la sonrisa. Para que cuando me mire al espejo y ya no sepa ni a quién tengo delante, el cristal me devuelva un símbolo de Paz.

No hay comentarios: