sábado, marzo 28, 2009

Se la llevan

Yo vivo en esta foto desde que la vi. En una de estas casas paso mis días escribiendo sobre una mesa de madera, con una papelera al lado donde voy tirando lo que no me gusta. Cuando levanto la vista del papel veo el prado verde y el río. Mi amigo vive en el faro. No se ve en la foto, pero él dice que tiene que haber un faro, seguro. Hasta mi casa llega el olor a café y es entonces cuando salgo, cruzo el valle y él me recibe a las puertas de su casa del faro donde me regala su compañía y su conversación. Yo acudo a nuestra cita con una sonrisa, deseando contarle qué tal me ha ido el día entre las palabras para que él me cuente cómo le ha ido el suyo llenado de luz un mundo que va a tientas. He decido confesar en este preciso momento mi segunda vida en esta fotografía, más pausada y reflexiva que la que llevo a este lado del cristal, porque mañana voy a dejar de verla ya para siempre. Se llevan de Huelva las exposiciones de Latitudes 21 y vuelven a dejarnos vacíos de Arte por unos meses, por lo menos doce, porque han jurado volver el año que viene. Más y mejor. Se llevan la mirada verde de la niña afgana, los aires frescos del Madrid de los 80, los rudos pescadores en blanco y negro y hasta los toros y las folclóricas de mediados de siglo. Se lo llevan todo, y entre el todo, esta foto conmigo dentro. Ahora estoy escribiendo una palabra esdrújula y el viento me trae un aroma, el del café y la conversación.

martes, marzo 24, 2009

Conversaciones con mi limonero II

Definitivamente lo nuestro no funciona. Como ya me he dado cuenta de que no sirve de nada hablarte (supongo que lo de los insultos tiene parte de culpa) aquí estoy haciendote malabares con cara de concentrada. Lo de tocar las bolas lo aprendí en el instituto. Fue gracias a un tan atractivo como engreído profesor de Educación Física que nos enseñó también algunos secretos del tango como, por ejemplo, el roce. Lo de hacer perritos y espadas de globos llegó más tarde, en mis años como payaso, pero eso creo que no le importa a un limonero al que ni siquiera miro mientras riego. Por cierto que, gracias a los consejos, la nuestra ahora es una relación nocturna.
Pero si hasta tiene más vida que tú el pensamiento que me regaló el otro día el alcalde, y eso que está preso en una maceta enana y lo tengo al lado de mi mesa del trabajo sin que le dé ni la luz del sol. Lo miro y pienso que las flores, excepto los claveles, claro, son más de derechas. Eso lo saben hasta los alcaldes que regalan pensamientos. Sin embargo tú, como buen árbol que estás llamado a ser, eres claramente de izquierdas. Las flores adornan y lo llenan todo de color y olor pero no dejan de ser algo efímero que terminará secándose y muriendo en su propia agua. Sin embargo, los árboles sois de raíces profundas. Sois más solidarios y robustos y casi todos, excepto tú, nos regaláis frutas frescas y flores vivas.
Claro que tú, disconforme con la vida, no entiendes de ideologías por eso te pones todavía más amarillo si te cuento que esta mañana he colocado ya en la radio mi rincón poético-reivindicativo. Tiene un cartel del 8 de Marzo, dos canciones de Silvio Rodríguez y Aute, un poema de Salinas y algunas frases. Una ellas es la que rondaba mi mente cuando decidí no volver a estar bajo las órdenes del peor jefe que he tenido jamás. Sonó el portazo en el despacho tan fuerte como estas palabras lo hacían en mi cabeza:

El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan.

A esta frase, y a algunas más, le he sumado hoy una nueva de Teresa de Calcuta:
La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la Paz.
Si fueras una persona a lo mejor comprenderías que la sonrisa es una apuesta de vida, un estado del alma. Hay muchas otras alternativas, pero yo también, como la misionera, he elegido la sonrisa ante el mundo y es una de las decisiones más arriesgadas que he tomado en mi vida. Sólo espero que cuando pasen los años, la piel se me arrugue, todo se vuelva viejo y feo y pierda los recuerdos de lo que fui (y con ellos mi propia identidad) quede la sonrisa. Para que cuando me mire al espejo y ya no sepa ni a quién tengo delante, el cristal me devuelva un símbolo de Paz.

Violetas para Violeta

Mi compañera y amiga Vanessa tiene un hermano, Alexis, tan argentino como ella aunque todavía más artista y creativo. Y es tan creativo y tan artista que un día vio en un concierto una canción que Sabina le hizo a Violeta Parra y decidió hacerla suya, así que la versionó, le metió ritmos étnicos e hizo este video-clip.
La cuelgo aquí, ya con permiso de su autor, porque me he propuesto la tarea de compartir las cosas bellas.
Siempre me ha emocionado mucho todo lo que tiene que ver con la izquierda hispanoamericana y en esta canción hay bastante de eso. Es preciosa.

lunes, marzo 23, 2009

Teatro del güeno

"Mi misterio del Interior" una obra güena, güena de las de verdad. Que mezcla el humor con la filosofía y, a través del cabaret y el clown, se ríe de tí en tu propia cara (para eso vamos al teatro, no?) y te hace plantearte qué coño estás haciendo con tu vida más que si leyeras a los existencialistas franceses. "Mi misterio del Interior" parte de esa gran pregunta que se hacen los humanos (los humanos que se hacen preguntas, claro) de qué hay más allá de la muerte. También quién es uno mismo. Y entre búsqueda de identidades y mensajes estupendamente cantados y contados, termina siendo una enorme crítica (y lo era desde la primera escena: una pareja comprándose una mierda) a la sociedad pequeño-burguesa. Los de Ron-lalá son güenos, güenos, güenos. Que, en mi tierra, es más que buenos pero menos que "los mejores" porque les quedan todavía muchas obras en las que crecerse. Por ahora, en mí han logrado un efecto impresionante porque todavía no se me van de la cabeza. Y eso, en esta sociedad de lo inmediato y lo efímero, es una estupenda señal.

viernes, marzo 20, 2009

Si yo fuera...

Si yo fuera poderoso vestiría de chaqueta y corbata. Miraría a las personas por encima del hombro y me cubriría de gloria con mis propias palabras. Si lo fuera seguramente me rodearía de mi guardia pretoriana y no volvería nunca más a preguntarme cómo llegó el poder a mis manos.
Si yo fuera un señor poderoso haría lo que me saliera de los testículos, porque puedo, y arrollaría con mi rodillo a todos los estúpidos chinos que se colocaran delante de mi tanque. Sólo respondería a las preguntas concesivas y jamás daría más explicaciones que las que me hicieran parecer un señor poderoso.
Si yo lo fuera hablaría de mis contactos, de lo bien que me llevo de todo el mundo y soltaría palabras en inglés. Me llenaría la boca hablando de libros que no he leído y asintiendo a afirmaciones con las que no estoy de acuerdo. Me acostaría con señoras rubias de uñas lacadas, labios rellenados y perfumes perforadores. Bebería wisky con hielo en vasos poliédricos.
Eso haría y asi nunca jamás se perdería esta estirpe de hombres poderosos que puebla la faz de la tierra.

miércoles, marzo 18, 2009

Una infancia de frontera

Hace apenas unos días que se ha inaugurado la que es la última conexión por carretera entre España y Portugal. Anuncian para próximas fechas un nuevo puente que acercará todavía más Andalucía y el Alentejo. Leo las informaciones y a través de ellas me veo a mi misma a este lado de la raya.
Mis recuerdos inmediatamente posteriores a los primeros (que huelen a lluvia sobre la caliente tierra minera) empezaban aquí:
y terminaba aquí, en la frontera.
Recuerdo que cuando estaba en primaria la maestra nos pidió en Lenguaje (así se llamaba entonces la asignatura) que escribiéramos una noticia. Yo la hice sobre la puesta en marcha del Canal Azul. Corría el año 1990 (más o menos) y para entonces ya sabía yo lo suficiente de viajes a Portugal con parada obligada en una caseta blanca. Mi padre se bajaba, los guardiñas nos abrían el maletero, nos miraban, alguna que otra vez registraron el interior del vehículo... Cuando la cosa se alargaba íbamos al quisco que una portuguesa inteligente colocó al lado del control aduanero. Allí siempre compraba unos chicles con la cara de un gorila que no llegaban a España. A mis ocho o nueve años, la frontera me sabía a chicle y a miradas desagrables de hombres de uniforme a los que no entendía. Siempre tardábamos más de la cuenta en recorrer los 6 kilómetros que nos separaban de Fiscalho. Valía la pena: en Portugal nos esperaban las palomas torcaces, unos días, o unos platos hasta arriba de deliciosa comida, los que más.
Pasaron los años y todo se aceleró. Tanto, que poco después llegaba con mi propia bici hasta la caseta blanca y miraba a través de las ventanas. Ni rastro de los guardiñas. Ni de la baranda que prohibía el paso. Ni del quiosco. Ni de la simpática portuguesa que me vendía los chicles con la cara del gorila.
Pero la frontera está ahí. Seguramente siempre lo ha estado. Lo estaba en los autobuses cargados de portugueses que paraban en la larga avenida repleta de coches y desembarcaban en las tiendas de Rosal donde llenaban bolsas enteras de golosinas y tonterías varias. También en los españoles que hacían el camino inverso y metían en sus arcas de madera manteles y toallas.
Y lo estará siempre porque la frontera no es un límite, si no una forma de entender la vida. En nuestra infancia de frontera sentíamos que vivíamos al final del mundo que, en realidad, era el centro de nuestro mundo. Una esquina del mapa adonde no llegaba la radio, ni los periódicos, ni el pescado fresco y la maestra metía miedo a los malos estudiantes con un futuro en las fresas (a la salida del colegio pasaban los autobuses que devolvían a sus pueblos serranos a las recolectoras. Apoyaban en los cristales sus cabezas y veíamos desde la calle sus caras cansadas. Para nosotros "ir a la fresa" era un viaje al infierno).
Pero también una puerta de atrás por la que se colaba el influjo de otras gentes y otras culturas, un pueblo pequeño en el que todo el mundo hablaba dos idiomas, todo el mundo excepto yo, que tuve que esperar a llegar a la Universidad para quitarme esa espinita.
Lo que vives en la infancia tiene mucho que ver en tu desarrollo como persona. Eso no lo he inventado yo, que me reivindico, ahora que desaparecen, como una niña de frontera. Una, bisnieta de una contrabandista de café (según descubrí más trade), que disfrutó un día de un paseo por carriles con su padre y que sintió un escalofrío cuando éste le miró y le dijo: "Acabamos de pasar a Portugal". En ese preciso momento, entre los árboles y los caminos de tierra, descubrí que la naturaleza no entiende de fronteras. Todo es una ilusión.

domingo, marzo 15, 2009

Descubriendo senderos 2

De Benaocaz a Ubrique, por una calzada romana. Un paseo interesante y un precioso paisaje. La verdad es que las belleza, la de la tierra y la de las personas, han hecho un buen tándem.

Descubriendo senderos 1

A veces crees que la tuya es la mejor de todas las tierras. Pero no. Hay otras tan bellas que te atrapan tanto que terminan siendo también tus tierras. Éste es el sendero del Ojo del Moro. Precioso.

martes, marzo 10, 2009

Conversaciones con mi limonero I

No sé en qué estoy fallando. Te riego y creo que lo hago bien. Si hasta te hablo, aunque es verdad que en nuestras últimas conversaciones te intento coaccionar y recurro, desesperada, al insulto: "No te muertas, capullo". Pero nada. No hay manera. Despliegas tu inconformismo conmigo y con mi balcón en forma de amarillo. Ya no tienes ni hojas. Las tenías hasta que mi suegra decidió arrancarlas porque estaban secas. Eso decía y era verdad. Era el principio de esta apariencia raquítica. No te pido ya que des limones con cada luna para poder cortarlos y que llenen con su jugo los cubatas de los amigos que tenía pensado invitar. Ahora sólo te pido que sobrevivas. Te lo exijo. Para que no tenga que darle la razón a aquellos que no querían regalarme un limonero para no convertirse en cómplices del asesinato de un ser vivo. Pero ahí estás tú. Seco, esmirriado y en el palo. Riéndote de mí. Si fueras un personaje literario estarías entre un viejo abandonado de los de García Márquez y el bufón enano del que nadie sabía el nombre en el cuento aquel. Tienes un poco de los dos aunque no seas más que un limonero. Uno en el que yo tenía puesta mis esperanzas. Te cuento todo esto porque dicen que es bueno hablarle a las plantas, enorme desagradecido. Si hasta te compré un fertilizante, cambié tu tierra y te puse en una maceta nueva y más grande. Si te diera por vivir la pintaría con lunares blancos sobre un fondo rojo. Quizá verde. Pero a tí parece no importarte mis planes de futuro contigo, que ya me veía a tu sombra delante de una puerta, sentada en una silla y leyendo un libro. Ni de nuestro futuro ni de nuestro presente te preocupas y por eso has decidido no plantarle cara a la vida a pesar de que yo te riegue con todo mi cariño por muy cansada que llegue. Qué sabes tú de mis jornadas laborales, planta de satanás. Podría contarte, por ejemplo, que a veces tengo que hablarle de frente al miedo. Son pocas veces, pero cuando toca, ahí hay que estar, en los pasillos de un juzgado rodeado de los amigos y los familiares de los detenidos que te miran como si tú fueses la culpable de su dolor. Podría contarte que hace poco terminé uno de esos días tomando un café con un compañero reflexionando sobre si vale la pena que te partan la cara por una profesión como la nuestra. Yo creo que sí. En el fondo a los plumillas nos encantaría llevar una cicatriz que hable por nosotros de lo mucho que nos hemos acercado al toro. Podría contártelo, pero no lo hago porque tu despliegas tu insolencia de ser vivo abandonado y tiñes de amarillo el final de tus ramas y de tus púas. Apenas levantas unos centímetros del tiesto y ya eres un ser egoísta. Ni siquiera intuyo en tí el generoso limonero que tendría que darle el sabor ácido a mis cubatas y una preciosa sombra a mi balcón.

Montanelli

Indro Montanelli es una de esaas personas de las que tenía que haber escuchado hablar en la facultad. Gracias a la solidaridad de un compañero lo he descubierto esta tarde, ocho años después de su muerte, pero justo a tiempo para salvarme de la ignorancia. Murió con 92 años pero fue lúcido hasta el final y criticaba el afán de los plumillas por hacer rimbombantes nuestras informaciones:
Cuando uno cabalga sobre una noticia quiere cabalgar sobre un caballo ganador. Ésta es la tentación del periodismo y hay que combatirla.
Aseguraba que el nuestro es un oficio que se aprende haciéndolo y temía que el periodismo escrito quedase como una especie de lujo para personas fuera de lo común, con ciertas exigencias intelectuales y morales. Él, que intentó arrancar un periódico de calidad que nunca llegó a ver la luz, aseguraba que no hay mercado para la calidad.
Su compromiso con la profesión llega a tal punto que cuando en el 92 el presidente Cossiga le propuso ser nombrado senador vitalicio de la República italiana, él le contestó en una carta:
Desafortunadamente, el ideal que tengo de ser un periodista absolutamente independiente me impide aceptar esta oferta tan halagadora.
Qué suerte que me hayan descubierto a Montanelli. Me ha salvado de un día gris.

miércoles, marzo 04, 2009

Magia y mierda

El agua tibia llenaba la bañera y la luz del calentador iluminaba el baño. Tuve la intención de poner Radio Clásica o Radio 3 pero no lo hice. Dejé Radio 5 justo cuando arrancaba el informativo de la tarde. Me introduje en el agua cuando hablaban de pérdidas, las humanas y las culturales, causadas por el derrumbe del archivo de Colonia. Intenté ponerme cómoda con la cadena de reacciones por las elecciones vasca y gallega, pero entonces comenzaron a hablar del récord de parados. Corbacho aseguraba que no se iban a llegar a los 4 millones. Zambullí la cabeza en el agua como no queriendo escuchar algo que decía de indicadores macroeconómicos, pero lo escuché. Casi tres millones y medio de parados. Iba a repetir la operación cuando un "Atención última hora" hizo que abriera los oídos.
Más de la mitad de los trabajadores del prestigioso y veterano diario ABC iban a ser objetivo de un ERE que acababa de anunciar Vocento. Entonces salí de la bañera y apagué la radio. Me sequé rápida y enfadada. Con rabia. Pensaba en el diario gratuíto Metro, que ha declarado su cierre hace muy poco y pensaba también en las caras de las nuevas reporteras que esa misma tarde habían compartido conmigo espera a las puertas de la Audiencia Provincial de Huelva, donde los llantos y los insultos. Ellas me hicieron recordar otra injusticia que cuentan así los compañeros de Cuatro (Andalucía) en su blog compartido y que habla del despido de tres trabajadores de la subcontrata que ofrece sus servicios a Antena 3.
Como ellos he sabido de muchos y todos y cada uno de ellos me han hecho plantaerme la materia laboral de la que estamos hechos los que nos dedicamos a los medios de comunicación. Hablamos constantemente de EREs, convenios, huelgas, manifas o concentraciones de cualquier empresa de nuestro entorno pero no somos capaces de unirnos ante la injusticia que cometen con nuestros semejantes que, al final, somos nosotros mismos.
He trabajado en empresas donde han despedido a mujeres embarazadas, han tenido como colaboradores a algunos trabajadores durante años. Conozco compañeros y compañeras que se tienen que pagar ellos mismos la Seguridad Social, que cobran muy por debajo que lo que dictan los convenios colectivos y que esconden que están afiliados a un sindicato por miedo a represalias. Los mismos que luego ponen palabras a las reivindicaciones de otros.
Es una profesión llena de magia y de mierda. Ya en la carrera se respira una competitividad que hace insolidarios a muchos compañeros. Un error. Un enorme error que me hace recordar esto, atribuido a Bertold Brecht:
Primero vinieron a buscar a los comunistas,
y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas,
y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro.
Después vinieron por los judíos,
y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron por mí,
y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.

martes, marzo 03, 2009

El enigma

El enigma o por qué se ha llevado el Óscar Kate Winslet.
La flamante ganadora de un Óscar quizá no lo sepa pero se parece más a un personaje de Melville de lo que ella cree. Este escritor no sólo concibió al monstruo marino más famoso de todos los tiempos, también dio vida a un intrigante escribiente en uno de sus relatos más conocidos.
Pasando las páginas de Bartleby, el escribiente tuve la misma sensación que mientras veía The Rider. Curiosamente la escritura y la lectura dan nombre a ambas obras. Winslet, su personaje, lleva un enigma en su rostro que no vamos a conocer hasta el final de la cinta. El mismo que no vamos a poder saber del señor Bartleby hasta el final del pequeño relato. Pero al final se conoce y, aunque es duro y desesperanzador, deja al lector-espectador una sensación mucho más agradable que volver a casa con la incertidumbre. Al menos a mí.
Me di cuenta del paralelismo de ambos protagonistas cuando el pasado lunes le recomendaba a una compañera esta película. Le decía que era incluso más necesaria que la oscarizadísima Slumdog Millionaire de la que ella había descubierto un guión tramposo. Al recordar la cara de la protagonista me vino a la mente la construcción que yo misma había hecho del escribiente este verano mientras leía a Melville.
Llevar un enigma en el rostro. Eso es lo que le ha dado el Óscar a ella y no a Angelina Jolie, por ejemplo, que en El Intercambio hace uno de los mejores papeles de su carrera pero, aunque convincente y casi perfecta, no leva ninguno en su preciosa cara.
Pues eso que llevar un enigma en el rostro les vale a unos un Óscar y a otros montones de problemas.

domingo, marzo 01, 2009

Nos vemos en El Paraíso

Mi amigo Miguel Ángel no va a la romería. Es un enigma, un misterio irresoluble el por qué. Un año, hace un par de junios, le envié un mensaje en el que decía algo así como que para mí la romería era un paraíso en el que era muy importante que él formara parte. Un intento de coaccionarlo que no sirvió para que acudiese a mi llamada pero sí para darle una idea genial para la comparsa. Así surgió El Paraíso: un cielo, un cielo carnavalero esta vez, que poco a poco ha ido tomando forma y se ha convertido en la ensoñación de algunos de los tipos que arrancaron nuestro carnaval desde 1979 hasta que echaron abajo el antiguo Capitol.
Ésa fue la génesis de El Paraíso, la comparsa de Los Celsos en este 2009. Era el sentido que le dábamos hasta que el viernes, Coral, que ahora vive en Madrid e hizo una kilómetrada para escucharnos, me contó que su grupo de amigas llaman a Cortegana "El Paraíso" y que, toda la vida, cuando se acercaba el viernes, se mandaban un mensaje unas a otras con un mensaje algo así como "¿Nos vemos en el Paraíso?". Y a mí me pareció precioso el sentido que le daban a nuestra idea.
Ha sido un año muy dificil. Mucho. Por muchas cosas que no viene ahora a cuento comentar. Todas muy personales y más emocionales. Sé que este año es un punto de inflexión y que no he podido disfrutar del carnaval como me hubiera gustado. Pero carnavales hay muchos y ganas más. No pasa nada.
Ahora, escribiendo desde Huelva (sin poder enterrar el carnaval ni llenarme la boca de pan con chorizo) siento que también me despido hasta el año que viene de una de mis fiestas predilectas. Y no le digo adiós, sino hasta el año que viene. Quizá hasta el próximo fin de semana porque muchos carnavaleros de Cortegana nos quedamos después de este día como con necesidad de vernos y repasar todos los momentos que hemos vivido juntos.
Yo he decido quedarme con lo mejor: con los que aplaudieron, con los que defendieron mis letras como leones y las hicieron suyas, con los que sentían que estaban haciendo su sueño realidad, con los que llevaban la misma ilusión que el primer año, con los que se emocionaron y me emocionaron, con los que cada año lo hacen mejor, con los abrazos que me han dejado las camisetas llenas de un gris plata que no quiero quitar. Con todos y con uno: con Grego que me ha demostrado su amor sin condiciones de la más bonita de la maneras. Cantar no era fácil, por eso es un valiente.
Pues eso, carnavaleros y carnavaleras, que nos vemos en El Paraíso.