jueves, febrero 05, 2009

Tiempos raros

Corren tiempos raros. Eso dice mi suegra que a menudo me hace ver que el mundo se ha vuelto medio loco. Dice que el viento y la lluvia de estos días no los ha visto ella en su vida. Mi suegra es una mujer de corazón grande y memoria corta. Hace las que pueden ser las mejores lentejas del mundo.
Y en estos tiempos raros, a juicio de mi suegra, hay autobuses que pregonan la probable inexistencia de Dios y monederos sin dinero repletos de tarjetas de plástico. Hay mujeres que hacemos maletas con mucho menos equipaje que los hombres y hombres con más instinto maternal que muchas mujeres. Hay también periódicos pensados por el que escribe en el que escribe y no en los que van a leerlos. Hay personas que vivimos solas y somos completamente inútiles para la vida en soledad.
Corren tiempos raros con gente rara que puede salvarte la vida. A mí me la salvan, casi cada día. Las miro, busco sus complicidades, a veces nos confesamos al calor de un café. Me cuentan y les cuento, por ejemplo, que precisamente hoy he dejado tendida la ropa y mis bragas deben estar a esta hora por la marisma. Son personas que hacen un referendum para acabar poniéndole a su niño el nombre que les da la gana. Personas a las que les hablo de libros de poesía que acaban por atraparles tanto como lo hicieron conmigo. Personas valientes que dejaron un trabajo seguro, pero que no les gustaba, para hacer lo que realmente querían y para lo que, definitivamente, han nacido. Personas que se me van mostrando poco a poco en los minutos de espera antes de nuestra cita con la información de turno. Personas ante las que, muchas veces, tengo que reprimirme las ganas de darles las gracias.
Personas que no tienen que invitarte al segundo cumpleaños de su hija porque consideran que ya formas parte de la familia. Personas que se preocupan de que no me venga abajo. Personas a las que deseo hacerles más llevadero un desengaño amoroso recordándoles lo mucho que valen. Personas a las que preguntas por la mañana qué van a hacer ese día para intentar coincidir con ellas. Personas que te ofrecen su azotea para hacer una cenita este verano.
Personas que cogen el teléfono para contarte el último chascarrillo de la profesión o que levantan la vista del cuaderno para sorprenderte distraída y dedicarte un guiño. Personas de las que tienes que despedirte a las tantas de la mañana en un bar cutre y te quedas con ganas de más. Personas que todas las mañanas, haga el tiempo que haga, te ofrecen el regalo de sus sonrisas. Con las que te encantaría compartir más tiempo para descubrir algo más de sus universos y sus alocadas vidas entre palabras, sonidos e imágenes que tanto se parecen a la tuya.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo que tu escribes es poesía, aunque no sea en verso!
Me conmueve mucho y me deja un sensación pero que muy agradable...
Te quiero!!
Vane