lunes, febrero 02, 2009

Currante

Últimamente pienso mucho en el "compromiso con el trabajo" y he llegado a la conclusión de que no existe. Y si existe, son muy pocas las personas que lo experiementan. Ni la que abre a los cerdos en canal en un matadero, ni la basurera que se monta en un camión a las 2 de la madrugada para recoger los desperdicios de una ciudad entera que duerme, ni el limpiador de los baños vomitados de un crucero, ni el maquillador de cadáveres, ni la dobladora de películas porno, ni siquera yo muchos días de los que aparecen en el documento de mi vida laboral hemos puesto los pies en el suelo cuando suena el despertador por compromiso con nuestro trabajo. No lo hacemos por eso, desde luego, porque por nuestro trabajo no vale la pena ese esfuerzo.
Decía Marx que el obrero está más falto de respeto que de pan y yo, que he cerrado la puerta de un despacho con esa frase en la cabeza para nunca más pisar ese lugar de trabajo, pienso que lo que nos mueve a los currantes, además de la necesidad de comer, es el compromiso con nuestra condición de trabajador.
Es lo que le he dicho a mi amiga, que no se ilusiona con su trabajo y que acusa las faltas reiteradas de sus compañeros. Cuando estaba a punto de morder el anzuelo de la apatía laboral he apelado a su orgullo hablándole de que debe tener compromiso con su condición de trabajadora. Para que, cuando todo se hunda y ninguno de sus compañeros estén trabajando, quede ella con la conciencia tranquila de haber trabajado hasta el último día.
Yo lo hago. Lo intento. Gracias a ese compromiso, y al que siento por mi profesión, aguanto como puedo las pequeñas miserias del gacetillerismo más tonto con sus mierdas matutinas y vespertinas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces no se trata de falta de compromiso..si fuera así, sería muy fácil salir por la puerta diciendo sólo adiós y gracias. Es mucho peor cuando lo que falta son ganas, fuerzas, sonrisas... ilusión. Y es por ésto por lo que hay que luchar, por no perderla nunca,o por encontrarlatodos los días. Por tener, al menos, una, cada mañana cuando despertamos.


Un beso. Amiga.

Miguel dijo...

profesionalidad, se llama.*