sábado, febrero 28, 2009

Hay un lugar en el cielo que es un carnaval eterno donde reina el estribillo en donde siempre es febrero. Aquí la alegría es la reina anímate que te espero porque en nuestro Paraíso entrar no vale dinero basta con que el corazón te lata en carnavalero. Hasta el Paraíso se llega directo por una escalera que sube hasta el cielo pasito a pasito, con gana y sin miedo, sin ira ni envidia, ni males, ni celos. Y en una lección más allá de la historia podrán pasar 30 años que estaremos en la gloria viviendo de los recuerdos y reviviendo las coplas al compás de caja y bombo vamos haciendo memoria. Con un coro enorme que llena la plaza con letras y tipos que siempre alguien saca y entre cante y cante, con la madrugada, regamos el día con vino y palabra. Y hasta los recuerdos se han hecho tan vivos que un fantasma y una viuda aquí conviven tranquilos. Si uno la llena de harina, la otra llora a su chorizo. Un eterno pasacalles donde están los que se han ido: Un paisa y una muñeca, una maruja, un sutido, un cuentacuento, un pinocho y hasta un antiguo casino. Retazos de carnaval que forman EL PARAÍSO.
Siete nuevas maravillas de Huelva se ha elegido y entre las siete no estaba nuestro colosal castillo. Y aunque demás lo merece arrastramos la condena Cortegana en los papeles, siempre pa penas, siempre pa penas. Con todas las cosas que mi pueblo tiene tan rebonitas ¡que fácil sería encontrá en sus calles siete maravillas!: Castillo, Iglesia y la Piedad, la Romería, el carnaval, fuentes de agua, la importante es la que falta.
No hay maravilla más grande que los que pisamos invierno y verano esta santa tierra que nos ha criado. Somos los corteganeses los que seguimos luchando con uñas y dientes por cambiar de fama pese a quien le pese. Una sentencia que asegura que aquello no fue racismo
Los que mintieron mientras se celebró el juicio no rectifican, y eso nos saca de quicio. Alta nuestra cabeza la tenemos que llevar Caminando día tras día, Y luchando pa que mañana se lea esta noticia: Que Cortegana es una maravilla.
Hay quien toma la palabra, quien la toma y no la suelta. Quien solo habla y no escucha, quien no entiende de vergüenza. Hay quien va contra la izquierda y lo que suena a progreso. Quien no siente por las urnas ningún respeto, ningún respeto. ¿Quién eligió al hombre? ¿Quién lo puso arriba? No fue mi pueblo. Si nadie lo elige y a todos dirige contando un cuento que empieza por Eva y Adán y termina en el Mas Allá y de camino manipula a to los vivos. Que desprecia a la mujer y se inventa roles y normas falsas porque quiere verla metidita en casa. Hay quien no ve más pareja que la que se une en un matrimonio y de las otras dice que son el demonio. Hay quien va repartiendo miedos tanto a adultos como a niños. Hay quien no acepta al que no piensa lo mismo. Hay quien olvida lo que es el cristianismo. Puede que a más de uno hasta lo llegue a convencer cambiando las cosas de nombre y aunque quiera imponer su intransigencia no sabe el pobre que al fin y al cabo no es más que otro hombre. Vaya tela el pitote que se ha montao con la catalana y con la ministra. Dice que no entiende a los andaluces, me parece a mí que ésta va de lista. Que tenemos un acento de chiste. A ese insulto no le falta el ingenio. La Ministra habla como Gandía y ella hablando de parece al Eugenio. Hasta el propio Arenas ya la ha querío echar del partido, a la catalana por la culata le ha salío el tiro. Diputada Nebrera, a usted se le está yendo la olla. Ni los catalanes, ni su partido… Nadie la apoya. A usted le hace falta alguien que le enseñe una buena po… Poesía andaluza y a ver quién es el cateto ahora.
La cultura es democracia, la democracia es el pueblo, y este pueblo te ha elegido pa que luches por lo nuestro. A ti que a trabajadora es que no te gana nadie cuando te propones algo no hay quien te pare, no hay quien te pare. La cultura primera, la que me enseñabas cogiendo apuntes es madre de ésta que ahora te cantamos pa que nos escuches. Créeme que el carnaval es más que febrero y disfraz es un espejo adonde el pueblo se mira. Un espejo que devuelve nuestra propia imagen, una vez al año, a veces con risa, a veces con llanto. Que son los carnavaleros sinceros cronistas que cuentan la historia de esta Cortegana con pena o con gloria. Si no ves esto, concejala, si no entiendes mi cultura Si no haces caso, si es que tan poquito escuchas, piénsate el cargo porque no estás a la altura. Mira que por febrero el teatro lo llenará y tomará forma en la calle contra el miedo, la envidia y la hipocresía tan actuales: Que la cultura está en los carnavales.
Carnavaleros el paraíso ya está cantando y ángeles buenos al tres por cuatro van entonando. Suenan gargantas al compás, la musiquilla es celestial y tos a una vamos cantando una copla que grita libertad y suena a carnaval tiene un duende dentro que hasta al sentío hace temblar: Cortegana y Cielo pa’ que quiero más.

jueves, febrero 26, 2009

Instantáneas

Pasaban unos minutos de la hora de nuestra cita. No me importaba el retraso rodeada, como estaba de sus fotografías estupendas. Pensaba, mientras las observaba, cómo es posible que una instantánea de hace 35 años me transmita más libertad, frescura y creatividad que una hecha ahora mismo.

El comisario de la exposición de Pérez Mínguez nos pidió disculpas a mis dos compañeros y a mí. Éramos las tres únicas presencias en aquella sala con ventanas a la movida madrileña. Por fin llegó Pablo Pérez Mínguez, impuntual y sonriente. Le pusimos el micro de corbata mientras él me habla de la importancia que le daba a los medios como propagadores de su arte y yo expresaba en voz alta el pensamiento de que ojalá todos los artistas fueran como él.
Le hablé de que la naturalidad es un enorme valor ante los medios y comenzó entre nosotros una conversación de amigos. En ella reflexionó sobre la fotografía, un arte cada vez más democrático, sobre cómo han cambiado los tiempos y los pésimos aires de normalización y comodidad que ha traído consigo esta era democrática.
Los minutos pasaron muy rápido. Y era tan natural nuestra conversación y tan a gusto nos sentíamos, que cuando terminaron las preguntas y se apagó la cámara se dirigió a mis dos compañeros y, conmigo delante, les espetó un qué guapa es esta chica que hizo que toda la sangre de mi cuerpo se me concentrara en la cara. Cortada y muerta de vergüenza reprimí mi impulso de pedirle que me fotografiara con la cámara que se intuía guardada en su bolsillo. Otra vez la puñetera vergüenza.
Los halagos siempre levantan la moral a cualquiera, pero escuchar éste en boca de un Premio Nacional de Fotografía me asombró tanto que en el trayecto que va de la Casa Colón a la radio no recuerdo haber puesto los pies en el suelo ni una sola vez.

martes, febrero 24, 2009

Sindicalismo y Poesía

Esperaba a que llegara el día 24 con impaciencia. Y ha llegado. Me habían propuesto un interesante reto en forma de Congreso de Comisiones Obreras al que dije que sí sin pensármelo y no sólo por mi compromiso con el movimiento sindical. García Montero iba a abrir con sus poemas el Congreso y yo, que desde hace unos meses llevo siempre en mi bolso un ejemplar de Completamente Viernes, iba a poder compartir escenario con él. Quizá hasta saludarlo. Quizá hasta me firmaría el libro del bolso.
Pero al llegar García Montero esta mañana al enorme Salón de Congresos repleto de sindicalistas y políticos no me he atrevido a acercarme a él y contarle nada de mis encuentros con sus poemas. Ni de cómo estoy completamente enganchada e intento que se enganchen los que me rodean. Lo miraba, le sonreía. Él me devolvía, a veces, la sonrisa. Compartimos unos minutos de espera al pie del escenario en los que pensé, incluso, escribirle en una página de mi cuaderno alguna de las cosas que quería decirle. Iba a ser un mensaje conciso en un papel que le introduciría en su bolsillo. Se iluminó el escenario, subió y habló de Sindicalismo, Democracia y Compromiso antes de leer este poema. Democracia.

Venga a mí tu palabra en los labios abiertos que me buscan para morder la rosa de los amaneceres. Venga a mí,en los ojos del joven que levanta la mano y pide la palabra, y confía sin más en las palabras. Por los años prohibidos, por las mentiras tristes que manchaban el aire como pájaros sucios, por los que se levantan con frío en las rodillas y por el exiliado que regresa, por su recuerdo herido al bajar del avión, venga a mí tu palabra. A mí,que quise hacerme hoy en primera persona del futuro perfecto con un libro de amor en el bolsillo. Por los libros de Freud y de Marx, por las guitarras de los cantautores, por los que salen a la calle y no se sienten vigilados, por el calor del cuerpo que aprendí a respetar mientras lo desarmaba con mi cuerpo, por los ojos brillantes de los antiguos humillados, por las banderas libres en las plazas igual que peces de colores, por un país altivo, mayor de edad, pero con veinte años, por los viajes a Londres y a París, por los poemas de Cernuda, venga a mí tu palabra. Tu palabra más limpia, más alegre, porque es el tiempo alegre de las palabras limpias. Los buitres han perdido su carroña de miedo. Parece que no tienen donde ir y vuelan a esconderse, a esconderse, muy lejos de nosotros, en la tumba más fría del pasado.

Y era tan certero lo que decía, y tan verdad, que lo dejé irse sin atreverme a decirle nada de mí, ni de sus palabras en mí, porque descubrí que poco podía hacer él en algo que no es más que una experiencia mía. Si lo hubiera parado, si me hubiera dejado fotografiar con él y, quizá, si le hubiese escrito un mensaje en un papel para introducirlo en su chaqueta, no hubiera dejado de ser una más de los muchos que le cuentan la revolución que trae a sus vidas los poemas que escribe. Lo dejé ir, terminé mi cometido y, con una sonrisa en los labios, cogí el coche y volví al sitio donde empecé a currar, a la misma sala donde me afilié al sindicato: una habitación repleta de papeles sindicales y poemas con una única presencia, ahora, que emplea su tiempo entre cuestiones laborales y búsqueda de la Belleza. Allí, sobre una de las mesas desocupadas había un papel que parecía estar ahí por algo, quizá para mí. Es un texto de Jaime Sabines.

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Y me ha emocionado. Tanto que le he confesado a mi amigo que esto lo he sentido yo. Alguna vez. Quizá ahora mismo. Y de vuelta a casa he pensado en una débil frontera. La que separa al Sindicalismo y a la Poesía.

sábado, febrero 21, 2009

Carnaval. Los corazones abiertos, abiertos están los recuerdos, abiertos a un viento que trae carnaval. Un viento que recorre todos mis pensamientos, me vuelve medio loco, me hace sentir pequeño. Un viento que es del tiempo de mis antepasados, se ha metio en mi cabeza y ahora ya… ¿Cómo lo saco? Me suena a cuartetos, a bombo y a caja, me suena a las murgas de mi Cortegana. Me suena a aquel coro, a la gente buena, me suena a estas tablas, mira qué me suena. Viento que quiere traer al Paraíso aires de libertad y en el Paraíso hacer una comparsa en este carnaval. Un viento que recorre todos mis pensamientos, me vuelve medio loco, me hace sentir pequeño. Un viento que es del tiempo de mis antepasados, se ha metio en mi cabeza y ahora ya… ¿Cómo lo saco?
Y ese viento irreverente me ha inyectado este veneno. Y ese viento irreverente y ahora dejarte no puedo. Y en esta noche estrellada He templado mi guitarra para venir a cantarte y piropearte en este carnaval. Que desde las alturas tan pequeñita y bonita te ves parece desde El Paraíso que tus callejuelas son de papel. También se ve desde arriba que tus alas te quieren cortar levanta y remonta ya el vuelo que nada en la vida contigo podrá.

A mi padre

Si desde el cielo nos miras, si nos estás observando sé que estarás sonriendo, por vernos aquí cantando. Porque también fuiste parte de ese carnaval de entonces que en el carnaval de ahora lo reconoces, lo reconoces. Me han contao, que fuiste de Papa Clemente con tus amigos. Disfrazao de ruso los primero años fueron divertidos. Después llegaron tantos más que hicieron grande el carnaval cojo el testigo y aquí tienes a mi comparsa. Cuando pasen 30 años que mis hijos vean que sus padres eran dos carnavaleros y se enorgullezcan. Como yo lo hago contigo cuando veo en las fotos tu cara de niño sobre el escenario del teatro antiguo. El pueblo sigue igualito a como tú me lo dejaste todos se quejan pero no se echan pa´lante y sacan cojones cuando llegan carnavales. Hoy va mi recuerdo a los primeros en cantar, el mejor de mi homenaje, y entre ellos al que a mí me dio la vida, alguien muy grande, carnavalero, mi ejemplo, mi padre.
P.D: Gracias a todos por permitir recuperar el recuerdo de los primeros carnavaleros de Cortegana. Gracias en especial a tí, Grego, que sé que sentiste esta letra como propia y ni el maquillaje pudo disimular tus lágrimas. A mi padre le hubiera gustado conocerte. Seguro.
P.D: Gracias a Paquito por esta preciosidad.

Los preparativos de El Paraíso

Nosotros en este cielo tenemos sus más y sus menos vivimos, pero a veces, puestos a confesar, nos llevamos a matarnos. Y aunque es verdad que ángeles buenos somos nuestra historia de hombre recordamos y sale toda la envidia, el odio y el rencor de nuestro pasado humano. -Todavía me duele, hermano lo que sacaste aquel año.- -Y yo es que no te perdono porque me causante daño.- Y empieza una batalla que no acaba, discutiendo nos da la madrugada. Hasta que, al fin, el cansancio a todo pone fin. Callamos. Mejor será. Y como amigos, otra vez vuelve a reinar la Paz en el Paraíso.

jueves, febrero 19, 2009

21:49 con dolor de ojos

Este señor con pinta de respetable, quizá lo fuera hasta hoy, tiene la culpa de que me duelan tanto los ojos a esta hora. Este fin de semana leía una interesante entrevista de El País firmada por Juan Cruz que llevaba por título las palabras de Eugenio Scalfari, fundador del diario italiano La Repubblica: "El periodismo es un oficio cruel". Decía Scalfari:
En una cierta manera nos atrae el hecho de que tenemos que ver a los personajes de la actualidad, de los que nos tenemos que ocupar, poniéndolos al desnudo, intentando saber cómo son más allá de la apariencia. Y esto es cruel porque la gente no ama ser desnudada y luego ser descrita en su desnudez, en su realidad, la que nos parece a nosotros, que no quiere decir que sea una verdadera realidad. Por tanto, hay algo de crueldad en esto que ha llegado a crear un proverbio sobre lo que es una noticia: Que el perro muerda al hombre no es noticia; que el hombre muerda al perro es noticia. Sólo que a los hombres no les gusta verse descritos mientras muerden a un perro, ésa es la crueldad.
Cuando la mujer y la hija de Sánchez Buenaposada han salido de la Jefatura Provincial de Tráfico después de dar el último beso en mucho tiempo a su marido y padre, me he dirigido a ellas y las he visto tan desnudas, que he recordado estas palabras del periodista italiano. Y me han soltado una mentira desnuda que yo sabía que era mentira. Las he dejado continuar su camino, con paso rápido, pero desnudas, al fin y al cabo. Como desnudo estaba el detenenido cuando ha salido por la puerta de atrás, intentándonos dar esquinazo a los desnudadores que nos apostábamos ante el que, hasta hoy, era su centro de trabajo. El profesor que me enseñó a conducir a mí se vio involucrado en una red semejante hace más de 25 años. No es la primera vez que esto pasa en Huelva. Siempre me han llamado la atención los delitos de estafa, malversación, prevaricación, cohecho... Todos esos donde no hay sangre, sólo dinero y una ética débil. Y decía que me llaman la atención porque creo que son los más difíciles de evitar. Tanto como decir que no al dinero fácil.

miércoles, febrero 18, 2009

Psiquiatría y amistad

Últimamente veo muy poca televisión. Quiso la oportunidad que el otro día estuviera delante de la ventana catódica cuando, en un paseo por los canales, me paré en una entrevista del Canal 24 horas de TVE. En la silla del entrevistado se sentaba Enrique Rojas, uno de los más prestigiosos psiquiatras españoles.
Disertaba Rojas sobre la amistad, tema que ocupa su última publicación y, seguramente, su vida entera. Me pareció tan interesante que corrí a apuntarlo y hoy, trece días después, he releído lo escrito y ha vuelto a hacerme reflexionar.
Asegura este psiquiatra que cada amistad es un riesgo y en eso estoy completamente de acuerdo con él. Llega a asegurar que la psiquiatría es una rama de la amistad. Las reflexiones de Rojas son más que interesantes. Él sostiene que la felicidad es un estado de ánimo, la administración eficiente de un deseo. Dice que el que no sabe lo que quiere no puede ser feliz. Y de todas se me ha quedado en la retina la comparación que hace entre amor y amistad:
El amor es el deseo de hacer eterno lo pasajero; la amistad es el deseo de salir de uno mismo, de compartir.
Es una bonita explicación, aunque yo, la verdad, sigo sin ver claras las diferencias.

La estetica del pene

Yo no sabía que había mujeres que les contaban a otras mujeres lo bonito que es el pene de su última conquista. No lo sabía hasta que una amiga me habló de la preciosidad que habitaba entre las piernas del hombre que estos días le hace mirar el móvil más de la cuenta. Me sorprendió tanto que creí hasta entenderle mal. Y allí mismo, delante de la puerta del Ayuntamiento de Huelva solté una de las caracajas más sonoras de las que han salido nunca por mi boca. Casi que nos tiramos, literalmente, al suelo de la risa.
Hubiera sido divertido que nos hubiera sorprendido el alcalde a las dos en ese trance y haberle tenido que explicar que Usted no lo sabe, Señor Alcalde, pero es que el pene del ligue de mi amiga es especialmente estético. Seguro que se hubiera sumado a nuestra carcajada y hubiera terminado en el suelo con nosotras, provocando la sorpresa de los viandantes, a los que teníamos que haber explicado también el motivo de nuestras risas.
Puede ser, quizá, que provocásemos una cadena de carcajadas tan grande que los ecos se escucharan en el periódico más cercano. Puede ser que su responsable se hubiera vuelto loco pensando que dos mujeres estaban contagiando en Huelva la epidemia de una risa de la que él no era partícipe, ni lo sería nunca. Mandaría quizá a un plumilla y a un fotero a cubrir esa noticia que tanto le mosqueba y se encontraría con la página en blanco y sus dos emisarios tirados en el suelo a la hora del cierre, muertos de la risa.
Pues eso, que yo iba por la vida pensando en que los penes eran todos más o menos iguales. Hasta ahora.

lunes, febrero 16, 2009

Balas sevillanas

Si yo tuviera todo el dinero del mundo no me compararía un cochazo, de esos que se compran algunos periodistas cuando les dan un cargo. Yo me compraría un Jeep Wrangler. Es mi coche favorito y supongo que tiene que ver en esto el influjo de las pésimas series californianas que me tragué en mi adolescencia y que hace que conozca más de Sweet Valley o Santa Mónica que de Trebujena.
Alguien me dijo alguna vez que el Jeep Wrangler fue, en sus orígenes, un todoterreno concebido por el ejército americano. Por eso, cuando mi amigo me confesó, hace unos días, que había empezado a trabajar en una fábrica de vehículos militares, mi imaginación dibujó un precioso Jeep Wrangler y dije algo así como "Qué guay¡".
Me devolvió a la realidad el balbuceo de mi amigo. Un "Bueno, guay..." que me hizo replantearme mis palabras. Cuando volví los ojos a él descubrí los suyos llenos de culpa y, como el que se quita un gran peso, me confesó que lo de los vehículos militares no es más que una tapadera. En la fábrica donde lleva apenas un mes trabajando también hacen tanques y las bombas que tiran esos tanques. Asegura que desde que empezó la ofensiva de Israel contra Gaza los pedidos se han multiplicado.
No quiso seguir hablando, entre avegonzado, confuso y decepcionado de estar escuchando de su propia boca que trabajaba fabricando armas de guerra. Quise hablarle de la ética, pero lo hubiera destrozado.
Quiso quitarle hierro al asunto hablando de cifras que señalan al nuestro como uno de los paises que más armas exporta al extranjero. Bla, bla, bla... Estan matando a personas en Oriente Medio con balas que salen de una fábrica a pocos kilómetros de Sevilla. Dice mi amigo que los tanques se ven desde la autovía. O nadie los ve o es que todos callamos.

Turismo interior

Algunos días las águilas sobrevuelan mi pueblo. Esos días pienso en Manhattan. Allí, si las hubieran, no las podrían ver a causa de los rascacielos. Pero en la Sierra las águilas, y los buitres, se ven perfectamente planeando sobre los cerros, las iglesias y las casas. A veces me hago pasar por una turista. Dice mi madre que eso lo he heredado de mi padre. A veces, como este sábado en el que dos amigos, con sus dos hijas, han venido a pasar el día con nosotras. Llegaron, abrieron los pulmones y me confesaron que mi pueblo huele a otro pueblo que le trae estupendos recuerdos. Puede ser, quizá, que los pueblos tengan un olor característico. Yo lo huelo, algunos días, en Huelva al pasar por un solar sin edificar cerca del Monte Conquero que me hace llegar a las ruedas de prensa del PSOE provincial herida de melancolía. El olor dura unas décimas de segundo, pero el recuerdo todo el día. Y con mis amigos, sus hijas, mi madre y mi pequeña-vieja vecina María me hice pasar por turista y disfruté de la carretera que une Cortegana con La Corte, de una pluma ibérica, de la habitación de los ecos en el Castillo, de las preciosas vistas de los pueblos vecinos. La Sierra da para tanto que en Fuenteheridos se pueden disfrutar dulces argentinos en una cafetería con sofás al calor de la chimenea. Como en Manhattan, pero sin águilas. El sábado anterior, en Santaolla del Cala, de turista con mi amiga Palmira descubrí un río, con un sendero, una ermita y unos merenderos. Hemos puesto la bandera y hemos prometido volver. Antonio Luis, fotografo de El Mundo, en menos de 2 segundos, nos hizo esta preciosa foto. Una instantánea de nuestra condición de turistas en nuestra propia tierra. Preciosa tierra.

lunes, febrero 09, 2009

Jugando a detectives

Mis vecinos de arriba me recuerdan varias veces al día lo poco que hago el amor. Yo ya me había acostumbrado al recurrente y monótono sonido de sus muelles tanto como al de las campanas que suenan en el campanario de la Merced para recordarme que mi vida pasa de 15 en 15 minutos.
Yo ya me había acostumbrado, decía, a un sonido que habla de placeres en lo que yo no participo y me llenan de envidia. Varias veces al día. Pero mi suegra, que estos días me acompaña obligada por la buroracia que traen tras de sí las despedidas, no logra acostumbrarse. Y como no lo hace me dice todas las veces que, mientras yo trabajo, suenan los muelles. Unas veces son las doce, otras las siete de la tarde. Las peores son las veces que el sonido coincide con mi incursión en un sueño que desvela y llena de contenidos para mayores de edad.
Ha llegado a obsebsionarse, creo, y yo he comenzado a seguirle el rollo de su juego de detectives. Al principio estaba convencida de que mi vecina la del Octavo C era una fulana. Le dije que una vez vi a un chico en esa casa. Empezó a pensar que era él. Yo la convencía de que, a lo mejor, están entregados a la laboriosa tarea de buscar niño.
Ella asegura que ha leído en el buzón el nombre de dos hombres y una mujer. Uno de ellos, me dice intrigada, puede ser el moro con el que coincidió el otro día en el ascensor. Tenía un pie enorme. Eso me ha dicho mientras almorzábamos y ella me mostraba los resultados de sus últimas investigaciones. El dato de la talla del pie me ha hecho especial gracia. Seguro que ella pone en relación la del pie con la talla de otro órgano. El pie más grande que he visto en mi vida, me ha dicho inmediatamente después.
Y me he dado cuenta de que nuestro divertido juego de detectives roza la obsesión cuando al llegar este mediodía al piso he visto que no estaba. Su bolso, su abrigo y su teléfono estaban encima de la mesa. Luego, mientras comíamos, me ha confesado que hacía apenas unos minutos han vuelto a sonar los muelles y ella no ha podido reprimir la curiosidad, así que ha subido los escalones que nos separan del piso del placer, sin haber encontrado resultado ninguno porque nadie ha abierto la puerta.
Empiezo a pensar que no existe la cama, ni el colchón, ni los mueles y que ese sonido es producto de nuestra imaginación. Por cierto...
Ahora vuelven a sonar. Otra vez.

viernes, febrero 06, 2009

No al Oleoducto

No hace falta mucho para convencerme. Con llenarme los pulmones de aire basta. Y con aspirar el olor de una tierra que forma más parte de mí de lo que yo formo parte de ella. Es por cuestiones personales y por compromiso con los que están y los que vendrán por lo que mañana cojo mi coche, intento convencer a más amigos, y, sin micros ni sábados trabajados a cambio de días libres, me planto en Santa Olalla del Cala y me uno a la voz unánime que corea un No al Oleoducto tan grande como la Sierra entera. Y como Badajoz, Sevilla, Huelva y Portugal enteros. Tan grande también como Doñana y sus 60 kilómetros de playas vígenes. Tanto como el Guadiana y cada uno de los árboles que se van a arrancar para que pase por debajo un tubo preñado de oro negro. Tan pestilente, tan inflamable, tan poco renovable y tan escaso en este planeta.
Atravesará Huelva de arriba a abajo y terminará en el Puerto, muy cerca, precisamente, de uno de los mayores ejemplos que ha dado la historia de España de que no todo vale con la excusa del trabajo. Por eso, como onubense y víctima de las blancas contaminaciones presentes y las negras contaminaciones futuras hace falta muy poco para convencerme.
Hay quienes dicen que los periodistas no deberíamos posicionarnos. Son los mismos que aseguran que no podemos formar parte de los partidos políticos ni de otras organizaciones. Sólo podía faltar eso. Yo no milito en ningún partido pero sí estoy afiliada a un sindicato desde que empecé a trabajar. Son mis derechos como ciudadana y es fundamental serlo para ser periodista.
Los que se hayan creído ese rollo de la asepsia que se encierren en una habitación sin puertas ni ventanas. En mi habitación las puertas y las ventanas están abiertas. Y los libros. Y las ideas. Y las personas, invitadas. Y todos y todas traen los aires que respiro para intentar ser cada vez más una periodista y una ciudadana más comprometida.

jueves, febrero 05, 2009

Tiempos raros

Corren tiempos raros. Eso dice mi suegra que a menudo me hace ver que el mundo se ha vuelto medio loco. Dice que el viento y la lluvia de estos días no los ha visto ella en su vida. Mi suegra es una mujer de corazón grande y memoria corta. Hace las que pueden ser las mejores lentejas del mundo.
Y en estos tiempos raros, a juicio de mi suegra, hay autobuses que pregonan la probable inexistencia de Dios y monederos sin dinero repletos de tarjetas de plástico. Hay mujeres que hacemos maletas con mucho menos equipaje que los hombres y hombres con más instinto maternal que muchas mujeres. Hay también periódicos pensados por el que escribe en el que escribe y no en los que van a leerlos. Hay personas que vivimos solas y somos completamente inútiles para la vida en soledad.
Corren tiempos raros con gente rara que puede salvarte la vida. A mí me la salvan, casi cada día. Las miro, busco sus complicidades, a veces nos confesamos al calor de un café. Me cuentan y les cuento, por ejemplo, que precisamente hoy he dejado tendida la ropa y mis bragas deben estar a esta hora por la marisma. Son personas que hacen un referendum para acabar poniéndole a su niño el nombre que les da la gana. Personas a las que les hablo de libros de poesía que acaban por atraparles tanto como lo hicieron conmigo. Personas valientes que dejaron un trabajo seguro, pero que no les gustaba, para hacer lo que realmente querían y para lo que, definitivamente, han nacido. Personas que se me van mostrando poco a poco en los minutos de espera antes de nuestra cita con la información de turno. Personas ante las que, muchas veces, tengo que reprimirme las ganas de darles las gracias.
Personas que no tienen que invitarte al segundo cumpleaños de su hija porque consideran que ya formas parte de la familia. Personas que se preocupan de que no me venga abajo. Personas a las que deseo hacerles más llevadero un desengaño amoroso recordándoles lo mucho que valen. Personas a las que preguntas por la mañana qué van a hacer ese día para intentar coincidir con ellas. Personas que te ofrecen su azotea para hacer una cenita este verano.
Personas que cogen el teléfono para contarte el último chascarrillo de la profesión o que levantan la vista del cuaderno para sorprenderte distraída y dedicarte un guiño. Personas de las que tienes que despedirte a las tantas de la mañana en un bar cutre y te quedas con ganas de más. Personas que todas las mañanas, haga el tiempo que haga, te ofrecen el regalo de sus sonrisas. Con las que te encantaría compartir más tiempo para descubrir algo más de sus universos y sus alocadas vidas entre palabras, sonidos e imágenes que tanto se parecen a la tuya.

miércoles, febrero 04, 2009

Churros y recuerdos

Una de las cosas que más me gustan de la ciudad en la que me he alquilado un séptimo es el Mercado del Carmen. Por eso, cuando esta mañana el señor concejal de Urbanismo de esta ciudad ha anunciado que antes de que Diciembre llegue a su día 31 el Mercado quedará reducido a escombros yo no he querido saltar por encima de la mesa y los micrófonos que nos separaban para "apretarle el gañote" porque eso no lo hacemos los amantes del Mercado del Carmen.
En estos meses de vida en Huelva pocas son las sensaciones que he experimentado aquí comparables con comprarme un cartucho de churros y tomarmelos en algunos de los bares del entorno. A menudo lo hago en soledad, mientras escucho la radio o leo el periódico. Unos minutos en los que siento, por un lado, que traiciono mi voluntad de no comer churros nunca más y, por otro, me reconcilio con una parte de mí misma de la que ya ni recordaba.
Seguramente este señor de chaqueta y corbata ya no se acuerde del olor del pescado, del sonido con el que arranca el Mercado todas las mañanas, de las flores y los preciosos colores de las frutas. Para mi, cualquier excusa es buena para perderme con el micrófono por los callejones de este sitio: la huelga del sector pesquero, las compras navideñas, la sugerencia del ministro de que compremos productos nacionales...
El Mercado del Carmen es mucho más que el templo del pescado fresco. Es una auténtica institución. A él acuden hombres y mujeres, con bolsas, carros y periódicos debajo del brazo, que siempre lo han hecho. Hombre y mujeres en cuyos recuerdos de infancia siempre aparece este Mercado y sus alrededores: los puestecillos, las tiendas de cierto aire portugués o los bares donde casi todo el mundo se conoce por su nombre.
Lo van a trasladar todo a un sitio más nuevo, cómodo y funcional en el que apenas faltan por instalar un par de montacargas. Seguramente sea necesario, lo que no lo es en absoluto es una plaza mayor que entierre para siempre el recuerdo del Mercado, como un nuevo centro comercial enterrará también en Isla Chica el recuerdo del Antiguo Colombino.

lunes, febrero 02, 2009

Currante

Últimamente pienso mucho en el "compromiso con el trabajo" y he llegado a la conclusión de que no existe. Y si existe, son muy pocas las personas que lo experiementan. Ni la que abre a los cerdos en canal en un matadero, ni la basurera que se monta en un camión a las 2 de la madrugada para recoger los desperdicios de una ciudad entera que duerme, ni el limpiador de los baños vomitados de un crucero, ni el maquillador de cadáveres, ni la dobladora de películas porno, ni siquera yo muchos días de los que aparecen en el documento de mi vida laboral hemos puesto los pies en el suelo cuando suena el despertador por compromiso con nuestro trabajo. No lo hacemos por eso, desde luego, porque por nuestro trabajo no vale la pena ese esfuerzo.
Decía Marx que el obrero está más falto de respeto que de pan y yo, que he cerrado la puerta de un despacho con esa frase en la cabeza para nunca más pisar ese lugar de trabajo, pienso que lo que nos mueve a los currantes, además de la necesidad de comer, es el compromiso con nuestra condición de trabajador.
Es lo que le he dicho a mi amiga, que no se ilusiona con su trabajo y que acusa las faltas reiteradas de sus compañeros. Cuando estaba a punto de morder el anzuelo de la apatía laboral he apelado a su orgullo hablándole de que debe tener compromiso con su condición de trabajadora. Para que, cuando todo se hunda y ninguno de sus compañeros estén trabajando, quede ella con la conciencia tranquila de haber trabajado hasta el último día.
Yo lo hago. Lo intento. Gracias a ese compromiso, y al que siento por mi profesión, aguanto como puedo las pequeñas miserias del gacetillerismo más tonto con sus mierdas matutinas y vespertinas.

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