miércoles, diciembre 03, 2008

La solidaridad

La solidaridad tiene un olor. Yo lo he percibido pocas veces en mi vida. Una de ellas cuando abrí las puertas de Educación Sin Fronteras, una ONG con la que comencé a colaborar hasta que mis cambios repetidos de horarios, las oposiciones y el traslado a Huelva me lo pusieron muy dificil. Educación Sin Fronteras se centra en conseguir uno de los puntos de los Objetivos del Milenio que la Onu se propuso para 2015, concretamente el segundo: lograr la enseñanza primaria universal. Pero hay siete más. En total son éstos:

Recordaba el olor de la solidaridad a raiz de que repasando unos apuntes he vuelto a encontrarme con estos objetivos de desarrollo del milenio para los que apenas faltan cinco años. Los autores del libro coinciden en que esta iniciativa (lo cito literalmente) " significa dar el último paso, hasta ahora, en el abandono de las política de desarrollo". Y yo, que creía en los objetivos del Milenio porque en nada son reprochables, creo que coincido con estos autores.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, los paises más favorecidos comenzaron a prestar ayudas, la mayoría de ellas económicas, a otros países más necesitados. El objetivo de estas ayudas era siempre el desarrollo del pais ayudado. Los intereses que se escondían detrás eran muchos y muy variados. Un ejemplo clarificador y con clave nacional es el sistema de ayudas que propuso el Vicepresidente americano Marshall que dio la idea para la genial película de Berlanga.

A partir de cierto momento, la situación de pobreza de algunos países fue (y sigue siendo) tan alarmante que lo inmediato le ganó la batalla a lo necesario. Ahí cambió todo y, como decía el texto, las políticas de desarrollo pasaron a un segundo plano porque lo prioritario es, entre otras millones de cosas, los ocho objetivos que propone la ONU, en los que, por cierto, se pone el acento de forma muy significativa en el papel de la mujer.

Y una cosa me ha llevado a la otra en un hilar pensamientos que me han hecho recordar uno de los posters que había en la sede de esta organización, que yo me llevé y colgué en la redacción donde entonces trabajaba y que decía así:

"Si todos los niños y niñas del mundo se unieran, tendrían más poder que cualquier gobierno... Las promesas hechas a los niños nunca deberían ser rotas"

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