miércoles, diciembre 31, 2008

El comienzo de la batalla

Entre la página 57 y la 58, bajo un Velázquez al que le han puesto púas, un niño, gordito y de ojos pequeños, me rompió el corazón. Con él cuatro adultos y algunos niños y niñas más. Hacía el primer gran acto de rebelión de la larga vida que le queda por vivir. Su primera batalla por la dignidad. Le espetó a su madre, entre sollozos:
-Te he dicho miles de veces que no cuentes eso delante de la gente. Ojú. Ya estoy harto. Su madre le respondió con una tímida frase, practicamente muda ante las dimensiones de Gran Hombre que había tomado su pequeño, del que se reía hasta hacía apenas unos minutos. Nada se puede decir ante la petición de respeto de un niño. Ellos continuaron su camino entre luces y fiebres navideñas y yo seguí con mi lectura. Todavía no estoy preparada para ser madre, a pesar de lo que me recomienda mi ginecólogo.
Y me rompió el corazón, sin saberlo. Y con apenas siete u ocho años se metía en un berenjenal del que no va a salir en su vida. Volví mis ojos al libro y García Montero escribía:
Porque el mundo es así, y vengo herido,
ten paciencia conmigo.

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