miércoles, diciembre 31, 2008

El comienzo de la batalla

Entre la página 57 y la 58, bajo un Velázquez al que le han puesto púas, un niño, gordito y de ojos pequeños, me rompió el corazón. Con él cuatro adultos y algunos niños y niñas más. Hacía el primer gran acto de rebelión de la larga vida que le queda por vivir. Su primera batalla por la dignidad. Le espetó a su madre, entre sollozos:
-Te he dicho miles de veces que no cuentes eso delante de la gente. Ojú. Ya estoy harto. Su madre le respondió con una tímida frase, practicamente muda ante las dimensiones de Gran Hombre que había tomado su pequeño, del que se reía hasta hacía apenas unos minutos. Nada se puede decir ante la petición de respeto de un niño. Ellos continuaron su camino entre luces y fiebres navideñas y yo seguí con mi lectura. Todavía no estoy preparada para ser madre, a pesar de lo que me recomienda mi ginecólogo.
Y me rompió el corazón, sin saberlo. Y con apenas siete u ocho años se metía en un berenjenal del que no va a salir en su vida. Volví mis ojos al libro y García Montero escribía:
Porque el mundo es así, y vengo herido,
ten paciencia conmigo.

viernes, diciembre 26, 2008

Un mes sin Cendón

Seguro que el día que le hicieron esta foto nadie podía presagiar que este joven, con pinta de aventurero, iba a cumplir hoy un mes de secuestro a manos de unos miliacianos somalíes. José Cendón, y el periodista británico con el que comparte cautiverio, no han cometido más delito que el de intentar que la situación en la que viven los somalíes se conozca en todo el mundo. El embajador de España en Kenia, un diplomático que ya ha demostrado en otras ocasiones su buena mano con los piratas, está manos a la obra, o eso asegura el propio Moratinos que no descarta desplazarse él mismo a los alrededores de Bossasso donde, según todos los indiciosl los tienen retenidos. Este periodista británico y este fotógrafo español estaban haciendo un reportaje para el Daily Telegraph. Se habían propuesto denunciar el estado de terror que la piratería ha impuesto en el cuerno de África, y han acabado en sus redes. Es lo que tiene el buen periodismo, el que se mancha las manos, el que quiere denunciar la mierda y acaba de mierda hasta los ojos. Cendón es hoy un símbolo para todos los de esta profesión, sin dejar de ser un currante más. Por eso no es justo, aunque sí oportuno porque estaba donde debía estar, que pague con su libertad el esfuerzo de su trabajo. Hoy se cumple un mes y en casa de este fotógrafo pasan la Navidad sin él, pendientes del teléfono y de cualquier noticia que hable de liberación, de negociaciones o de huida. Seguro que los padres y la hermana del fotográfo lamentan que no se hiciera en su día vendedor, o cerrajero, o amo de casa, o policía local, o feriante. Seguro que, entre la angustia y el sinvivir, guardan un rincón para el orgullo. El de pensar que su ausencia se debe a su empeño de luchar por la Verdad, la Libertad y la Democracia.

martes, diciembre 23, 2008

No lo serán nunca

Los que usan la provocación. Los que en vez del cerebro utilizan los testículos. Los que olvidaron entregar el alma en sus palabras y sólo reparten mierda. Los que se valen de su posición para pisotear a los demás. Los que gustan de ver llorar a través de un cristal a la persona a la que amaron. Los que no aceptan la libre voluntad de los demás. Los que no saben qué significa la palabra Amistad. Ésos no podrán ser nunca periodistas.
Los que no miran a los ojos. Los que se ponen rodilleras para hacer su trabajo. Los que no comparten sus conocimientos y confidencias con los compañeros. Los que se creen intocables y en una esfera superior. Los que miran por encima del hombro y piensan que todo lo saben y todo lo dominan. Los que amenazan. Los que no sienten la Profesión. Los que no son humildes. Los que no sonríen. Los que se regocijan en el agobio de sus iguales y sus desiguales. Ésos no podrán ser nunca periodistas.
Los que sólo sacan la lengua del culo de los poderosos para humillar a los que tienen por debajo. Los que utilizan el medio que dirigen como un arma de ataque personal. Los que se mean encima del trabajo de una redacción entera. Los que se masturban pensando que, después de ellos, su ciudad no ha dado jamás ningún otro periodista de raza. Los que siempre hablan del mismo escritor. Los que amenazan con meterle por el trasero a la gente revistas ilustadas. Ésos no podrán ser nunca periodistas.
Nunca podrán serlo, a pesar de que un título lo tenga cualquiera. Pero un periodista es mucho más que un licenciado. Es un compañero, un amante de la Democracia, de las Palabras y de su vocación, un trabajador comprometido con su tiempo y los que le rodean. Un iluso al que le brillan los ojos cuando escucha hablar de libertad. Eso es un periodista. Todo lo demás es producto del engaño y el maquillaje.
La Profesión se impondrá y terminaremos con los impostores.

domingo, diciembre 21, 2008

A una

La puerta de una casa de Jerez se abría el sábado a primera hora de la noche para no dejarnos salir hasta que estuviéramos bien hartas de liquido, sólidos y, sobre todo de arte. No podía ni imaginar que iba a valer tanto la pena los kilómetros que separan mi pueblo de la capital del caballo, el vino y Pedro Pacheco. Y lo valieron. Todos y cada uno. Rebuscando con Maripaz entre sus recuerdos y las calles jerezanas, no sólo he descubierto la hospitalidad y la simpatía, también el ritmo y la capacidad de que una simple palmada te erice la piel. Y el miedo de que a las cuatro de la mañana te dé indicaciones en un callejón un hombre con cara de psicópata y cuchillo jamonero en mano con el que te muestra el camino. Y los más preciosos villancicos que he escuchado en mi vida. Y el clasismo de los que saben cantar bulerías y hacen un círculo cerrado para que ninguna otra voz perturbe el culto que le rinde al que, para ellos, es el más divino de los cantes porque es el cante de Jerez. Y el Canasta, el mismo que cuando pido vino dulce en cualquier bar no lo quiero (porque es al vino dulce lo que Navidul al jamón de mi tierra) y que en Jerez se vuelve un auténtico manjar de dioses. Y las personas que han elegido la felicidad a pesar de los palos de la vida. Y los mantecados de Medina, que son una raza evolucionada de mantecados. Todo esto y esa última palma después del jaleo. La que sólo suena a una cuando se escucha en las manos de los gitanos del barrio de Santiago de Jerez.

miércoles, diciembre 17, 2008

Buenos días

Buenos días. Hace un día frío con pinta de precioso. Todavía no se ha quitado el zapato ningún periodista iraquí, ni ha sido estafado ningún gran banco. Ni han echado a ningún concursante de Gran Hermano ni se ha abierto la polémica televisiva entre dos amantes que se han puesto los cuernos para después sacar rédito. Todavía el Barcelona no ha marcado dos goles al Real Madrid, ni Juande ha cogido el testigo de Schuster. Nada de eso ha pasado. Nada para los que hemos estado más ocupados viviendo nuestra propia vida. Son días de cenas, cubatas y otros abusos pre-navideños. Días de no parar y noches de confidencias, amigos y cine de calidad en el único Gran Teatro de Huelva. Jornadas de biblioteca con versos de García Montero y noches por bulerías con personas que nunca serán mis amigos. Comidas de empresa en los que terminas echando a los invitados de tu casa para poder acostarte. Marathones para levantarle el ánimo a tu mejor amiga. Nada que no se pueda arreglar con paseos, conversaciones y risas. Es tiempo de eso y de muchas cosas más. Todas. Menos vivir las vidas de otros. Hace un día precioso con pinta de frío. Buenos días.

miércoles, diciembre 10, 2008

Un grito

El fotógrafo griego de AP, Petros Karadjias, ha logrado plasmar en esta foto la contundencia de la palabra frente a la brutalidad. Me sumo al grito de este profesor de Atenas: NO a cualquier tipo de violencia.

El nombre exacto de las cosas

"La luz con el tiempo dentro", sonaba en la voz de uno de los cuarenta lectores que esta mañana le han puesto palabras en la Diputación a los poemas de Juan Ramón Jiménez. Todavía conservaba el olor a vieja en el recuerdo. "Yo he acumulado mi esperanza en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;a todo yo le había puesto nombre y tú has tomado el puesto de toda esta nombradía". Declamaba Luis García Montero y llenaba la sala y mi espíritu, pero mi recuerdo se había quedado parado en un pequeño hecho de un par de horas antes.
Un señora, ayudada por una vecina, abrió la puerta. Jadeando, comenzó a contarme que había dejado de ver su tele. No es la primera persona que lo hace ni será la última. Escuché su relato con respeto. Le dije que poco podíamos hacer nosotros, que se trataba de un problema que tenía que solucionar la comunidad de vecinos. Para cuando yo me di cuenta de que, en realidad, lo que necesitaba era un oído amigo, ya me había contado sus desavenencias con sus vecinos y que, si ella fuese hombre y algunos años más joven, ya habría subido al tejado para romper todas las demás antenas particulares y obligar, así, a que pusiesen una colectiva que funcionase correctamente. Crucé el mostrador (un elemento de otro tiempo que conserva, como otros tantos, el sitio en el que trabajo y que tiene como objetivo separar un lado y otro de la realidad), la acompañé hasta la puerta y le ofrecí mi brazo para bajar las escaleras. A cada escalón se confesaba un poquito más. -¿Que voy a hecr todas las Navidades sin tele, con la de espectáculos que dan? Mis hijos quieren que me vaya con ellos pero es que yo quiero estar en mi casa, en mi sofá.- Continuaba- Si no me arreglan la tele, es que me están enterrando en vida-. Entre lo catastrofista y lo apocalíptico comprendí las inquietudes de esta reciente viuda para la que la televisión es la mayor de las compañías, en este tiempo deshumanizado y poblado por ancianos que no temen el frío de Diciembre y, armados de valor, acuden a la emisora que sea para exigir que le restituyan el daño que les causa la soledad catódica. "Intelijencia, dame el nombre esacto de las cosas", proclamaban, junto a rosas amarillas, un par de horas después y yo pensaba en aquella señora, en su camino de vuelta a casa, en su poca vista y cortos pasos, en su vuelta al mutismo y en el fin de sus días sin compañía. Y dejé, lo confieso, que las palabras del Nobel moguereño me trasladaran a un espacio donde lo único importante es la Belleza. Ojalá, y algún día, también ella sienta esta liberación de lo mundano.

lunes, diciembre 08, 2008

Andalucismo

A veces hago un juego con mis amigos o compañeros: les pregunto en qué momento histórico les gustaría haber vivido. Espero a que den sus respuestas y después les doy la mía: La Transición Española (siendo periodista, claro).
Este mes de Diciembre trae el recuerdo de un día importante de aquel tiempo: El 4 de Diciembre de 1977, una fecha tan importante como simbólica para los que nos interesa la historia del andalucismo. Para mí esta fecha es una fotografía: la de mis padres y otra pareja de amigos portando dos banderas blancas y verdes en la calle que da a la plaza de Cortegana. Tan jóvenes, tan testigos de su tiempo (sus ropas, sus pelos...), tan ilusionados.
Pero el 4 de diciembre son muchas más cosas. Es Caparrós, es Pacto de Antequera, es el principio de uno de los fenómenos más interesantes de la história democrática española: El Estado de las Autonomías y la inclusión definitiva de Andalucía en este proceso. Es todas y cada una de las personas que, entonces, como ahora, apostaron por el andalucismo, un término que se ha revisado hasta la saciedad y que como opción política no termina de dar respuesta a las inquietudes de los andaluces (quizá nunca empezó siquiera a darlas).
Y es también sensaciones, emociones y sentimientos de los que vivieron aquel proceso y de los que hemos nacido en Democracia, con una descentralización política cada vez mayor que hace de las administraciones autonómicas unos entes fuertes. Los mismo que miramos esa foto con esas sonrisas y esas banderas de los que después hicieron de nosotros los habitantes de una Andalucía cada vez más cambiante.

viernes, diciembre 05, 2008

Dame una tregua

Si una fría mañana de diciembre le cuentas tus inquietudes a una persona porque necesitas, en realidad, escucharlas salir de tu boca. Si esa persona te escucha y por la tarde te envía esta canción, entonces es que esa persona ha entrado en tu universo emocional y, de repente, lo ha revuelto todo. Ya, para siempre, no hay vuelta atrás. Así se fraguan las grandes amistades.

miércoles, diciembre 03, 2008

La solidaridad

La solidaridad tiene un olor. Yo lo he percibido pocas veces en mi vida. Una de ellas cuando abrí las puertas de Educación Sin Fronteras, una ONG con la que comencé a colaborar hasta que mis cambios repetidos de horarios, las oposiciones y el traslado a Huelva me lo pusieron muy dificil. Educación Sin Fronteras se centra en conseguir uno de los puntos de los Objetivos del Milenio que la Onu se propuso para 2015, concretamente el segundo: lograr la enseñanza primaria universal. Pero hay siete más. En total son éstos:

Recordaba el olor de la solidaridad a raiz de que repasando unos apuntes he vuelto a encontrarme con estos objetivos de desarrollo del milenio para los que apenas faltan cinco años. Los autores del libro coinciden en que esta iniciativa (lo cito literalmente) " significa dar el último paso, hasta ahora, en el abandono de las política de desarrollo". Y yo, que creía en los objetivos del Milenio porque en nada son reprochables, creo que coincido con estos autores.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, los paises más favorecidos comenzaron a prestar ayudas, la mayoría de ellas económicas, a otros países más necesitados. El objetivo de estas ayudas era siempre el desarrollo del pais ayudado. Los intereses que se escondían detrás eran muchos y muy variados. Un ejemplo clarificador y con clave nacional es el sistema de ayudas que propuso el Vicepresidente americano Marshall que dio la idea para la genial película de Berlanga.

A partir de cierto momento, la situación de pobreza de algunos países fue (y sigue siendo) tan alarmante que lo inmediato le ganó la batalla a lo necesario. Ahí cambió todo y, como decía el texto, las políticas de desarrollo pasaron a un segundo plano porque lo prioritario es, entre otras millones de cosas, los ocho objetivos que propone la ONU, en los que, por cierto, se pone el acento de forma muy significativa en el papel de la mujer.

Y una cosa me ha llevado a la otra en un hilar pensamientos que me han hecho recordar uno de los posters que había en la sede de esta organización, que yo me llevé y colgué en la redacción donde entonces trabajaba y que decía así:

"Si todos los niños y niñas del mundo se unieran, tendrían más poder que cualquier gobierno... Las promesas hechas a los niños nunca deberían ser rotas"

lunes, diciembre 01, 2008

La Profesión


Había una vez un periodista en una multitudinaria y ruidosa redacción de periódico que me sorprendió con un regalo en forma de tachones rojos sobre la hoja del día. El mismo que después me habló de las galeras, de la canalla y las trincheras, de la Profesión y del Compromiso en unos almuerzos en un bar de menús de la calle Imagen. El mismo que se ha hecho un blog en el que escribe lo que siempre hizo con su vida y pone, entre otras reflexiones "El mayor acto de valentía es, sencillamente, decir la verdad, con la palabra y con la vida". El mismo que nunca ha escuchado las tentadoras llamadas que venían del poder. El mismo que me dijo un día, cuando yo no era más ni menos que una de las decenas de becarios que pisábamos aquel periódico, que si quería algún día ser escritora tenía que escribir a diario. El que me regaló libros tan valiosos como sus conversaciones. Con ellos me descubrió a C.S. Lewis, a Marco Aurelio y al mismísimo Principito y con ellas me enseñó cuatro o cinco leyes básicas de la vida como que el vodka con zumo de naranja es bebida de anestesista. El mismo que me hablaba de filosofía, de conspiraciones y de oportunidades. El que me dijo, todavía no sé bien porqué, que se notaba en mis cicatrices que yo serviría para esto.
Y hubo otro día otro periodista que, cuando escribí en una noticia la manida expresión "en este marco incomparable" me espetó: "Hay dos tipos de periodistas, los buenos y los que escriben marco incomparable". El mismo con el que sellé una amistad cómplice a varios metros de distancia. El que distinguía entre periodistas, redactores y licenciados. El que me mostró a Kapuscinski, por fin, y me animó a buscar La Belleza con una canción de Aute y otra de Silvio Rodríguez que son dos grandes emblemas en mi vida. El que sustentaba la cuerda en la que me apoyaba y que estuvo ahí cuando quisieron cortarla. El que me dio la oportunidad de trabajar por primera vez de periodista y dio conmigo el último paso con el que dejé atrás mi primer trabajo. El que no dejó que la informática le ganara la batalla y aprendió a mandar preciosos poemas y canciones por la Red. El que, cuando las circunstancias fueron adversas, se pasó al lado de la solidaridad.
Y esos dos periodistas, cada uno a su manera, me mostraron los grandes encantos de una profesión a la que amo sobre todas sus miserias. Me legaron principios que no me enseñaron en todos los años de la facultad. Quiso el destino que pusieran sus ojos sobre mí y aquí sigo, a vueltas con la vida, las palabras, la profesión y el compromiso.