jueves, noviembre 06, 2008

Una visita

Dos palomas han venido a saludarme, es lo que tiene vivir en un séptimo tan cerca de la mayor iglesia de Huelva. He escuchado el aleteo de una de ellas tratando de salir de mi balcón. La otra miraba la escena colgada de la persiana. Reconozco que me han dado pánico. Todos los animales me lo dan. Carezco de amor por los animales. No sé lo que es, aunque entiendo que haya personas que puedan tenerlo. Es como si careciera de un sexto sentido que ahora, además, está muy de moda. Y cuando lo digo, utilizando ese tono que utilizamos los alcohólicos rehabilitados y yo en estos casos, nadie me entiende. QUIENSEA -Oh¡¡¡ Qué perro más bonito. YO - No me gustan los perros QUIENSEA - ¿Pero como puedes decir eso? La reacción es parecida siempre. En ese momento bajo un par de escalones en la escala de estima que sentía hacia mí mi interlocutor. No sé de dónde me viene esto. (Sería divertido que me lo descubriera un psicoanalista, a lo mejor daría con más cosas). Y eso que durante años conviví lo más civilizadamente que pude con una gata en casa de mi suegra. Cada una respetábamos el espacio de la otra. Ella nunca me molestó ni yo la molesté. Quizá algún roce en la pierna que yo le devolví con una caricia. Compromiso, supongo, más por su parte que por la mía. En fin... una ida de olla.

3 comentarios:

flor dijo...

por si te sirve, a mi me pasa lo mismo, me gustan los animales de lejos. si me tengo que cruzar con un perro por la calle, me cambio de acera, nunca me paro a contemplar los animales de las tiendas de mascotas, hasta me da fatiga el olor...

y lo curioso es que somos hermanas, y que de chicas si que tenías contacto animal, jeje

pirfa dijo...

Tampoco te creas que teníamos tanto contacto animal, como tú dices.

1 beso.

flor dijo...

hombre, creeme, algo más de lo que tenemos ahora.

ir a ponerle la comida a los perdigones con papá cuenta???jeje