lunes, noviembre 17, 2008

Serendipias

Serendipia... serendipia... A mí tampoco me sonaba de nada esa palabra hasta el martes pasado. Me metí en la biblioteca y empecé a hojear el número de noviembre de Qué Leer. En la página 48, sobre una ilustración de un señor escribiendo titulaban el reportaje: "Serendipia literaria".
De "serendipia" no dice nada el diccionario de la RAE, pero tendrá que decirlo. Tiempo al tiempo. Las serendipias son una especie de profecías involuntarias y ocurren en la literatura más de lo que no creemos. No se cuenta como serendipia que Julio Verne escribiese que el hombre llegaría a la luna, ese tipo de obras las denominan en el reportaje "novelas de anticipación".
Una serendipia es por ejemplo ésta:
(...) Edgard Allan Poe, en cuya novela ‘Las aventuras de Arthur Gordon Pym’, publicada por primera vez en 1838, profetizó un hecho absolutamente imposible de adivinar. La parte de la obra que aquí interesa versa sobre el naufragio del bergantín Grampus cerca de las islas Maldivas. Cuatro sobrevivientes quedan a la deriva en un bote y uno de ellos, temeroso de no alcanzar la costa con vida, propone a sus compañeros que se sorteen quién deberá dejarse matar para que su cuerpo sirva de alimento a los demás. La propuesta proviene de un personaje llamado Richard Parker y precisamente será él mismo quien pierda la apuesta, convirtiéndose en objeto de canibalismo de sus compañeros. Pues bien, casi medio siglo después de la publicación de aquella novela, en concreto el año 1884, la prensa francesa se hizo eco del naufragio de la goleta británica Mignonette cerca de las islas Sandwich. Cuatro personas sobrevivieron gracias a una barcaza que los mantuvo a la deriva durante varias semanas. Los ocupantes alcanzaron tal punto de sesperación que en cierto momento decidieron comerse a un grumete de 17 años que, no teniendo familia a la que mantener, parecía el más indicado para sacrificarse en pro de los demás. Extrañamente, el marinero víctima de dicho canibalismo se llamaba Richard Parker.
Impresionante. Hay más que a mí me han parecido muy divertidas. Por ejemplo:

Otra de las ‘serendipias literarias’ más comentadas por los amantes de lo misterioso es la escrita por el norteamericano Lester del Rey, nombre abreviado de Ramón Felipe San Juan Mario Silvo Enrico Smith Heartcourt-Brace Sierra y Álvarez del Rey y de los Uerdes, un escritor sin éxito que en 1954 publicó ‘Viaje a la Luna’, novela en la que imaginaba que la nave espacial Apolón aterrizaba en la Luna y que el comandante Amstrom ponía el primer pie humano sobre dicho satélite. He aquí un extracto del principio de la novela: ‘La nave Apolón se posó en la superficie de la Luna. Tras varios pequeños brincos pudo estabilizarse. Se abrió su rampa y por ella descendió el comandante Armstrong para pisar por primera vez el suelo de ese mundo desconocido’. Se dice que, cuando el auténtico comandante Neil Amstrong hubo terminado de leer aquella novela barata, se limitó a encoger los hombros. Evidentemente, Lester del Rey jamás explicó cómo había adivinado el nombre del astronauta, ni tampoco cómo se había aproximado tanto al de ‘Apolo’.

Hay muchos más casos, también en la ciencia, en el cine y son todos igual de inexplicables. Una muestra, quizá, de la capacidad sin límites de la imaginación humana que sólo a veces es alcanzada por la realidad.

2 comentarios:

Jose Juan Ramos dijo...

Me encantas!

Fco. Javier Sánchez dijo...

pues te recomiendo la pelicula serendipity . Tontorrona y romanticona pero está bien para pasar el rato