jueves, septiembre 18, 2008

En secreto y exclusiva

¿Puede una filtración causar un huracán político?

Sí, puede.

elpais.com publica este video en exclusiva, como ellos mismos se enorgullecen. El resto de los medios ha tardado poco en criticar la filtración. La oposición pide la disolución de la comisión de investigación del accidente de Barajas y que se castigue a los responsables.

Imagino a los jefecillos, jefes y jefazos palmeando la espalda del periodista que ha conseguido el video. Le imagino a él mismo pagando los gintonic de los que podían pasárselo. Seguro que nada ha pasado como imagino. Quizá haya faltado con un guiño, quizá con una llamada no sé por cuál de los lados si el periodístico o el político. Los dos, seguramente, se deben muchos favores entre sí.

Hoy se trata de El Pais bajo el signo socialista y ayer se trataba de El Mundo bajo el signo de los que ahora ponen el grito en el cielo. Las filtraciones me hacen reflexionar sobre la profesión. Las ha habido siempre, en todas las épocas. A veces en un despacho, otras en un restaurante y las mayoría de ellas, y le pongo morbo al asunto, en una cama. En casi todas ha habido sobre. La verdad es que en el tiempo que llevo trabajando no he recibido ninguna del calibre del vídeo y el audio que elpais.com vende como "el exclusivo del siniestro de Barajas". A esta hora abre todos los informativos de radio y televisión y mañana llenará, y creo que no me voy a equivocar ahora, las portadas y dobles páginas de los periódicos.

Se trata de un material que forma parte del sumario de una la investigación que, según unos, el hecho de que esté en conocimiento de la opinión pública puede entorpecer. Debería continuar la frase con el según otros pero no, porque no tengo ni idea de lo que debe pensar en este momento la persona que lo ofreció al periódico. Lo que sí que tengo claro es la satisfacción del periodista que a esta hora todavía debe tener caliente la espalda de las palmaditas. El mismo que seguramente mañana no firme su información... quizá podamos leer su nombre en la mancheta, o quien sabe, su culo puede estar calentando uno de los escaños del gran salón de la Democracia.

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