jueves, septiembre 11, 2008

Reacciones

Otra vez las paelleras. Ya hacía tiempo que no me metía en un berenjeral de este calibre. Tengo que decir que los echaba de menos. El de ayer fue un día de reencuentros y, antes de que saltara la noticia, hasta de alegría por ver a compañeros que hacía meses, algunos hasta años ya, que no veía. Forman parte de una camarilla muy especial con unas características comunes que les hace únicos. Por lo general suelen desplazarse a las provincias cuando hay morbo. Ayer lo había en el barrio del Torrejón de Huelva. Antes de que sonara mi teléfono con la noticia de que al juez Tirado (al que se le achaca la negligencia que permiíó a Santiago del Vale continuar en libertad cuando supuestamente asesinó a Mariluz Cortés) sólo iban a imponerle una multa de 1.500 euros, ya había contado tres micrófonos diferentes de Televisión Española. Recordé los tiempos, con mis compañeros, en los que yo portaba uno de ellos. Las cosas de la tele. Ayer sólo yo llevaba el rojo. Las cosas de la radio.

Habían pasado la 13:45 cuando desde Madrid me daban la noticia de la sanción, habló el abuelo y, mientras contaba en directo lo que había dicho, bajó el padre de la niña. La camisa azul, las manos en los bolsillos, los ojos tristes y la palabra segura. Con la seguridad del que cree en lo que dice. Parece un alumno aventajado de los mejores maestros en la técnica oratoria. Pero no lo es. Cortés engancha porque parece imposible que un gitano del Torrejón pueda utilizar el cerebro y el discurso tan bien como lo hace él. A partir de ahí, se sucedieron las entrevistas en exclusiva. Cuatro horas después uno de sus hermanos había apuntado en un papel de cuadrículas todos los medios que querían entrevistar a Juan José. - ¿Hay alguien de El Confidencial?

Le contestamos que no y pasó al siguiente.
La radio quería que fuese contando las reacciones en el barrio por si se producían incidentes. Allí no había más anormalidad que la de nuestra numerosa presencia. Los niños jugaban en la calle con otros niños, los hombres hablaban a las puertas de la asociación de vecinos y una gitana vieja se sentó un rato en un bancó porque la sofocó un paseo. Fui la última en abandonar el Torrejón. Pasaban las 9 de la noche cuando salí de allí.
Esta mañana han ido otra vez mis compañeros a hablar con Cortés y me han confesado que apenas le quedaba ya voz. Es una pena, porque sus palabras valen la pena. Aunque yo no comparta algunas de ellas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

no le quito palte de culpa al sr. tirado, pero cuanto tiempo llevan hablando de la ciudad de la justicia?? los jueces sevillanos, ademas de estar colmados de trabajos no estan en las mejores condiciones, con cables por medio, estanterias rotas y viejas y unas instalaciones q llevan ahi desde no se que año. supongo que toda la culpa no sera de este juez, aunq si la mayor parte, pero no es facil trabajar en esas condiciones. pero hay otras muchas cosas que si me chocan de este asunto, por ej. porque no ha llamado el presidente a otras muchas familias que han perdido un hijo en situeciones parecidas?? que mafia hay detras de la familia cortes que tiene en vilo a un pais?? ah si, que son gitanos, y hay que protegerlos, y por supuestos hay qcaer bien a la gente y ganar votos, que esta la cosa muy mala.

una pena