viernes, agosto 08, 2008

Sin nostalgias del miedo

La gente normal, la que camina por la calle y tiene una vida propia más allá de las décimas de segundo en las que se cruzan conmigo, ésas, no tienen nostalgias del miedo.
No lo echan de menos.
Ya me he dado cuenta que se han acostumbrado a vivir en libertad, que algunos hasta nos pedimos perdón cuando nos damos un golpe sin querer por las prisas que parece traer consigo estos tiempos de libertad. Que decimos gracias, que nos sonreimos como forma de cortesía.
La gente ha dejado de tener miedo y ha tomado las calles. Las madres y los padres van con sus hijos empujando por un palo el triciclo sobre el que montan. Las mujeres abrimos y cerramos cuentas en los bancos, algunas nos levantamos todos los días a las seis de la mañana para trabajar, vivimos solas y superamos las enfermedades.
Los hombres han roto con los estereotipos y muchos aprietan los dientes cuando los informativos muestran a las víctimas de otros hombres que se han convertido en bestias, disfrutan de sus familias, de sus amigos.
Todos, mujeres y hombres, hablan sin miedo, van en grupo, sacan los temas más absurdos o los más comprometidos. Deciden mostrar su afecto, o vivir su sexualidad, con otros hombres, con otras mujeres, o con ambos a la vez. Ya no hay miedo.
Cada vez menos personas nos preocupamos por el credo político o religioso del que tenemos enfrente. Eso forma parte de la intimidad de cada uno. Respetamos y nos respetan, o lo intentamos. Y nos sale por que sí, como resultado del esfuerzo que las generaciones anteriores han hecho por educarnos en libertad.
Las bibliotecas están llenas de libros, películas y publicaciones periódicas. La tele es una mierda, pero hay donde elegir y la Red es una buena alternativa, llena de datos fruto de la inteligencia colectiva.
Los trabajadores y trabajadoras exigimos nuestros derechos y la empresa intenta imponer sus condiciones. Es una lucha de fuerzas sin más miedos que unas consecuencias propias de este sistema de libre mercado. El Estado protege a los desempleados, a las víctimas... Tiene una Constitución que nos afecta a todos por igual y unas leyes que no cambian sus letras según quién cometa los delitos. Cada vez es un poco más laico. Da dinero por hijo nacido y no invoca al miedo para que los que lo formamos, convivamos entre nosotros. Lo hacemos todos los días. Con sus fallos, con sus errores, pero en libertad.
Estos días me ha salido por primera vez en mi vida un culebrón (un herpes que podría ser un recuerdo de la varicela provocado, según mi amiga Maripi, por una bajada de mis defensas). Me ha dejado el cuerpo en un estado de debilidad, del que poco a poco me recupero, y que me ha hecho mirar el mundo de una forma, no sé como decirlo, más afectada, más emocional. El pequeño de mis primos, Manuel Jara, ha cumplido su primer año. Los otros dos niños son mi otro primo, Rubén Muñiz y la niña de una amiga, Abril Prieto. Cuando comparto mi tiempo con ellos me hacen plantearme las cosas de forma diferente. Ojalá ellos tampoco nunca tengan nostalgia del miedo, los eduquen como los eduquen.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Jo... Todavía estoy en la categoría de "compañera"??...:P

Quejio dijo...

Buenas, saludos...

Bonito texto.

Saludos lunáticos otra vez.

Quejio dijo...

Ah, y otra cosa.

La plantilla de tu blog me encanta, si pudiera y supiera cómo, te la robaría jejeje. Que no, que o. O sí ?

Jose Juan Ramos dijo...

Yo no tengo nostalgia del miedo, tengo nostalgia de muchos momentos vividos con gente que apetece recordar y que su forma de ser te obliga a recordarlas. Adivina quien es una de ellas? jajaja. Espero que todo te vaya bien y que pronto pueda darte un beso grandote. Cuidate.