domingo, agosto 31, 2008

El humano evolucionado

El Ser Humano se encuentra en una etapa evolutiva de clara recesión. Consume, construye y destruye sin mesura. Pocos lugares en el mundo se salvan de su devastación. Estos días he descubierto uno de los enclaves donde lo silvestre le gana la batalla al ladrillos: Cabo de Gata. Nos quedábamos en una cómoda urbanización de Aguadulce, en Roquetas de Mar. Algo así como la Marbella de Almería, donde los bloques de pisos, los enormes centros comerciales y las inmensas avenidas no dejan ver la playa. Un ejemplo, como otro cualquiera, del estado actual en el que se encuentra la evolución humana. Pero hemos logrado saltar esta frontera. Apenas tres cuartos de hora la separan de la puerta de Cabo de Gata: San José donde dejábamos el coche para coger un bus gratuíto que nos ha llevado a los paraísos naturales de Genoveses, Medialuna, Cala Carbón, Mónsul... (¿Por qué la Junta apostará por este modelo en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar y no lo hace en Matalascaña, propiciando que miles de coches atravisen Doñana cada día de verano? No lo entiendo, la verdad) Calas de arena entre montañas y familias enteras disfrutando de un diálogo entre iguales con la naturaleza. Esos niños, muchos, sin saberlo, practicando nudismo con sus padres, representan el ser humano evolucionado, el que va más allá y cambia el asfalto por los caminos de arenas, el skayline de las playas andaluzas (de antenas y grúas) por las montañas sin árboles del Cabo de Gata. Hemos disfrutado como enanos con unas gafas y un tubo de los peces de todos los tamaños y colores de aquellas playas, que han despertado en mí un orgullo especial al pensar que este precioso paisaje se encuentra dentro de los límites de Andalucía.

lunes, agosto 25, 2008

De concierto

video

Anoche disfruté como ni yo misma sabía que iba a hacerlo con un grupo que logró unir en la zona de conciertos de la feria de Aracena a varias generaciones: Celtas Cortos. Sonaban bien, movían a la gente, y a sus espíritus, y sobre todas las cosas, soltaban letras con contenidos, una mirla blanca en el panorama musical actual.

Y además, se trataba del segundo concierto gratuíto de la feria de Aracena, un pueblo que se permite hacer eso para que toda la sierra disfrute de música en condiciones, mientras en Cortegana los dos últimos conciertos que se han dado en la barbacana del castillo, el Jamón Pop y el del sábado de medievales, había que pagarlos y para colmo se quedaron sin luz.

...En fin, que las comparaciones sobran...

viernes, agosto 22, 2008

Habitacion 610

Estos dos días, cuando he ido a comparar el periódico, el depediente me ha mirado con cara de pésame. La misma que debía de tener yo. Cuando uno se va de vacaciones, aunque sea ahí al lado, siempre espera que a su vuelta las cosas no haya cambiado demasiado. La tragedia no ha querido cogerse vacaciones, ni siquiera de cinco días. Desde la habitación 610 de un hotel de Lisboa, recibir la noticia, en portugués, del fatal accidente de avión que nos conmocionó a nosotros tanto como lo ha hecho al resto de los mortales, no ha sido un plato de gusto. La noticia, y un estado febril en que el acto seguido entró Gregorio, nos han chafado la mitad de nuestras vacaciones lisboetas. La primera mitad sí que han valido la pena. Tengo que decir que mis propósitos no se han cumplido, pero bueno, para eso están los propósitos. Ni he recorrido las calles de Alfama ni he desvelado los secretos de Saramago, ni siquiera, salvo quizá la primera noche, he entrado en conexión con la ciudad. Ahora me doy cuenta de que hemos hablado idiomas diferentes y, quizá, no he sabido tomar lo que Lisboa me estaba dando a manos llenas. Con el mal sabor de boca de la tragedia televisada, hemos vuelto con más prisa que otra cosa, como con necesidad de estar entre los nuestros. Queda pendiente un futuro encuentro con la capital portuguesa y sus alrededores (preciosos, por cierto) más afortunado.

martes, agosto 12, 2008

Lágrimas

Anoche me acosté llorando. Lo hacía por una tristeza ajena, o eso creía yo hasta que descubría que mis lágrimas empezaban a mojar la almohada.
Leía, antes de quedarme dormida, una entrevista-reportaje que este fin de semana dedicaba El Pais Semanal a la nieta del poeta argentino Juan Gelman. El mismo que hace unos meses recibía el Premio Cervantes y decía, al recogerlo, una de las frases que más me han emocionado en los últimos meses: "Ahí está la poesía, de pie, frente a la muerte".
Lo hacía entonces y volvía a hacerlo anoche, rascando en la historia de violencia y desarraigo que les ha tocado vivir a él y su nieta, Macarena Gelman, que el día del Premio Cervantes le escuchaba atenta desde los bancos reservados a los familiares.
Cuando los militares, con Videla al frente, dieron el golpe de Estado en Argentina (corría el año español de principios de la libertad de 1976), fueron a buscar a Gelman a su casa para matarlo. Pero Gelman fue más rápido y le ganó tiempo a la muerte. Ya estaba en el exilio. Los que abrieron la puerta de la casa de Gelman en Buenos Aires fueron su hijo, de 20 años, y su nuera, de 19, embarazada.
Los golpistas se los llevaron. Esperaron a que la joven diera a luz para entregar al bebé a una familia afín al régimen. Después la mataron. Sus restos todavía no han aparecido. Los de su marido se descubrieron en un bidón de cenizas. Gelman comenzó una búsqueda a la que ha dedicado toda su vida y ha marcado su obra literaria:
Carta abierta a mi nieto (fragmento)
Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste...Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.
****Escrita en 1995 y publicada en Brecha, el 23 de diciembre de 1998****
Gelman encontró a Macarena, su nieta, en 2000. Desde entonces forman una extraña familia marcada por el dolor. Macarena supo su verdadera identidad cuando superaba la edad en la que murieron sus padres bológicos. Tenía 23 años y desde entonces lucha por reconciliarse con la historia, por querer a la familia de la que fue arrebatada sin odiar a los que han sido sus padres desde que tiene memoria.

viernes, agosto 08, 2008

Sin nostalgias del miedo

La gente normal, la que camina por la calle y tiene una vida propia más allá de las décimas de segundo en las que se cruzan conmigo, ésas, no tienen nostalgias del miedo.
No lo echan de menos.
Ya me he dado cuenta que se han acostumbrado a vivir en libertad, que algunos hasta nos pedimos perdón cuando nos damos un golpe sin querer por las prisas que parece traer consigo estos tiempos de libertad. Que decimos gracias, que nos sonreimos como forma de cortesía.
La gente ha dejado de tener miedo y ha tomado las calles. Las madres y los padres van con sus hijos empujando por un palo el triciclo sobre el que montan. Las mujeres abrimos y cerramos cuentas en los bancos, algunas nos levantamos todos los días a las seis de la mañana para trabajar, vivimos solas y superamos las enfermedades.
Los hombres han roto con los estereotipos y muchos aprietan los dientes cuando los informativos muestran a las víctimas de otros hombres que se han convertido en bestias, disfrutan de sus familias, de sus amigos.
Todos, mujeres y hombres, hablan sin miedo, van en grupo, sacan los temas más absurdos o los más comprometidos. Deciden mostrar su afecto, o vivir su sexualidad, con otros hombres, con otras mujeres, o con ambos a la vez. Ya no hay miedo.
Cada vez menos personas nos preocupamos por el credo político o religioso del que tenemos enfrente. Eso forma parte de la intimidad de cada uno. Respetamos y nos respetan, o lo intentamos. Y nos sale por que sí, como resultado del esfuerzo que las generaciones anteriores han hecho por educarnos en libertad.
Las bibliotecas están llenas de libros, películas y publicaciones periódicas. La tele es una mierda, pero hay donde elegir y la Red es una buena alternativa, llena de datos fruto de la inteligencia colectiva.
Los trabajadores y trabajadoras exigimos nuestros derechos y la empresa intenta imponer sus condiciones. Es una lucha de fuerzas sin más miedos que unas consecuencias propias de este sistema de libre mercado. El Estado protege a los desempleados, a las víctimas... Tiene una Constitución que nos afecta a todos por igual y unas leyes que no cambian sus letras según quién cometa los delitos. Cada vez es un poco más laico. Da dinero por hijo nacido y no invoca al miedo para que los que lo formamos, convivamos entre nosotros. Lo hacemos todos los días. Con sus fallos, con sus errores, pero en libertad.
Estos días me ha salido por primera vez en mi vida un culebrón (un herpes que podría ser un recuerdo de la varicela provocado, según mi amiga Maripi, por una bajada de mis defensas). Me ha dejado el cuerpo en un estado de debilidad, del que poco a poco me recupero, y que me ha hecho mirar el mundo de una forma, no sé como decirlo, más afectada, más emocional. El pequeño de mis primos, Manuel Jara, ha cumplido su primer año. Los otros dos niños son mi otro primo, Rubén Muñiz y la niña de una amiga, Abril Prieto. Cuando comparto mi tiempo con ellos me hacen plantearme las cosas de forma diferente. Ojalá ellos tampoco nunca tengan nostalgia del miedo, los eduquen como los eduquen.