miércoles, julio 23, 2008

...Primero conquistaremos Manhattan...

Para mí los días de verano siempre traen detalles que los hacen diferentes a los de invierno. En la prensa, por ejemplo, la actualidad pura y dura se relaja y, por fin, empiezan a aparecer en las páginas de los diarios lo realmente importante. En El Pais del lunes, en su Revista de Verano, con motivo de que Leonard Cohen y Enrique Morente se reencontraron en el Rock in Rio, hablaban de Omega, un disco de Morente del 93 del que decían que había revolucionado el flamenco tanto como lo hizo el propio Camarón.
Al descender la actualidad pura y dura en estos días de verano también desciende para mí la actividad, aunque siga el sprint de los últimos tres cuartos de hora. Eso me permite establecer conversaciones triviales con mis compañeros. Por primera vez en mi vida me ocurre que me rodean en el trabajo personas más jóvenes que yo: Un técnico de sonido de 24 años y dos becarias de 24 y 21. Gracias a una de ellas y al técnico descubrí una de las cosas que más me han hecho reir en los últimos tiempos (después de la risa contagiosa de Blanca este fin de semana y las imitaciones que mi amigo Miguel Ángel hace de Félix Rodríguez de la Fuente): La Frikipedia.
Y así pasé la siesta (unas horas que para mí suponen volver a la infancia, cuando mi madre nos obligaba a mí y a mi hermana a pasar de 2 a 3 horas sin hacer ruido, y nosotras nos recluíamos en las habitaciones, unas veces juntas y otras separadas, y combatíamos el aburrimiento con cualquier cosa, la mayoría de las veces un libro y una radio) entre los sublime y lo trivial, entre el peso y la levedad, como diría Kundera (del que acabo de terminar La insoportable levedad del Ser, que recomiendo; así como el pequeño relato del autor de Moby Dick, Melville, llamado Bertleby, el escribiente, que leí en la siesta del martes).
Los pasajes de la Frikipidedia me hacía llorar de risa (no os perdáis el del Chavo del Ocho, el de Leticia Savater y por supuesto el del Fary, cuyo camino me ha mostrado mi amigo Manuel Pilar al que no me pude resistir y le hablé de los encantos de este hallazgo por ser, como lo soy yo, un periodista frustado ya que lo que realmente querríamos ser es frikis y canis. Jajaja) mientras que los versos de Lorca, pasados por el tamiz de Leonard Cohen, en la voz de Enrique Morente, me ponían el vello de punta por la emoción. Sonaba la voz de su hija, cuando todavía era sólo su hija, de fondo: "Primero conquistaremos Manhattan, después conquistaremos Berlin".
Las contradicciones, eso que me encanta.

1 comentario:

Jose Juan Ramos dijo...

Varias cosas querida Paloma... Una, y haciendo uso de mi afición al flamenco; Enrique Morente es un "mangante" (entiendase por mangante el que gana mucho más dinero del que merece engañando al público). Dos, esas becarias jovencitas te están convirtiendo en una viejuna sin solución, jajaja. Tres, secundo tu opinión de Kundera y de la insoportable levedad del ser, Milán es uno de los pocos checos que vale la pena seguir (como sabrás mi cuñada es checa). Cuatro, saluda de mi parte a Manupi si es el mismo que imagino (fnac)... y Cinco, te echo mucho de menos, cuidate, besitos.