jueves, julio 10, 2008

Casos excepcionales

Suenan los campases de un acordeón... "Como si fuera esta noche la última vez"... Ahora estarán pasando la gorra en alguna de las terrazas de los bares de los alrededores de La Merced. Lo escucho desde el balcón, en un momento de tregua que me da este día. Desde la siete de la mañana, llevo ya muchas horas de esta jornada en la que he sido altavoz de cosas agradables (como que en el Paraje Natural Marismas del Odiel una pareja de águilas pescadoras ha comenzado a aparearse, y hacía más de 20 años que no lo hacía ninguna de esta especie en España) y otras curiosas (como que dos científicos han descubierto oculto entre los muros del Palacio de Doñana los restos de una torre medieval del siglo XV -luego me preguntarían si algo del siglo XV puede recibir el calificativo de medieval-. Un hallazgo histórico ya que podríamos estar hablando de los restos de los primeros pobladores de Doñana. El profesor universitario que la ha descubierto llevaba detrás de ella una década). Pero también el día me ha deparado momentos desagradables. Ahora que las campanas dan las 10 y comienzo a quedarme sin luz natural puede ser un buen momento para recordarlos. Hace apenas unos días, llegó a Motril una patera. Por el camino, según los supervivientes, habían muerto unos 14 inmigrantes. Los que continuaban vivos arrojaban sus cadáveres al mar. Unos de los hombres decía haber perdido a su hermano, a su mujer y a su hijo de menos de dos años. Por razones humanitarias y por lo excepcional de su caso, el Gobierno decidió que ese hombre podía regularizar su situación en nuestro país y no sería deportado. Esta madrugada, la tragedia se repetía en las aguas almerienses. Otra vez una patera con inmigrantes al borde de la muerte que decían haber perdido a buena parte de sus acompañantes, entre ellos unos 9 niños. El Delegado del Gobierno en Andalucía visitaba esta mañana, precisamente, el SIVE en Huelva, un dispositivo con el que la Guardia Civil controla todo el litoral andaluz. Mi jefa de Sevilla me pedía que le hiciese una pregunta, fruto de una reflexión de los compañeros de la redacción. He estado toda la mañana dando vuentas a esa tesis y he convertido en mías sus dudas, porque realmente yo también las tenía y así se lo he preguntado al Delegado: En el naufragio de la patera de Motril no se encontró el cadaver del hijo (tampoco del resto de familiares) del hombre al que se le han dado los papeles, ahora los restos de los supuestos nueve niños ahogados tampoco aparecen. ¿No teme el gobierno que éste sea un nuevo recurso de las mafias para conseguir la entrada de más inmigrantes? El Delegado ha aludido a la excepcionalidad del caso del hombre que llegó a Motril. Volví a preguntarle: Si se demostrase que los 9 niños muertos son hijos de 9 de los inmigrantes de la patera de Almería, ¿se les aplicaría a ellos también esa excepcionalidad? El delegado me ha dado la mismo respuesta con una alta dosis de cabreo. He salido de la sala con la sensación de haberle tocado un rato los cojones al toro.

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