viernes, mayo 30, 2008

La radio

Acabo de apagarla. Me ha hecho sonreir el testimonio de un camionero al que su esposa le dice que piensa más en Zapatero que en ella. La tengo a mi derecha. Rectangular y negra. Con los bordes ya rozados y con un color metálico, como si fuese pardo, por algunas de las partes del altavoz. Con ese juego de letras que luego vendrían a marcar mi vida: FM, MW, SW.
Al sonar el click de la ruleta pequeña al apagarse, la mente se me ha llenado de recuerdos. He mirado, casi sin quererlo, y ahí estaba: la marca. Justo antes de llegar al 103. De repente he recordado que me crié sin radio. Que nunca la oí. No se podía donde yo vivía, en una sierra justo en la frontera con Portugal.
Escuchar la radio era toda una aventura. Recuerdo coger el transistor, éste mismo que todavía me acompaña, e intentar de todas las formas posibles captar alguna emisora en español. Sencillamente imposible. Y eso que no paraba de girar la antena y la propia radio. Eran principios de los 90 y mi pueblo el fin del mundo, donde se iba la luz apenas llovía y se encendían las velas y yo lloraba. Todavía hoy no sé por qué.
Mi padre se lanzaba cada noche a la aventura. Era su pasión los programas deportivos nocturnos. Los mismos con los que se duerme cada noche el que es ahora mi pareja desde hace 9 años. No sé por qué arte de magia justo donde su mesilla pegaba con la pared podía oir su favorito. Pero debía tener cuidado: ningún movimiento, ninguna interferencia. La ruleta, por supuesto, no podía moverse. Cuando yo comencé a coger la radio y a lanzarme a la azotea en una búsqueda estéril, él decidió hacer la marca sobre el plástico negro. Justo antes de llegar al 103. Ahí sigue. Es uno de los pocos recuerdos materiales que conservo de mi padre después de que sus sombreros se picaran y su coche dejara tirada a mi madre por culpa de un elemento que yo ni intuía que tenía un Renault 21: manguitos. Desde hace doce años la casa ya no es la misma, el pueblo ya no es el mismo, ni siquiera nosotras conservamos la misma imagen de antes. Sólo la radio parece un testimonio de aquel tiempo, a años luz de la era digital, a millones de años luz de soñar siquiera que podría existir algún día el portátil con el que escribo o el móvil con el que mando SMS.
Ha pasado todo tan rápido. Todo menos la radio, que continúa a mi derecha mientras tecleo. Sus letras blancas en las que todavía se lee: 3 band receiver ICF-450S. Galimatías que entonces, e incluso ahora, me parecen algo como del futuro, mucho más que el saludo que Windows me ha hecho al encender este ordenador. Curiosamente la radio y el portátil son de la misma marca. Casualidades.
Acaban de llamarme al móvil de la empresa. La redacción de Cáceres quiere que les envíe un corte del Vicepresidente andaluz, que esta mañana ha estado en Huelva, sobre el proyecto de construcción de un oleoducto por parte del grupo extremeño Gallardo. Si creyese en el destino, diría “ha sido el destino”. Pero esa creencia la tengo en cuarentena. Decía lo del destino porque es raro que me llamen por las tardes. Apenas me han llamado en los casi 2 meses que llevo trabajando en la radio. Y justo me han llamado ahora, cuando iba a escribir que no sé por qué arte de magia hoy me dedico a la radio. Yo, la niña sin radio, la que conserva un transistor negro con una banda roja y una marca justo donde se sintonizaba la única cadena que emitía el programa deportivo con el que dormía mi padre y ahora duerme mi novio.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

solo recuerda que media radio, es también mía, e???jeje. te la cedo por ahora, pero cuando se revalorice...ya sabes!!!
te quiero chica sin radio, por eso nos compraban las cintas de bombom chip, y nos hacía tanta ilusion que llegaran a nosotros las ondas en Campanario (de ahí te viene la aficion, de tu tito Pedro Sandía), jeje. mauk. flor

Anónimo dijo...

tienes el don de emocionarme con cada palabra que escribes, por eso te pido que NUNCA dejes de hacerlo.
un beso guapa!!

Anónimo dijo...

Vaya tela, tu sin radio y yo siempre pegada a ella. Hemos seguido caminos distintos, pero fijate, al final nos han llevado al mismo sitio y a darnos la oportunidad de conocernos. Tu a mi y yo a ti, y a tu sonrisa... que algun dia sera declarada Patrimonio de la Humanidad, creeme. Ya se que no todo en la vida puede ser perfecto, pero si sonries y escribes siempre asi, rozaras la perfeccion y nadie estara triste a tu lado. Por cierto, el 15 de junio habran pasado ya 12 años de la muerte de mi padre. Yo tambien conservo junto a mi cama su radio...