jueves, marzo 13, 2008

Estos días de "vacaciones" me están haciendo leer de forma compulsiva. Pasaba esta mañana la última página del reciente Premio Pulitzer, La Carretera, de Cormac McCarthy, como el padre que apaga el último de los cien cigarros que se ha fumado mientras su mujer pare. Un libro espectacular. Hay quienes señalan que McCarthy es merecedor del próximo Nobel. No sé si se lo merece o no, a mí esta novela me ha parecido demoledora. Sé que voy a recordarla algún tiempo (y eso sólo me pasa con las cosas buenas y los chistes malos). Después de comer decidí ir a devolver el libro a la Biblioteca Pública en mitad de la Sevilla del 29. No tenía ni idea que hiciera este calor, más de julio que de marzo. Atravesé los jardines del Prado entre las sombras de los árboles, pasé por delante del coqueto edificio que en la actualidad alberga el consulado portugués, frente a la Universidad, y al cruzar la carretera y encontrarme delante del Casino de la Exposición, sentí barullo en la Terraza-bar.
Volví la cabeza y en aquel espacio abierto reconocí a la plana mayor de los socialistas andaluces de canapé y cervecitas. Seguramente estarían celebrando la victoria del pasado domingo. Lo único que desentonaba en aquel ambiente festivo es que amenizaba la fiesta... !!!Manuel Orta¡¡¡ Intentaba mal cantar, porque nunca cantó del todo bien, una copla que ahora me cuesta recordar. Me dio tanta vergüenza que aceleré el paso hacia la biblioteca. La voz de Manuel Orta parecía perseguirme. Un par de veces he tenido a acudir a alguna copa ofrecida a los periodistas por el PSOE andaluz y puedo dar fe de que poco se parecían a ésta. No podía ni imaginarme que, para sus actos íntimos, eligiesen semejante acompañamiento musical. Llegué a la biblioteca, pero estaba cerrada. Me volví a mi casa. Eran las 16.00 y hacían 30 grados. Buscaba las sombras como una lagartija invertida. Elegí para el viaje de vuelta la orilla baja del río, donde se encuentran los barcos turísticos. Había muchísima gente paseando y sólo yo parecía ir escondiéndome del sol. No la vi acercarse pero al pasar por mi lado, una señora ciencuentona, gorda y vestida con pantalón de chándal se volvió muy cerca de mi oído y me dijo en voz casi imperceptible: Hijaputa. Ni siquiera me volví. Di por sentado que tal atentado contra mi dignidad se había producido por una de estas dos razones: un desequilibrio mental de la señora o los estragos que el sol estaba haciendo debajo de mi gorra... Quizá fuesen las dos cosas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

si hacia calor si, la verdad que como tu bien dices, hacia un calor mas propio de los meses de verano que de este casi acabado invierno.

bueno, yo tambien llevaba un ratito alli, pero a diferencia de ti, que no conseguiste tu objetivo esta vez (entregar el libro), yo si lo consegui, despues de media madrugada en la puerta del pabellon de Uruguay, y practicamente toda la siesta, ¡MI SIESTA! consegui mis dos abonos universitarios para los toros, "el que la sigue la consigue"jajaj!!

q rollo te soltaoa verdad?? ajaj

un beso pirfa!!

José Manuel dijo...

¡ahí va!!, ¡la loca del schandall!, a mi también me dijo la semana pasada "cabronazo", debe ser una atración turistica, o que realmente el cambio climático empieza ha hacer sus estragos...
Saludos.