miércoles, enero 16, 2008

Tiempos de retroceso

Hubo un tiempo, en un cambio de era de esta España nuestra, en el que cientos de mujeres del mundo intelectual: pintoras, periodistas, actrices y otras tantas se solidarizaron con otras mujeres que sufrieron entonces las consecuencias de elegir en libertad el momento en el que querían ser madres.
Entonces, estas mujeres solidarias entonaron un "yo también he abortado voluntariamente" que vino a revolucionar, aún más si cabe, aquel tiempo de cambio. A partir de entonces, la izquierda se tomó algo más en serio la cuestión del aborto voluntario como parte fundamental de los derechos de la mujer.
En los años que lleva andando nuestra democracia, esta convicción ha tropezado muchas veces, la mayoría de ellas, con las teorías que anteponen la vida del ser humano que se está gestando a la libertad de su madre. Me parece una discusión interesante y polémica para la que vale la pena gastar todo el tiempo del mundo. Una de esas cuestiones a las que seguramente nunca encontraremos solución.
Pero para entonces la ley ya existía. Y lo hacía con sus muchos límites y sus otras tantas garantías. Dejando a la luz una cuestión que se practicaba a las sombras desde tiempos inmemoriales, perpetuando las diferencias de clase y dinero entre las que podían pagarse un viaje al extranjero para mantener bien alta su cabeza y las que no.
Una ley que, entre los muchos escollos que ha tenido que sortear, quizá nunca hubiera imaginado tropezar ahora con la misma piedra: Quince mujeres se autoinculpan en Vigo por abortar fuera de la ley
Otra vez, treinta años más tarde, la voz solidaria de las mujeres con las propias mujeres, después de que una investigación (iniciada en un principio por una denuncia al SEPRONA) haya llevado a muchas mujeres a los fríos pasillos de los juzgados. Algunas de ellas sin más pruebas para llamarlas a declarar que el que su nombre haya aparecido en el libro de visitas de alguna de las clínicas abortistas investigadas.
El debate no está en los márgenes legales en los que tales clínicas se movían. Si lo hicieron fuera de la ley deben ser investigadas. Lo sangrante del caso es la falta de atención con la intimidad de las mujeres que, libremente, eligieron no ser madres. Sus nombres, en los sumarios que, tarde o temprano, serán públicos y sobre los que ya estamos rapiñeando los periodistas.
Un escándalo que sirve de nuevo caldo de cultivo a los que les gustaría, quizá, volver a los tiempos en los que se podía reconocer a una adúltera por una marca en su ropa, a los de la represión y la honra.
Dos conceptos que, por cierto, a lo largo de la historia siempre han caminado sobre espaldas de mujeres.

1 comentario:

La Miss dijo...

No quito ni pongo una coma a tu texto, completamente de acuerdo.