miércoles, diciembre 31, 2008

El comienzo de la batalla

Entre la página 57 y la 58, bajo un Velázquez al que le han puesto púas, un niño, gordito y de ojos pequeños, me rompió el corazón. Con él cuatro adultos y algunos niños y niñas más. Hacía el primer gran acto de rebelión de la larga vida que le queda por vivir. Su primera batalla por la dignidad. Le espetó a su madre, entre sollozos:
-Te he dicho miles de veces que no cuentes eso delante de la gente. Ojú. Ya estoy harto. Su madre le respondió con una tímida frase, practicamente muda ante las dimensiones de Gran Hombre que había tomado su pequeño, del que se reía hasta hacía apenas unos minutos. Nada se puede decir ante la petición de respeto de un niño. Ellos continuaron su camino entre luces y fiebres navideñas y yo seguí con mi lectura. Todavía no estoy preparada para ser madre, a pesar de lo que me recomienda mi ginecólogo.
Y me rompió el corazón, sin saberlo. Y con apenas siete u ocho años se metía en un berenjenal del que no va a salir en su vida. Volví mis ojos al libro y García Montero escribía:
Porque el mundo es así, y vengo herido,
ten paciencia conmigo.

viernes, diciembre 26, 2008

Un mes sin Cendón

Seguro que el día que le hicieron esta foto nadie podía presagiar que este joven, con pinta de aventurero, iba a cumplir hoy un mes de secuestro a manos de unos miliacianos somalíes. José Cendón, y el periodista británico con el que comparte cautiverio, no han cometido más delito que el de intentar que la situación en la que viven los somalíes se conozca en todo el mundo. El embajador de España en Kenia, un diplomático que ya ha demostrado en otras ocasiones su buena mano con los piratas, está manos a la obra, o eso asegura el propio Moratinos que no descarta desplazarse él mismo a los alrededores de Bossasso donde, según todos los indiciosl los tienen retenidos. Este periodista británico y este fotógrafo español estaban haciendo un reportaje para el Daily Telegraph. Se habían propuesto denunciar el estado de terror que la piratería ha impuesto en el cuerno de África, y han acabado en sus redes. Es lo que tiene el buen periodismo, el que se mancha las manos, el que quiere denunciar la mierda y acaba de mierda hasta los ojos. Cendón es hoy un símbolo para todos los de esta profesión, sin dejar de ser un currante más. Por eso no es justo, aunque sí oportuno porque estaba donde debía estar, que pague con su libertad el esfuerzo de su trabajo. Hoy se cumple un mes y en casa de este fotógrafo pasan la Navidad sin él, pendientes del teléfono y de cualquier noticia que hable de liberación, de negociaciones o de huida. Seguro que los padres y la hermana del fotográfo lamentan que no se hiciera en su día vendedor, o cerrajero, o amo de casa, o policía local, o feriante. Seguro que, entre la angustia y el sinvivir, guardan un rincón para el orgullo. El de pensar que su ausencia se debe a su empeño de luchar por la Verdad, la Libertad y la Democracia.

martes, diciembre 23, 2008

No lo serán nunca

Los que usan la provocación. Los que en vez del cerebro utilizan los testículos. Los que olvidaron entregar el alma en sus palabras y sólo reparten mierda. Los que se valen de su posición para pisotear a los demás. Los que gustan de ver llorar a través de un cristal a la persona a la que amaron. Los que no aceptan la libre voluntad de los demás. Los que no saben qué significa la palabra Amistad. Ésos no podrán ser nunca periodistas.
Los que no miran a los ojos. Los que se ponen rodilleras para hacer su trabajo. Los que no comparten sus conocimientos y confidencias con los compañeros. Los que se creen intocables y en una esfera superior. Los que miran por encima del hombro y piensan que todo lo saben y todo lo dominan. Los que amenazan. Los que no sienten la Profesión. Los que no son humildes. Los que no sonríen. Los que se regocijan en el agobio de sus iguales y sus desiguales. Ésos no podrán ser nunca periodistas.
Los que sólo sacan la lengua del culo de los poderosos para humillar a los que tienen por debajo. Los que utilizan el medio que dirigen como un arma de ataque personal. Los que se mean encima del trabajo de una redacción entera. Los que se masturban pensando que, después de ellos, su ciudad no ha dado jamás ningún otro periodista de raza. Los que siempre hablan del mismo escritor. Los que amenazan con meterle por el trasero a la gente revistas ilustadas. Ésos no podrán ser nunca periodistas.
Nunca podrán serlo, a pesar de que un título lo tenga cualquiera. Pero un periodista es mucho más que un licenciado. Es un compañero, un amante de la Democracia, de las Palabras y de su vocación, un trabajador comprometido con su tiempo y los que le rodean. Un iluso al que le brillan los ojos cuando escucha hablar de libertad. Eso es un periodista. Todo lo demás es producto del engaño y el maquillaje.
La Profesión se impondrá y terminaremos con los impostores.

domingo, diciembre 21, 2008

A una

La puerta de una casa de Jerez se abría el sábado a primera hora de la noche para no dejarnos salir hasta que estuviéramos bien hartas de liquido, sólidos y, sobre todo de arte. No podía ni imaginar que iba a valer tanto la pena los kilómetros que separan mi pueblo de la capital del caballo, el vino y Pedro Pacheco. Y lo valieron. Todos y cada uno. Rebuscando con Maripaz entre sus recuerdos y las calles jerezanas, no sólo he descubierto la hospitalidad y la simpatía, también el ritmo y la capacidad de que una simple palmada te erice la piel. Y el miedo de que a las cuatro de la mañana te dé indicaciones en un callejón un hombre con cara de psicópata y cuchillo jamonero en mano con el que te muestra el camino. Y los más preciosos villancicos que he escuchado en mi vida. Y el clasismo de los que saben cantar bulerías y hacen un círculo cerrado para que ninguna otra voz perturbe el culto que le rinde al que, para ellos, es el más divino de los cantes porque es el cante de Jerez. Y el Canasta, el mismo que cuando pido vino dulce en cualquier bar no lo quiero (porque es al vino dulce lo que Navidul al jamón de mi tierra) y que en Jerez se vuelve un auténtico manjar de dioses. Y las personas que han elegido la felicidad a pesar de los palos de la vida. Y los mantecados de Medina, que son una raza evolucionada de mantecados. Todo esto y esa última palma después del jaleo. La que sólo suena a una cuando se escucha en las manos de los gitanos del barrio de Santiago de Jerez.

miércoles, diciembre 17, 2008

Buenos días

Buenos días. Hace un día frío con pinta de precioso. Todavía no se ha quitado el zapato ningún periodista iraquí, ni ha sido estafado ningún gran banco. Ni han echado a ningún concursante de Gran Hermano ni se ha abierto la polémica televisiva entre dos amantes que se han puesto los cuernos para después sacar rédito. Todavía el Barcelona no ha marcado dos goles al Real Madrid, ni Juande ha cogido el testigo de Schuster. Nada de eso ha pasado. Nada para los que hemos estado más ocupados viviendo nuestra propia vida. Son días de cenas, cubatas y otros abusos pre-navideños. Días de no parar y noches de confidencias, amigos y cine de calidad en el único Gran Teatro de Huelva. Jornadas de biblioteca con versos de García Montero y noches por bulerías con personas que nunca serán mis amigos. Comidas de empresa en los que terminas echando a los invitados de tu casa para poder acostarte. Marathones para levantarle el ánimo a tu mejor amiga. Nada que no se pueda arreglar con paseos, conversaciones y risas. Es tiempo de eso y de muchas cosas más. Todas. Menos vivir las vidas de otros. Hace un día precioso con pinta de frío. Buenos días.

miércoles, diciembre 10, 2008

Un grito

El fotógrafo griego de AP, Petros Karadjias, ha logrado plasmar en esta foto la contundencia de la palabra frente a la brutalidad. Me sumo al grito de este profesor de Atenas: NO a cualquier tipo de violencia.

El nombre exacto de las cosas

"La luz con el tiempo dentro", sonaba en la voz de uno de los cuarenta lectores que esta mañana le han puesto palabras en la Diputación a los poemas de Juan Ramón Jiménez. Todavía conservaba el olor a vieja en el recuerdo. "Yo he acumulado mi esperanza en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;a todo yo le había puesto nombre y tú has tomado el puesto de toda esta nombradía". Declamaba Luis García Montero y llenaba la sala y mi espíritu, pero mi recuerdo se había quedado parado en un pequeño hecho de un par de horas antes.
Un señora, ayudada por una vecina, abrió la puerta. Jadeando, comenzó a contarme que había dejado de ver su tele. No es la primera persona que lo hace ni será la última. Escuché su relato con respeto. Le dije que poco podíamos hacer nosotros, que se trataba de un problema que tenía que solucionar la comunidad de vecinos. Para cuando yo me di cuenta de que, en realidad, lo que necesitaba era un oído amigo, ya me había contado sus desavenencias con sus vecinos y que, si ella fuese hombre y algunos años más joven, ya habría subido al tejado para romper todas las demás antenas particulares y obligar, así, a que pusiesen una colectiva que funcionase correctamente. Crucé el mostrador (un elemento de otro tiempo que conserva, como otros tantos, el sitio en el que trabajo y que tiene como objetivo separar un lado y otro de la realidad), la acompañé hasta la puerta y le ofrecí mi brazo para bajar las escaleras. A cada escalón se confesaba un poquito más. -¿Que voy a hecr todas las Navidades sin tele, con la de espectáculos que dan? Mis hijos quieren que me vaya con ellos pero es que yo quiero estar en mi casa, en mi sofá.- Continuaba- Si no me arreglan la tele, es que me están enterrando en vida-. Entre lo catastrofista y lo apocalíptico comprendí las inquietudes de esta reciente viuda para la que la televisión es la mayor de las compañías, en este tiempo deshumanizado y poblado por ancianos que no temen el frío de Diciembre y, armados de valor, acuden a la emisora que sea para exigir que le restituyan el daño que les causa la soledad catódica. "Intelijencia, dame el nombre esacto de las cosas", proclamaban, junto a rosas amarillas, un par de horas después y yo pensaba en aquella señora, en su camino de vuelta a casa, en su poca vista y cortos pasos, en su vuelta al mutismo y en el fin de sus días sin compañía. Y dejé, lo confieso, que las palabras del Nobel moguereño me trasladaran a un espacio donde lo único importante es la Belleza. Ojalá, y algún día, también ella sienta esta liberación de lo mundano.

lunes, diciembre 08, 2008

Andalucismo

A veces hago un juego con mis amigos o compañeros: les pregunto en qué momento histórico les gustaría haber vivido. Espero a que den sus respuestas y después les doy la mía: La Transición Española (siendo periodista, claro).
Este mes de Diciembre trae el recuerdo de un día importante de aquel tiempo: El 4 de Diciembre de 1977, una fecha tan importante como simbólica para los que nos interesa la historia del andalucismo. Para mí esta fecha es una fotografía: la de mis padres y otra pareja de amigos portando dos banderas blancas y verdes en la calle que da a la plaza de Cortegana. Tan jóvenes, tan testigos de su tiempo (sus ropas, sus pelos...), tan ilusionados.
Pero el 4 de diciembre son muchas más cosas. Es Caparrós, es Pacto de Antequera, es el principio de uno de los fenómenos más interesantes de la história democrática española: El Estado de las Autonomías y la inclusión definitiva de Andalucía en este proceso. Es todas y cada una de las personas que, entonces, como ahora, apostaron por el andalucismo, un término que se ha revisado hasta la saciedad y que como opción política no termina de dar respuesta a las inquietudes de los andaluces (quizá nunca empezó siquiera a darlas).
Y es también sensaciones, emociones y sentimientos de los que vivieron aquel proceso y de los que hemos nacido en Democracia, con una descentralización política cada vez mayor que hace de las administraciones autonómicas unos entes fuertes. Los mismo que miramos esa foto con esas sonrisas y esas banderas de los que después hicieron de nosotros los habitantes de una Andalucía cada vez más cambiante.

viernes, diciembre 05, 2008

Dame una tregua

Si una fría mañana de diciembre le cuentas tus inquietudes a una persona porque necesitas, en realidad, escucharlas salir de tu boca. Si esa persona te escucha y por la tarde te envía esta canción, entonces es que esa persona ha entrado en tu universo emocional y, de repente, lo ha revuelto todo. Ya, para siempre, no hay vuelta atrás. Así se fraguan las grandes amistades.

miércoles, diciembre 03, 2008

La solidaridad

La solidaridad tiene un olor. Yo lo he percibido pocas veces en mi vida. Una de ellas cuando abrí las puertas de Educación Sin Fronteras, una ONG con la que comencé a colaborar hasta que mis cambios repetidos de horarios, las oposiciones y el traslado a Huelva me lo pusieron muy dificil. Educación Sin Fronteras se centra en conseguir uno de los puntos de los Objetivos del Milenio que la Onu se propuso para 2015, concretamente el segundo: lograr la enseñanza primaria universal. Pero hay siete más. En total son éstos:

Recordaba el olor de la solidaridad a raiz de que repasando unos apuntes he vuelto a encontrarme con estos objetivos de desarrollo del milenio para los que apenas faltan cinco años. Los autores del libro coinciden en que esta iniciativa (lo cito literalmente) " significa dar el último paso, hasta ahora, en el abandono de las política de desarrollo". Y yo, que creía en los objetivos del Milenio porque en nada son reprochables, creo que coincido con estos autores.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, los paises más favorecidos comenzaron a prestar ayudas, la mayoría de ellas económicas, a otros países más necesitados. El objetivo de estas ayudas era siempre el desarrollo del pais ayudado. Los intereses que se escondían detrás eran muchos y muy variados. Un ejemplo clarificador y con clave nacional es el sistema de ayudas que propuso el Vicepresidente americano Marshall que dio la idea para la genial película de Berlanga.

A partir de cierto momento, la situación de pobreza de algunos países fue (y sigue siendo) tan alarmante que lo inmediato le ganó la batalla a lo necesario. Ahí cambió todo y, como decía el texto, las políticas de desarrollo pasaron a un segundo plano porque lo prioritario es, entre otras millones de cosas, los ocho objetivos que propone la ONU, en los que, por cierto, se pone el acento de forma muy significativa en el papel de la mujer.

Y una cosa me ha llevado a la otra en un hilar pensamientos que me han hecho recordar uno de los posters que había en la sede de esta organización, que yo me llevé y colgué en la redacción donde entonces trabajaba y que decía así:

"Si todos los niños y niñas del mundo se unieran, tendrían más poder que cualquier gobierno... Las promesas hechas a los niños nunca deberían ser rotas"

lunes, diciembre 01, 2008

La Profesión


Había una vez un periodista en una multitudinaria y ruidosa redacción de periódico que me sorprendió con un regalo en forma de tachones rojos sobre la hoja del día. El mismo que después me habló de las galeras, de la canalla y las trincheras, de la Profesión y del Compromiso en unos almuerzos en un bar de menús de la calle Imagen. El mismo que se ha hecho un blog en el que escribe lo que siempre hizo con su vida y pone, entre otras reflexiones "El mayor acto de valentía es, sencillamente, decir la verdad, con la palabra y con la vida". El mismo que nunca ha escuchado las tentadoras llamadas que venían del poder. El mismo que me dijo un día, cuando yo no era más ni menos que una de las decenas de becarios que pisábamos aquel periódico, que si quería algún día ser escritora tenía que escribir a diario. El que me regaló libros tan valiosos como sus conversaciones. Con ellos me descubrió a C.S. Lewis, a Marco Aurelio y al mismísimo Principito y con ellas me enseñó cuatro o cinco leyes básicas de la vida como que el vodka con zumo de naranja es bebida de anestesista. El mismo que me hablaba de filosofía, de conspiraciones y de oportunidades. El que me dijo, todavía no sé bien porqué, que se notaba en mis cicatrices que yo serviría para esto.
Y hubo otro día otro periodista que, cuando escribí en una noticia la manida expresión "en este marco incomparable" me espetó: "Hay dos tipos de periodistas, los buenos y los que escriben marco incomparable". El mismo con el que sellé una amistad cómplice a varios metros de distancia. El que distinguía entre periodistas, redactores y licenciados. El que me mostró a Kapuscinski, por fin, y me animó a buscar La Belleza con una canción de Aute y otra de Silvio Rodríguez que son dos grandes emblemas en mi vida. El que sustentaba la cuerda en la que me apoyaba y que estuvo ahí cuando quisieron cortarla. El que me dio la oportunidad de trabajar por primera vez de periodista y dio conmigo el último paso con el que dejé atrás mi primer trabajo. El que no dejó que la informática le ganara la batalla y aprendió a mandar preciosos poemas y canciones por la Red. El que, cuando las circunstancias fueron adversas, se pasó al lado de la solidaridad.
Y esos dos periodistas, cada uno a su manera, me mostraron los grandes encantos de una profesión a la que amo sobre todas sus miserias. Me legaron principios que no me enseñaron en todos los años de la facultad. Quiso el destino que pusieran sus ojos sobre mí y aquí sigo, a vueltas con la vida, las palabras, la profesión y el compromiso.

domingo, noviembre 30, 2008

Las leyes de la lógica

Cada día descubro que hago, digo o pienso más cosas que no explica la Lógica. Algunos de mis amigos dicen que estoy colgada. Puede ser. Quiero pensar que me estoy liberando de ciertos corsés y olvido lo mundano con la misma facilidad con la que empredo nuevas empresas y me ilusiono con cualquier cosa o con cualquier persona.
Cometo muchas imprudencias como pensar que todo el mundo es buena gente hasta que demuestre lo contrario o mostrar mis sentimientos y contar mis experiencias a las primeras de cambio.
Canto, rio a carcajadas, beso, abrazo, conspiro, expreso con los ojos y busco complicidades, digo las cosas con sujeto verbo y predicado y cada vez más verbalizo lo que pienso porque no me perdono dejarme dentro nada que puedan hacerme daño. No critico a los demás por lo que piensan de mí porque la opinión es uno de los valores que más respeto en la vida.
Intento no darle importancia las cosas materiales. Como, bebo, gasto y visto lo que hay y jamás echo de menos lo que no hay. Cuando estoy en un sitio precario en comodidad o higiene pienso en viajar a África y me vuelvo fuerte como un roble.
Reconozco que soy vulnerable a muchas cosas: las cucarachas, la soledad y los dolores y humores premenstruales, entre otras.
Odio los coches que corren por las calles con las ventanillas bajadas y la música a tope y a los cuatro chavales con lo que me acabo de cruzan por la calle que iban dandole golpes a los coches y los letreros de las tiendas armados con palos. Odio el olor de la celulosa, el de las industrias del Polo y las balsas de fosfoyesos. Odio a los machistas y los intolerantes. Odio también a los que apelan a grandes valores como la Familia, la Seguridad o la Nación para ganar votos. Odio a los que jamás argumentan las cosas que dicen porque piensan que las suyas son verdades universales.
Disfruto con la carretera que va del Cruce de Santa Ana a Cortegana pasando por Almonaster, con el solecito que me dora la cara mientras bebo un tinto de verano con unos amigos un mediodía de fin de semana. Disfruto con la buena conversación y con las personas que se muestran como son y logran sorprenderme. Con las que no tienen maquillajes ni grandes artificios. También con las que me quieren y a las que quiero sin condiciones. Disfruto con las bibliotecas y las tiendas de libros y con la lectura reposada de los periódicos en las mañanas de los fines de semana. También con el azahar que me calienta los sentidos y anuncia que llega el buen tiempo. Disfruto con el chocolate, con las caballas, los cuadros de Gustav Kilmt y con las verbenas de las aldeas. Disfruto con las canciones de Sabina y los pasodobles carnavelos.
Tengo mil defectos, quizá mil uno, que no sé si cambiaré algún día. Quizá no sea posible. Exijo por que me entrego y hablo porque comprendo. O eso creo. Respeto la intimidad de los que me rodean y pocas veces los juzgo. Demasiado tenemos ya con nuestra propia conciencia. Yo intento que la mía lo haga conmigo nada más que lo justo.
Me gustaría aprender de mis errores. Por ahora sólo intento reconciliarme con ellos y duermo bien por las noches.
Cuando la lógica me desaconseja hacer cosas a las que me arroja la emoción, nunca la escucho.
Y así voy viviendo.
Y, por ahora, el balance es positivo.

lunes, noviembre 24, 2008

Menos luces

Justo a falta de un mes para la Nochebuena, un colega, Ángel Romero, me ha enviado este mensaje:
¿Qué opinas de las luces de Navidad?
En San Sebastián han decidido eliminar toda la iluminación navideña.Un plan de ahorro que en Barcelona y Madrid no piensan seguir. La ciudad condal iluminará sus calles un 20% más que el año pasado. Comerciantes y Ayuntamiento han llegado a ese acuerdo para frenar la crisis que se espera en esta campaña navideña. En Madrid, el ayuntamiento se gastará 4,6 millones de euros en iluminación navideña, 600 mil euros más que en 2007. Eso sí, las bombillas son de bajo consumo y ecológicas para reducir las emisiones de CO2.
Y le he contestado así:

Opino que las luces de Navidad son totalmente prencindibles, pero ocurre que los comerciantes manejan algún tipo de estadística que pone en relación una iluminación más barroca con mayor número de ventas. Sea lo que sea, también en esto, si se actuara de forma un poco más racional, podría ahorrarse dinero y sobre todo energía. Los datos que se manejan a día de hoy (yo también he vista esta sobremesa el Telediario) dan miedo. Podrían hacerse tantas cosas con esa pasta y, la verdad, responderían mucho más al espíritu navideño.La clave, para que al consistorio que fuera no se le echaran encima los vecinos ávidos con la fiebre consumista que llega de la mano de la navidad, podría ser lanzar el mensaje de que ese ahorro de luces va a revertir en más dinero para otro tipo de actuaciones, más pegadas a sus necesidades.

Podría ser, digo.

Aplaudo la iniciativa de los donostiarras.

Me parece un debate interesante porque se trata de un error en el caemos año tras año. Todo se llena de luz, de música, de centros comerciales abiertos hasta en días festivos. Nos metemos en una ola de la que no somos capaces de bajarnos. Ocurre, un poco como en las bodas.
Dos amigos de Aroche, cuando se casaron, pidieron a los invitados que el dinero que tenían pensado regalarles lo ingresaran en el número de cuenta de una ONG que venía en la invitación. Me pareció una iniciativa valiente y también una excelente forma de hacer que los invitados se sintieran partícipes de la solidaridad de los novios. Pues con esto, igual. Haría falta un mensaje claro y mucha capacidad para ilusionar.

El paraíso

Para los profanos, Noviembre no tiene por qué sonar a Febrero, ni tampoco Diciembre, ni tan siquiera Enero. Pero todos estos meses, todos escritos con mayúsculas, son meses de culto para los carnavaleros. Faltan cuatro meses para cantar en el Capitol, pero El Paraíso está tomando forma. Somos muchos los que participamos en este sueño. Estáis todos invitados.

domingo, noviembre 23, 2008

La buena vida

Quedan un par de minutos para quedarme dormida después de un movido fin de semana que empezaba con una cena con compañeros de trabajo en un restaurante del centro de Huelva al que asistió Alejandro, un periodista mexicano de El Universal, el más antiguo de los periódicos de aquel país.
Con Alejandro hablamos de la situación política y periodístca de México, de Chiapas y de cine. Pero lo más divertido, al menos para mí, fue cuando me confesó: "Tú, en mi país, serías un suceso". Le pregunté el por qué. "Con esa voz, esa dulzura con la que hablas y moviendo toda la cara y todo el cuerpo. Eres histriónica. Serías un suceso".
Sabía que era expresiva al hablar pero no imaginaba que jamás iba a causar en nadie esa sensación. Nos entretuvimos analizando esta vez los acentos. La noche del martes habían tocado los insultos.
Han sido unos días que han llenado Huelva de actividad cultural, cine e intercambio. En mi rutina han imprimido el ritmo frenético de apenas dormir unas horas y de descubrir nuevas gentes, nuevas perspectivas y nuevos garitos.
P.D: El de arriba es Andrés Wood recogiendo el Colón de Oro por la Buena Vida.

jueves, noviembre 20, 2008

Gente de Cine

El Festival de Cine Iberoamericano de Huelva ha pasado su ecuador y tengo que reconocerlo: Todavía no he podido ver ni una sola película. Entre la vergüenza por no verlas y la culpabilidad por llevar dos noches de copitas a costa del Festival se están sucediendo los días y yo no hago por sacar tiempo.
Están pasando, por fin, en Huelva cosas interesantes. La ciudad se ha llenado de gente de cine. Anoche conocimos a dos productoras, una argentina y otra mexicana y un distribuidor también argentino, todos de la factoría Disney. El chico nos confesó que es él el que le pone los nombres a las películas de esa casa para ser distribuidas por América Latina. Se refirió a "El juego del Miedo", por ejemplo. No sabíamos de qué peli hablaba hasta que nos dimos cuenta de que en España se le ha llamado Saw. Curioso.
Pasamos parte de la noche enseñandono mutuamente insultos locales, mostrándoles los sabrosos caminos del tinto de verano con limón (que no sé por qué a las chicas les pareció la mejor de las bebidas del mundo) y escuchando sus quejas porque el vuelo transoceánico les había robado siete horas de sus vidas.
La noche anterior me dio la madrugada en un bar al que estaba deseando ir: 1900. En una enorme pantalla daban un concierto acústico de Norah Jones, en las paredes colgaba una interesante exposición de fotografías y en una vitrina enseñaban los títulos que habían sido presentados en ese bar decorado a lo Cow-Boy. Hasta ahora apenas los conocía, pero los cuatro que compartimos mesa y reflexiones en esa noche de martes sellamos una amistad cómplice.
Y me remonto al lunes por una frase. La escuché en mitad del informativo en las palabras de la directora de una película especialmente violenta que justificaba la presencia de ésta en la cinta para condenarla y terminar diciendo: "Lo que hace falta son más flores, más libros y más abrazos".
Totalmente de acuerdo. Más flores, más libros y más abrazos.
Yo, por lo pronto, me he pedido para Reyes un limonero.

lunes, noviembre 17, 2008

Serendipias

Serendipia... serendipia... A mí tampoco me sonaba de nada esa palabra hasta el martes pasado. Me metí en la biblioteca y empecé a hojear el número de noviembre de Qué Leer. En la página 48, sobre una ilustración de un señor escribiendo titulaban el reportaje: "Serendipia literaria".
De "serendipia" no dice nada el diccionario de la RAE, pero tendrá que decirlo. Tiempo al tiempo. Las serendipias son una especie de profecías involuntarias y ocurren en la literatura más de lo que no creemos. No se cuenta como serendipia que Julio Verne escribiese que el hombre llegaría a la luna, ese tipo de obras las denominan en el reportaje "novelas de anticipación".
Una serendipia es por ejemplo ésta:
(...) Edgard Allan Poe, en cuya novela ‘Las aventuras de Arthur Gordon Pym’, publicada por primera vez en 1838, profetizó un hecho absolutamente imposible de adivinar. La parte de la obra que aquí interesa versa sobre el naufragio del bergantín Grampus cerca de las islas Maldivas. Cuatro sobrevivientes quedan a la deriva en un bote y uno de ellos, temeroso de no alcanzar la costa con vida, propone a sus compañeros que se sorteen quién deberá dejarse matar para que su cuerpo sirva de alimento a los demás. La propuesta proviene de un personaje llamado Richard Parker y precisamente será él mismo quien pierda la apuesta, convirtiéndose en objeto de canibalismo de sus compañeros. Pues bien, casi medio siglo después de la publicación de aquella novela, en concreto el año 1884, la prensa francesa se hizo eco del naufragio de la goleta británica Mignonette cerca de las islas Sandwich. Cuatro personas sobrevivieron gracias a una barcaza que los mantuvo a la deriva durante varias semanas. Los ocupantes alcanzaron tal punto de sesperación que en cierto momento decidieron comerse a un grumete de 17 años que, no teniendo familia a la que mantener, parecía el más indicado para sacrificarse en pro de los demás. Extrañamente, el marinero víctima de dicho canibalismo se llamaba Richard Parker.
Impresionante. Hay más que a mí me han parecido muy divertidas. Por ejemplo:

Otra de las ‘serendipias literarias’ más comentadas por los amantes de lo misterioso es la escrita por el norteamericano Lester del Rey, nombre abreviado de Ramón Felipe San Juan Mario Silvo Enrico Smith Heartcourt-Brace Sierra y Álvarez del Rey y de los Uerdes, un escritor sin éxito que en 1954 publicó ‘Viaje a la Luna’, novela en la que imaginaba que la nave espacial Apolón aterrizaba en la Luna y que el comandante Amstrom ponía el primer pie humano sobre dicho satélite. He aquí un extracto del principio de la novela: ‘La nave Apolón se posó en la superficie de la Luna. Tras varios pequeños brincos pudo estabilizarse. Se abrió su rampa y por ella descendió el comandante Armstrong para pisar por primera vez el suelo de ese mundo desconocido’. Se dice que, cuando el auténtico comandante Neil Amstrong hubo terminado de leer aquella novela barata, se limitó a encoger los hombros. Evidentemente, Lester del Rey jamás explicó cómo había adivinado el nombre del astronauta, ni tampoco cómo se había aproximado tanto al de ‘Apolo’.

Hay muchos más casos, también en la ciencia, en el cine y son todos igual de inexplicables. Una muestra, quizá, de la capacidad sin límites de la imaginación humana que sólo a veces es alcanzada por la realidad.

jueves, noviembre 13, 2008

López Pereira

Hice la carrera en cuatro años de los que apenas he sacado un tímido buen recuerdo ligado a un nombre: Federico López Pereira. Es lo que ponía en el papel que nos entregó nuestro profesor de "Técnicas de investigación periodística" con el asunto del reportaje que teníamos que hacer si es que queríamos aprobar. Recuerdo que mi compañera, Haridian (de Las Palmas) y yo nos miramos mostrandonos mutuamente nuestro asombro. Ni idea de la persona que se escondía tras ese combre y esos apellidos.
Ahí comenzó una de las aventuras periódisticas más interesantes de mi vida, mucho ante de dedicarme profesionalmente al periodismo. En poco tiempo, gracias a la ligera mención que de él hacía la página de la Asociación de Escritores Huebra (a la que curiosamente yo pertenecía por entonces cuando parecía que mis primeros relatos podían conducirme a algo más ambicioso) descubrimos que se trataba de un escritor de los que formaban el grupo de los "narraluces". Llevaba fallecido desde 1981 y casi 25 años después teníamos que encontrar su pista y hacer un amplio reportaje.
Tuvimos la oportunidad de concertar una cita con algunos de estos escritores andaluces de la generación de los 60 y 70 en Andalucía. Haridian, mi compañera, se encargó de Requena y Cózar. A mí me tocó en suerte compartir uno de los más interesantes cafés que me he tomado en mi vida con Vaz de Soto en la terraza de La Raza, entre el Casino de la Exposición y la Plaza de España de Sevilla. Hablamos de literatura sobre todo. Habló él, claro, pocas o ninguna razón tenía yo para cortar del discurso que hilaba la preciosa voz de Vaz de Soto. Han pasado de aquel encuentro unos cinco años y recuerdo como si tuviera delante al escritor paymoguero: su barba blanca, su elegancia y su cuidado lenguaje. Había escuchado hablar de él en las clases de literatura del instituto y ahora compartía con él una preciosa tarde que él, además, convirtió en una amable experiencia.
Uno de los entrevistados de mi compañera le puso sobre la pista de la esposa de nuestro protagonista. López Pereira dejó cuatro hijos y una jovencísima mujer que entonces tenía un bar por el entorno de la Catedral llamado Rayuela. Me propuese encontrarla. Recorrí los portales de la calle de Miguel Mañara y llamé a algunas puertas. Nadie había oído hablar de la viuda. Me metí en todos los bares abarrotados de guiris hasta que en el último, el propietario me confesó que él le cogió el traspaso del bar a una señora que vivía por El Tardón.
Al día siguiente recorrí una por una las casas de este barrio trianero, mitad blanco, mitad rojo, que ha dado célebres artistas como La Pantoja. Al principio decía:
-Hola, buenas tardes: ¿A usted le suena que viviera en este barrio la viuda de un hombre que se llamaba Federico López Pereira?.
Cuando me cerraron las puertas de todas las casas de El Tardón con un NO llegué casi sin voz a la siguiente, en la que tan solo decía
-¿Federico López Pereira?- Ya sin fuerzas para las presentaciones ni la pregunta completa.
-Ahora no se encuentra en casa- Me contestó un joven de unos 30 años con coleta al que casi ni había mirado.
Abrí los ojos con sorpresa.
-¿Cómo va a estar si murió hace más de 20 años?
-Perdona- Me dijo- Creía que preguntabas por mi hermano Federico.
Di con la casa de la familia del escritor, le expliqué a su hijo Andrés, el pequeño de los cuatro, a su viuda y a la nueva pareja de ésta mis propósitos. Empecé a acudir casi cada tarde a la casa. Entrevistamos a Carmen, todavía joven y con aire desenfadado que se quedó efectivamente viuda muy joven, con dos niños y dos niñas. Ella nos surtió de material fotográfico y hasta nos prestó los libros, los 4 que publicó el autor (del que no he dicho que llegó a ser finalista de un Premio Nadal, aunque eso no aparezca en Google).
En una de las tutorías con el profesor en la que le contamos, entusiasmadas, nuestro hallazgo, él nos retó a que descubriésemos con qué conocida mujer del momento mantuvo este escritor una relación amorosa.
En la fase de redacción del reportaje, acudía a tomarme a menudo unas tapas con Carmen en las plazoletas de El Tardón. Me hizo prometerle que le haríamos llegar una copia del reportaje en el que estaba tan entusiasmada como nosotras.
Por fin lo terminamos y se lo entregamos al profesor. El día de las notas nos dijo:
-Os he puesto un nueve porque para el diez os ha faltado el nombre de la amante.
-No lo hubiésemos puesto aunque lo hubiéramos sabido- Le contesté.
Y ésa fue de las primeras veces que se cruzó en mi vida un valor que es fundamental para los que nos dedicamos al periodismo: la ética.

martes, noviembre 11, 2008

Entre líneas

Esta mañana, una tertulia de la radio nacional remitía a sus oyentes a este artículo de La Vanguardia. Que dice, entre otras cosas, esto:
Un intelectual formado en Harvard, retórico y espontáneo, regresa a la Casa Blanca después de casi medio siglo de mediocridad cultural al frente del país (...) Obama es un intelectual pragmático. (...) Detrás de esta belleza oratoria hay un pensamiento que se expresa con algunos gramos de humor pero con gran sentido práctico. (...) Sería interesante que personas con ideas regresaran a la política.
Y tanto que lo sería. Que volvieran las ideas a la política y que, con ellas, volviera la vida y hasta la poesía; y que, juntas, derrotaran a las fotos, las chaquetas, los golpes de efecto y hasta los cojones encima de la mesa. Que vuelvan, si es que alguna vez estuvieron, el Compromiso y la Palabra.

jueves, noviembre 06, 2008

Una visita

Dos palomas han venido a saludarme, es lo que tiene vivir en un séptimo tan cerca de la mayor iglesia de Huelva. He escuchado el aleteo de una de ellas tratando de salir de mi balcón. La otra miraba la escena colgada de la persiana. Reconozco que me han dado pánico. Todos los animales me lo dan. Carezco de amor por los animales. No sé lo que es, aunque entiendo que haya personas que puedan tenerlo. Es como si careciera de un sexto sentido que ahora, además, está muy de moda. Y cuando lo digo, utilizando ese tono que utilizamos los alcohólicos rehabilitados y yo en estos casos, nadie me entiende. QUIENSEA -Oh¡¡¡ Qué perro más bonito. YO - No me gustan los perros QUIENSEA - ¿Pero como puedes decir eso? La reacción es parecida siempre. En ese momento bajo un par de escalones en la escala de estima que sentía hacia mí mi interlocutor. No sé de dónde me viene esto. (Sería divertido que me lo descubriera un psicoanalista, a lo mejor daría con más cosas). Y eso que durante años conviví lo más civilizadamente que pude con una gata en casa de mi suegra. Cada una respetábamos el espacio de la otra. Ella nunca me molestó ni yo la molesté. Quizá algún roce en la pierna que yo le devolví con una caricia. Compromiso, supongo, más por su parte que por la mía. En fin... una ida de olla.

miércoles, noviembre 05, 2008

Change we need

Los primeros ecos radiofónicos me lo confirman: Barack Obama será el próximo presidente de los Estados Unidos. Una buena noticia para comenzar el día. Vuelven los demócratas y el país con mayor mestizaje del mundo ha logrado, por fin, romper las barreras raciales.

Ahora, solo le queda, cumplir lo prometido. Tarea dificil hasta para el negro que lleva por bandera el cambio y la esperanza.

domingo, octubre 26, 2008

Juegos de pareja

Durante estos días de tiempo libre he vuelto a leer teatro: ¿Quién teme a Virginia Woolf? me ha introducido en el alocado mundo de los juegos de pareja. Llevada por el ambiente de la obra le propuse una especie de acertijo a mi pareja, un juego del que él no se imaginaba que iba a formar parte. Le dije el pasado martes por la noche: "ojalá algún día me quieras como quiso André Gorz a su mujer" Se lo solté así, sin más, mientras yo veía la televisión y él navegaba por internet. Los dos, aburridos, en el salón de casa. Como él no se percató de que se trataba de un juego, se lo repetí varias veces durante la noche. Lo llegué a cansar y nos acostamos con un "¿quieres dejarme ya, Paloma?" que no acabó con mis ganas de seguir con el juego. La siguiente noche, la del miércoles se lo repetí: "ojalá algún día me quieras como quiso André Gorz a su mujer". "Una pista, añadí, Carta a D". Nada de nada, no aceptaba el juego ni quería resolver el enigma. La noche del jueves volví a atacar. "Se trata de un juego, le dije, tienes que resolver el acertijo, adivinar por qué te lo estoy diciendo". Me dijo que no le interesaba en absoluto y yo le reproché que estaba traspasando la línea que separa a las personas sencillas de las simples. Le argumenté que lo abstracto, las preguntas, las conversaciones a veces absurdas son las cosas que yo considero importantes en la vida. Todavía tenía que pasar una noche más para que esta mañana, al despertarme y acudir a mirar el correo me encontrara un email de Grego con Te quiero por asunto y el siguiente contenido:
Acabas de cumplir ventiséis años. Sigues siendo bella, graciosa y deseable. Hace ocho años que vivimos juntos y te quiero más que nunca. Recientemente me he vuelto a enamorar de tí otra vez y llevo dentro un vacío desbordante que no logra colmar más que tu cuerpo apretado contra el mío. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos.
Me he emocionado. Grego ha entrado en el juego y ha quedado tan atrapado en él como yo misma. Se trata del comienzo de Carta a D., el libro en el que a sus 83 años, André Gorz le declara su amor a su esposa, Denise, enferma terminal y que comienza así:

Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante, deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de tí una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que sólo sacía tu cuerpo apretado contra el mío. (...) Espío tu respiración, mi mano te acaricia. A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos.

El mes pasado se ha cumplido un año del suicidio del intelectual que decidió amar a su mujer más allá de la muerte y que a mí me ha servido para dejarme sorprender por mi pareja. He tenido a Albee y a Gorz en la mente durante el paseo que nos ha llevado, pedaleando por el centro de Sevilla, divertida y deseosa de recorrer con Grego los años que nos quedan por delante.

domingo, octubre 19, 2008

Las palabras

Cuando era una estudiante de primero de periodismo acompañé a una de mis compañeras a la casa de un conocido periodista de un diario nacional. Se trataba de una incursión clandestina, una especie de allanamiento de morada. Ella tenía la llave de la casa (era la encargada de echarle de comer al gato y regar las flores mientras la familia estaba de vacaciones) y consideró, no sé por qué, que aquel piso de Felipe II iba a interesarme. Cada vez que, todavía hoy, leo los artículos de opinión de este periodista sevillano, recuerdo la sensación que me produjo aquella visita: los cuadros, los discos de grupos de los que yo jamás había oído hablar, el enorme piso y, sobre todo, las pilas de libros sobre las mesillas.
Esta semana he pasado por delante de aquella casa con mi nueva bici antigua. Disfruto de un tiempo libre, gracias a la convalecencia, que me está haciendo disfrutar de los pequeños detalles de una forma cruel: los paseos, las visitas a casa de los amigos, el vinito dulce en el Altozano, una comida en el Parque de María Luisa, las horas en la biblioteca, los café, el teatro, el cine, los besos, los tazones de cereales... Vivo cada momento como si ya lo echara de menos y el placer que experimento trae tras de sí un reguero de melancolía. Lo mejor de este tiempo libre, sin duda, los recuerdos, que vuelven a mi memoria en la misma medida en la que baja mi nivel de estrés. De ahí que me haya visto a mí misma a mis 18 años recién cumplidos recién llegada a una ciudad que deseaba hacer mía para disfrutar de todas sus posibilidades. He podido recordar los paseos kilométricos con los que memorizamos el mapa, el piso de la Calle Procurador, el frutero que lo traía todo de Umbrete como si Umbrete fuera la mejor huerta del mundo, el ciber-café aquel que hoy es el único bar heavy de Sevilla... Qué gusto guardar todavía unos recuerdos que ni sabía que tenía. Qué gusto que siga esta Triana cambiante y artificiosa, este mundo aparte de Sevilla, que en realidad es el centro de su mundo. Y con Triana el Arenal, la Alfalfa, la Alameda, Nervión, Avenida de la Constitución, Plaza San Francisco, Puerta Jerez, Parque de María Luisa, toda la Sevilla monumental y esa esquina de la calle Felipe II en la que quedamos aquella mañana mi compañera de clase y yo para descubrir el gran misterio de los que se ganan la vida con las palabras cuando yo era apenas un esbozo de lo que soy hoy, cuando ni intuía siquiera que, con los años, intentaría ganarme las palabras con mi propia vida.

viernes, octubre 17, 2008

Buen teatro

Llevaba un rato aplaudiendo y todavía tenía el corazón en un puño. Segundo saludo de los 18 actores que conforman el elenco de La Cena de los Generales. No se van del escenario. Salen los que siempre están entre bambalinas y, con ellos, los dos protagonistas de la obra que raras veces se suben a un escenario salvo en días como hoy de estreno absoluto: el director y el autor de la obra. Miguel Narros, en el centro recibe los aplausos y las bellas palabras de José Luis Alonso de Santos que nos hablaba al público de Sevilla como si no acabasen de pasar casi dos horas y media de auténtico teatro, sino como si hubiésemos estado todo este tiempo en una reunión de amigos.
Y así ha sido, porque a veces eso tiene el buen teatro. Desde la primera fila del anfiteatro he visto las lágrimas de los actores, agradecidos tras la prueba de fuego que para ellos supone una noche de estreno (no he dicho que cuando faltaba un minuto para empezar, en el palco donde estaba sentado Manuel Molina, una señora se presignaba). Cuando la enorme y preciosa lámpara que domina el techo del Lope de Vega se ha encendido y he podido ver los ojos húmedos de los que todavía aplaudían a mi lado, he tenido una revelación, de esas que ocurren cuando tu espiritu ha estado durante un rato lejos de tí, concentrado en otra cosa y vuelve a tí otra vez para tomar juntos el camino a casa.
Me he visto a mí misma, a mis 17 años, en un viaje iniciático a Sevilla a las puerta de la Escuela Superior de Arte Dramático, que entonces estaba en la Sevilla del 29, decidida a echar la matrícula porque había tomado la elección de dejar mi vocación primera, la del periodismo, por otra que me tiraba con más urgencia y necesidad, la del teatro. No tuve el valor necesario para hacerlo entones y todavía, a pesar de los años, no me he quitado la espina hasta esta noche, cuando la luz de la lámpara del Lope ha hecho que mi espíritu vuelva a mí para darme cuenta que en realidad, lo que yo siempre ha querido es ser espectadora de teatro, arropada en la oscuridad y mecida por el gesto y la palabra de los que saben cómo se hace un oficio para el que han nacido y se han formado masticando tablas.
La Cena de los Generales es un ejercicio de teatro, historia, literatura y libertad. Leía unas declaraciones del autor esta tarde en las que decía que había tenido el manuscrito guardado durante años en un cajón por miedo a que nadie se atreviera a llevarlo a escena. Miguel Narros, el gran Miguel Narros, a sus ochenta años, ha sido el valiente. Dice Sancho Gracia, unos de los actores principales, que en cuanto leyó el guión dio el sí, movido también por cuestiones personales. Bendita fue la hora. Bendita la obra que me tiene escribiendo a la una y media de la noche en vez de estar acostada. Benditos los que pueden hacer que pasemos de la lágrima a la risa y de la risa a la lágrima. Bendito, por siempre, el teatro.

domingo, octubre 12, 2008

Lápidas

El viernes acompañé a mi abuela a visitar su futura residencia. Tiene vistas a la de su hermana Juana, al lado de un tal Genaro o Gerardo y otro hombre. El número 10 de la calle 4B. Una segunda fila. Por lo visto, según mi abuela, es la mejor fila para que los que tenemos que cuidar de su nicho en el futuro, lo hagamos con facilidad.
Pasear con mi abuela por el cementerio es algo que hago cuando puedo. Esta vez nos acompañaba Manolo Viruta, un auténtico personaje corteganés con el que me he criado, que desde hace aproximadamente una década se encarga del cementerio. Bohemio, fumador y republicano, me señalaba la lápida de azulejos verdes en la que se leía el nombre de Salvador, más bohemio todavía que él, de Cortegana pero sin casa ni patria, que murió en 2002 olvidado por el mundo: "Aquí todo el mundo tiene una lápida. El pobrecito al que no se la ponen, se la hago yo. Ésta de Salvador tiene hasta el trócolo dibujado".
Viruta es una de las personas de mi pueblo que más puede entender de memoria histórica. Me señalaba los lugares donde él sabe que se encuentran las fosas comunes. Paseábamos sobre ellas. Dice que alguna vez vinieron unos historiadores que querían empezar a investigar, pero que nunca lo hicieron: "Las empresas que se encargan de esto son unas piratas. Tienen la maquinaria pero se quedan con el dinero y se dan el piro". En el cementerio hay un monolito que recuerda a aquellos muertos con unos preciosos versos de Miguel Hernández.
Creo que no hay epitafio más bonito que un poema de Hernández. Mi abuela no piensa como yo. Para ella, que afronta los años de tregua que le da la vida lo mejor que puede, es muy importante tener un nicho en la segunda fila. Mi madre pagó por él 75.000 pesetas, las que vale todavía. A ella le costó su primer nicho unas 15.000, pero tuvo que ser ocupado por otra persona de mi familia que nos cogió de sorpresa que entrase en los planes de la muerte. A mi abuela le hubiera gustado no habérselo cedido. Mi madre le devolvió el favor con esta segunda residencia eterna, con vistas a la de su hermana, a la que el tiempo, en esos 15 años de diferencia, había encarecido bastante más del IPC.
Me hablaban Viruta y mi abuela de que hay bastante gente del pueblo que no puede pisar el cementerio porque les impone. Yo creo que es uno de los sitios donde más se aprende de historia, sobre todo de las anónimas que al final son las que conforman la gran historia del pueblo.

viernes, octubre 10, 2008

La ilusión

Toda personalidad tiene una serie de rasgos que la identifican. La mía, por ejemplo, que soy poco constante (con un par de excepciones que justifican la regla, véase los casi 10 años de relación con Grego y este blog que alcanzará pronto los 4 años) y que me ilusiono con cualquier cosa. Sí, tengo el umbral de la ilusión muy bajo, así que es muy fácil sorprenderme.
Por ejemplo: Hace algunas semanas tuve una revelación en forma de bicicleta antigua. Tuvo que ver un poco todo: la nueva peli de Woody Allen y un compañero de trabajo al que ayudé a transportar una bicicleta vieja entre Huelva y Sevilla. Me decidí: "voy a comprarme una bici antigua, la traeré a Huelva e iniciaré un movimiento verde en el que la gente cambiará los volantes por los manillares".
Le conté mi propósito a Grego y, después de reirse de mi, recordó que todavía conservaba en su casa la bicicleta que sus padres le regalaron por la comunión. Era una señal. Esa bicicleta era para mí. El camino que separa Sevilla de Cortegana lo pasé imaginándome la bici. Cuando llegué, ya había contagiado mi entusiasmo no sólo a Grego, si no también a su madre y a su hermano Abel, que se comprometió a arreglarla. Ahí estaba ella: vieja, dstrozada y herrumbrosa después de haberle pasado por encima los 22 años que separan el presente del momento en que Gregorio recibió su hostia primera. Una bandera de España que su padre le pegara en el hierro delantero da fiel testimonio del tiempo y la familia en que fue recibida.
Y ayer, día de mis primeras palabras (demasiadas, quizá), al llegar por la noche al túnel del tiempo que es los bajos de la casa de mi suegra (donde pueden encontrarse desde la primera cinta que comparon hasta los deberes de catequesis de Palmira que hoy estrena los 28 años, por cierto), Abel me sorprendía con la bici arreglada: Las ruedas ruedan, los frenos frenan y al montarme en ella emite un agradable sonido a antiguo que me encanta. Sólo le falta la bombilla de la dinamo. Y así me dormí anoche, contentísima después de mi primer paseo nocturno a lomos de esa GAC de principios de los 80 que supone la primera herencia que me lega Gregorio.
Pues eso, que soy fácilmente ilusionable.

lunes, octubre 06, 2008

De anuncio

video

Tengo que reconocerlo: con este anuncio se me han saltado las lágrimas. No sé si es porque hace pocos días de la anestesia, porque hoy me han puesto una inyección de corticoides o porque se deja notar que en el Ministerio de Defensa manda una mujer, pero sea lo que sea éste es el mejor de los anuncios que podría hacerse para festejar un día de las Fuerzas Armadas con el que estoy completamente en contra. He dicho.

La Palabra

"En el principio era la Palabra". Así comienza uno de los libros más vendidos en el mundo que ayer se convirtió en protagonista del Prime Time de la televisión pública italiana, la RAI. 20 de cada 100 italianos que en ese momento estaban sentados frente a la televisión, eligieron ver el arranque de la primera lectura íntegra de la Biblia televisada. "En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios" comenzó diciendo el Papa Benedicto, al que luego están siguiendo otras celebridades italianas. Impagable ha tenido que ser ver a Roberto Benigni, el de La Vida es Bella o El Tigre y la Nieve, leyendo con su histrionismo el fraticidio de Caín y Abel.
Tres millones de espectadores vieron el arranque de este hito televisivo que durará siete días seguidos, exactamente los mismos que yo tengo que estar completamente muda. Paradojas de la vida. Tras milenios en silencio, 1250 lectores van a ponerle sonido a las palabras de La Biblia mientras que a mí me toca ponerle silencio a las mías. Un reto que voy consiguiendo gracias a una pizarra, a mi familia y a un mayor énfasis en los gestos.
Y doy fe de que en el principio era la palabra porque en estos días las que más trabajo me cuestan reprimir son las que van de la mano de las emociones, las que son un acto reflejo.

sábado, octubre 04, 2008

Una sombra alargada

Hace cosa de tres años, mientras mi compañero tomaba imágenes de recursos de una de las asambleas locales de IU en Camas, se acercó a hablar conmigo un joven que estaba por allí. Nos presentamos. Se llamaba Juan, era Policía Nacional y formaba parte de las bases de la coalición de izquierdas en Camas. Fue el que me ayudó aquel día a saber quién era quién.
Seguimos viéndono todas las demás veces. Siempre me saludaba con afecto. Solía acompañar al entonces alcalde, Agustín Pavón, allá donde fuera. Con los meses, y como los acontecimientos en Camas se sucidieron de manera vertiginosa, resulta que a Juan lo eligieron alcalde de Camas por Izquierda Unida. Ver sus fotos en los periódicos y los carteles electorales me pareció simpático. Entendí, como supongo que entendieron todos, que Juan Pazos era la cara tras la que se presentaba, otra vez, el proyecto de Agustín Pavón (el que ocupaba la alcaldía cuando estalló el Caso Camas). Hasta hace poco.
Descubro que las fisuras en una de las principales plazas gobernadas por IU continúan más abiertas que nunca porque jamás se cerraron. Hoy publica esto el periódico. Valderas tiene que estar hasta el gorro de este pueblo sevillano. No me extraña. ¡Qué lastima de Izquierda Unida y de estructura asamblearia! ¡Con lo bonito que es en la teoría y lo prosaico que lo hace la realidad!
En fin, que es la segunda vez en esta semana que el Caso Camas, dos años después de dejar de informar sobre él, se ha cruzado en mi vida. La primera, el domingo pasado, cuando estaba en la puerta de nuestra casa de El Rocío y se para un coche a preguntar una dirección. Era una familia. Una niña detrás, una mujer de copiloto y al volante, uno de los imputados en el Caso Camas, concejal del PP, que llegó a pasar incluso una noche en prisión por aquella trama. Lo reconocí y me reconoció. Cuando mis amigos le mostraron el camino me miró y me sonrió. Gracias, me dijo. Nada, le contesté.

miércoles, octubre 01, 2008

Fameseo Exprés

Antes, el rey de España podía pasear por las calles de una ciudad cualquiera sin que casi nadie lo reconociese. Cuentan que lo hacía Alfonso XII. Su cara estaba apenas en algunos cuadros y mal grabada en las monedas. Llegó primero el cine y algunos elegidos veían cómo, de la mano del éxito, llegaba la carga de la fama. El tubo catódico lo revolucionó todo. Tanto que ayer, mientras veía la televisión con mi madre, haciendo un zapping me paré en Telecinco. Hablaban de una chica joven, morena y algo violenta a la que yo no había visto en mi vida. Era seguida por los periodistas cancerberos con un celo que rozaba lo pantojil. No cambié de canal en más de 10 minutos y no paraban de hablar de la joven. Por fin, uno de los contertulios del programa dijo su nombre: Violeta Santander. Ni pajolera idea.
Se movía con desparpajo delante de las cámaras, se ponía bien el pelo, aparecía también sentada en un plató. No es que haya visto mucha tele ultimamente pero tuve la sensación de haberme perdido algo. Pasaron a comentar otros asuntos de su actualidad y me quedé sin saber quién carajo era aquella individua que se había colado en mi salón a través de la pantalla.
Por la noche, paseando con una amiga, su imagen vino a mi mente y pregunté por ella. Mi acompañante sabía que era la mujer que estaba siendo agredida cuando uno que pasaba por allí casi pierde la vida por librarla de una paliza.
Es puro morbo concentrado. Mientras el que hasta ahora era un héroe agoniza en un hospital, ella pasea palmito y menea melena por los programas de la carroña criticándolo. Ya la esperan en su puerta los paparazzi, ya cobra por hacer declaraciones (Seguro que le queda poco para la portada de Interviu)...
En menos de lo que duraba una escapada clandestina de Alfonso XII, esta tal Violeta Santander se ha hecho famosa... todo un símbolo de la postmodernidad.
En palabras de ese pitoniso llamado Andy Warhol:
"En el futuro, todos disfrutaremos de 15 minutos de fama"
... Que se queden con los míos...

jueves, septiembre 25, 2008

De pueblo

Hace un par de meses, en la mesa de al lado en la que almorzaba un mediodía de agosto en mi pueblo, trascendí el muro invisible que separa a los veladores de las terrazas y no pude dejar de escuchar una conversación. Un hombre y dos mujeres hablaban de la gente de mi pueblo. Los tres tenían acento forastero (esa expresión es muy corteganesa... y ya si se dice "forastero de fuera", es de nota). Pues eso, que tenían acento de fuera, aunque el hombre lleva ya más de 10 años viviendo en Cortegana. Escucharle a él hablar del pueblo que ha elegido para criar a sus hijas y vivir el resto de su vida me resultó curioso. Para mí es mi pueblo, sin más, porque es el pueblo de mis abuelos, el pueblo de mis padres, el de mis recuerdos de infancia (aunque haya vivido en otros lados), pero él lo ha elegido.
Decía una de las mujeres que era precioso, el pueblo y el paisaje. Él le decía que la gente es muy cerrada. Los hombres, vestidos de campo, hablando de los animales todo el día. Que no salían, que no viajaban, que creían que su pueblo era lo mejor del mundo porque no tenían nada más con que comparar. Las convenció totalmente. Acabó diciendo que en el pueblo no se lee, no se ve cine, no se habla bien...
Me hubiera gustado entrar al trapo, pero hace mucho tiempo que descubí un par de cosas:
La primera, que hay que respetar la intimidad de las mesas de los bares por encima de cualquier cosa y la segunda, que es inútil enfadarse por la imagen que los demás se han fabricado de nosotros porque forma parte de la opinión de cada uno y las opiniones hay que respetarlas.
De allí me fui al casino a leer los periódicos. No paraba de pensar en la conversación y me dije que tendría que escribir en mi blog lo que no me había atrevido a decirles:
1. No todos los catetos respondemos a ese cliché. Es más, cada vez menos personas lo hacen. Y los que lo mantienen, y de esto me he dado cuenta después de convivir toda mi vida con ellos, continúan con su rollo de hombres de campo como un disfraz, como una forma de reafirmarse en su identidad porque les conecta con sus padres, con sus abuelos, y supone un orgullo para ellos. Basta con compartir una conversación con ellos (que vaya más allá de las primeras tres frases de cortesía) para darse cuenta que el que más y el que menos está leno de inquietudes.
2. Es mentira que los catetos no viajemos, ni leamos, ni hablemos bien. Empezamos a hacerlo cuando terminó la época de los caciques, año arriba, año abajo. En la actualidad, en Cortegana, hay un montón de gente joven que estudia fuera, que se gasta su dinero en viajes y en libros. Gente que sigue las tendencias, que conoce las últimas novedades musicales, editoriales...
3. Querer meternos a todos en un mismo saco sí que es de estúpidos, de cobardes que no quieren correr la aventura de llegar a un sitio y descubrir a las personas que en él viven.
El pueblo te protege con la misma capacidad con la que te hace daño. Te hace confiar en las personas. Saber que detrás de los estereotipos hay personalidades únicas. Te enseña a mirar a los ojos. A resolver los conflictos. A valorar las cosas de siempre. A disfrutar de las cosas que nunca has tenido.
Ojalá y algún día lo descubran los tres que comían en la mesa de al lado aquel mediodía de agosto.