miércoles, noviembre 07, 2007

Una de piratas

Leo estos días La Isla del Tesoro, clásico de la literatura (muchos añadirían aquí el adjetivo "infantil") que siempre me había mirado con ojos lastimosos desde las estanterías de mi casa y al que yo jamás había hincado antes el diente. Lo hago ahora, a mis 25 años, más preocupada que nunca por reencontrarme con los clásicos.
Y los piratas lo son (un clásico, digo) porque ayer, hoy y siempre se encuentran entre nosotros. Estos días han estado en las páginas de mi libro y en las 625 líneas de mi televisor. La sentencia del 11-M los ha traído al salón de mi casa.
Son insuficientes las penas, según las víctimas. Los de la asociación que lidera Manjón (y otros valientes más) muestran su satisfacción porque la sentencia señala a los culpables: terroristas islamistas. En este mensaje han puesto el acento y lo han hecho para demostrar que ellos, pese al dolor que les estaba causando la muerte de sus seres queridos, vieron desde el primer día la verdad. ¿Por qué se siguen negando, todavía hoy, algunos a verla?
Los medios contrarios, sobre todo los del Grupo Prisa y Mediapro, les han llamado "los teóricos de la conspiración". Ayer, casi una semana después de la lectura de la sentencia por el juez Bermúdez, El Mundo seguía llevando una doble página con los flecos que, para ellos, había dejado la sentencia: la archifamosa mochila de Vallecas, la furgoneta y la tarjeta del Grupo Mondragón...
No he podido escuchar estos días COPE pero me imagino que erre que erre. En una entrevista a un medio digital, titulada 'La guerra mediática del 11-M remitirá por la mediación del PP', Iñaki Gabilondo les anima a que dejen de dar vueltas esta mierda. Ya también se lo recomendaría, desde mi modesto punto de vista.
Una actitud crítica es más que recomendable. Me gusta que los medios lo sean con las posturas oficiales, pero que lo sean con una sentencia judicial creo que puede ser peligroso. Partimos de la premisa de que la Justicia la imparten los hombres a través de las leyes y que, como hombres, pueden equivocarse. De acuerdo. Pero poner en tela de juicio una de las sentencias judiciales más esperadas de los últimos tiempos puede provocar un efecto poco deseado: que la opinión pública deje de creer en la Justicia.

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