lunes, febrero 26, 2007

Celsus de Roma

Una aventura... un reencuentro... mil emociones. Esta sensación va mucho más allá del carnaval. Algunos los llamamos magia. 16 corazones y muchos más que no estábamos encima de las tablas. Aquí os dejo, en forma de imágenes y palabra, algunos recuerdos. Muchas gracias a todos los que habéis hecho posible esta aventura.
Dale al pueblo pan y circo: Mi destino aguarda. Por detrás de estas cortinas han soltado los leones y la muerte a mí me llama. Miedo y muerte se confunden CORTEGANA Tú eres mi grito de guerra CORTEGANA Moriré, ya lo sé, lo haré con el valor que tiene ser corteganés de cuna, que es ser, total, lo mismo que valiente. Moriré, ya lo sé, lo haré con el valor corteganés que hace los hombres libres, hombres, de paz y palabra caliente. Y mi alma volará desde el cielo verá mi pueblo en carnaval. No saben que el destino que me espera, si me quita las penas, me da la libertad. Antes de que acabe el tiempo pa que se cumpla mi sino pasearé mi última noche contigo. Recorreré tus rincones, Fuente Vieja, y recordando a mi gente llegaré hasta la Iglesia. De lo alto de la torre contemplaré tu figura. Gritaré a los cuatro vientos como tu estampa ninguna. Pasearé por tus callejas del Calvario a las Eritas y podré morir tranquilo en mi tierra bendita.
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Diez años llevas luchando desde tu silla de ruedas haciendo de la esperanza la razón de tu existir. Echaste a andar Fuente Vieja y das ejemplo a tu pueblo enfrentando los problemas con tus ganas de vivir. Y sus caras Mira sus caras. Van regalando sonrisas porque se sienten felices currando en la asociación. Corazones que los mueven sentimientos yo es que no los diferencio porque sienten como yo. Ciudadanos de primera para mí siempre lo fueron. Romper todas las barreras es su única ambición. A ver si alguien me explica lo que les hace inferiores. La sociedad discrimina y ellos siempre le echan cojones. No hacía falta tanta fiesta, ni celebrarlo a lo grande, ni que vinieran de fuera los que nada hacían aquí. Si te hablo de mi castillo, hablando estoy de mi pueblo y mi castillo y mi pueblo son lo mismo para mí. Y por eso, sólo por eso, no necesito permisos ni papelas donde diga "castillo corteganés" porque siento que el castillo es parte mía porque es parte de mi pueblo, sevillano nunca fue. Vinieron politiquillos para salir en la foto y algunos vieron un logro lo que era un paripé. Nos sobraban sentimientos, nos faltaban escrituras, pero el castillo es del pueblo pa siempre: de su tierra o de ninguna.
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No quiero mi destino que es la muerte. Me preparo para hacerle frente y no sé luchar y no sé luchar. Mi única arma es mi guitarra. Me ha dicho mi padre: Canta, aunque tengas un nudo en la garganta, aunque el miedo se coma tus agallas, aunque a nadie ya no le importes nada, aunque miles de lágrimas saladas, tristes y calladas corran por tu cara… Niño canta. Te haré caso padre, seguiré cantando. Será mi lucha y moriré luchando. Ni escudos ni lanzas me protegerán, Sólo un pensamiento me acompañará: CARNAVAL Pasa otro año y llega Febrero. Pasa otro año, compañero, cantando a Cortegana. Llega Febrero y no estamos todos. Llega Febrero y recuerdo amigos que aquí faltan. Unos que van y otros vienen y el grupo sigue creciendo aunque me falta un amigo que a ser padre está aprendiendo. Ya me encargaré yo que tu niña diga estas primeras palabras: “Papá vuelve a estas tablas” Corteganesa mujer, la que a mi lao siempre está la que da un paso pa lante cuando toca trabajar, la de palabra de fuego, que nadie silenciará, la joya de la corona, la harina de otro costal. Corteganesa mujer, ya ves, qué te puedo contar: corteganesa mi madre y mi hija lo será. Corteganesa culpable de mis ganas de soñar, porque tus ojos me arrojan destellos de libertad. Mi dma carnavalera, me lo dice tu sonrisa, déjala relucir porque eres una de ellas. para que el capitol se entere que eres mucho más que bella. porque eres de Cortegana: mi dama carnavalera. A lo que se oponen estos gladiadores son los sambenitos de Cortegana. Tienen cojones. Que antes de las once no está abierto ná. Lo que pasa es que están trabajando dentro y la puerta cerrá. Que si hay muchos bares ¡qué dice la gente! Por muchos que haya siento decirte no es suficiente. Muchos más quisiera, esa es la verdad, pa que los turistas se jarten a gusto y suelten la tostá. No podrán criticar a Cortegana porque no tenemos un hotel decente que me han dicho que la discoteca van a convertirlo en hotel pa pudientes. Y al listillo que diga que nunca vamos a tener ningún buen hospital yo le digo que eso no importa porque no va a haber ninguna enfermedad: Seremos los serranos más sanos y ni un solo niño se va a resfriar. ¡Al carajo los complejos! Que va haciendo falta ya… Igual que va haciendo falta lo que vamos a contarles: una ley justa y suprema que nos rija en carnavales. Estatuto de primera, derechos carnavaleros, de risas y papelillos que alegren el año entero. Tienen derecho bendito a una copa y un disfraz. A que un bombo y una caja vaya marcando el compás, y a cantarse un cuplecito. Tienen baile y pasacalles y un teatro de ilusión. Derechos fundamentales que salen del corazón de mi gente en carnavales. Va llegando la hora. Sí, tristes son las despedidas. Me quedo sin ti, aunque en esta arena he dejao mi vida. No hay consuelo más grande que este tiempo perdido entre caja y bombo, coplas y aplausos, risas y amigos. Juro que volveré, ya ves, porque me engancho contigo Juro que volveré, quizá, si esta noche salgo vivo. Ahora que el miedo va dando paso al vacío. Ahora que siento cerca mi destino. Vamos pa’ dentro, gladiadores buenos, y ni una lágrima por el camino. El paso firme y la mirada alta que la esperanza nunca la perdimos. Porque quisimos tocar emociones y echar el resto por lo que sentimos. Que Cortegana se te mete dentro y ya pa’ siempre se queda contigo… Juro que volveré, ya ves, porque me engancho contigo Juro que volveré, quizá, si esta noche salgo vivo. Juro que volveré, ya ves, porque me engancho contigo Juro que volveré… volveré.
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miércoles, febrero 21, 2007

36 de cada 100

Unos locos disfrazados tomaban la Plaza de San Juan de Dios. Competían, rodando por el empedrado, a ver quién de ellos lograba hacer reir más a los viandantes. En mitad de aquel caos de luces, papelillos y moscatel recordé lo que meses atrás tantas veces me robó la tranquilidad. Subí corriendo a mi habitación del hostal y rebusqué hasta encontrar mi radio. En ese momento el consejero Zarrías daba a conocer los resultados casi definitivos de la consulta popular para la reforma de nuestro Estatuto de Autonomía. Apenas 36 de cada 100 andaluces llamados a ejercer el más de los significativos actos de la democracia, habían acudido a las urnas a ejercer su voto. El hecho de que el sí copara casi el 90 por ciento de las intenciones no me sorprendió. Pero ese 36 por ciento de participación me dejó triste y pensativa. Llegué a plantearme: ¿en qué hemos fallado? No sé si los compañeros periodistas que han difundido la campña en sus medios de comunicación habrán sentido el mismo desasosiego que sentía yo en mitad del estruendo del carnaval. Desfilaron ante mí las horas en los pasillos del Parlamento, los abrazos y los aplausos al finalizar los plenos en el Parlamento andaluz y en las Cortes, las horas de AVE y los desfiles de andaluces por Madrid, la última parada que para mí supuso el Senado... Dos años de mi vida profesional que han estado marcados casi al 80 por ciento por la que yo creía que era una noble empresa: la reforma de una ley de leyes andaluza que se gestó antes siquiera de yo haber nacido. En muchos momentos de estos dos años he tenido la impresión de estar dando un paso histórico en el camino de la democracia andaluza. Nunca tanto como en aquel momento en la Plaza de San Juan de Dios en Cádiz: los andaluces hemos batido el récord de participación a la baja en un referéndum. Mientras escuchaba los datos y las reacciones de los líderes de los diferentes partidos pensaba en Saramago y su Ensayo sobre la lucidez, y recordaba lo que me había pasado unas once horas antes: A las 8 de la mañana estaba llamada como suplente de 2º vocal en una mesa electoral en Triana. Pasados 20 minutos, sólo habíamos acudido a nuestra cita la tercera suplente de Presidente y yo. Unos diez minutos después encontramos a la 2ª vocal. Como ya estábamos tres personas, la representante nos obligaba a constituir la mesa electoral. Yo sólo pensaba egoístamente en mi billete de tren y mi noche de hostal ya pagada en Cádiz. Íbamos a constituir la mesa cuando apareció el suplente del 1º vocal. Yo me salvé por los pelos, pero en ese colegio electoral se quedaron dos mesas por constituir por la más completa de las apatías. Hay ciudadanos que no sólo deciden NO hacer uso de su derecho al voto sino que tampoco cumplen con este tipo de obligaciones (a pesar de las amenazas de multa y cárcel que pesa sobre ellos). Mi mesa se constituyó con un sólo titular. Los otros dos miembros eran suplentes que habían dejado a sus cónyuges preparando el desayuno, confiados de su vuelta. Apagué la radio y volví con mis amigos. Les dije que ya habían terminado de contabilizar los votos del referéndum. Ni uno de ellos me preguntó por el resultado. Como muestra: un botón.

domingo, febrero 11, 2007

"Por el amor en libertad"

A una altura de infarto, once pisos por encima de los suelos de Triana, con la preciosa imagen de la Catedral de Sevilla iluminada, nueve amigos que acabábamos de conocernos diseccionábamos a gusto los laberintos del amor. Las diferencias de edad eran muchas. Rozaban los 20 años entre algunos de nosotros. La velada la amenizaba un disco recopilatorio de Radio Futura que yo al principio ni reconocí. Luego me dio vergüenza asegurar que los asimilaba a un grupo de niños que a principios de los 90 adaptaron algunas de sus canciones (los cándidos Bom Bom Chip). Era la única de ellos que ya se había criado con Bola de Dragón. Algunos me envidiaban y yo les envidiaba a ellos. La mayoría: profesionales liberales que habían dejado atrás la treintena. Solteros, con casa propia y una enorme confianza en sí mismos. Hablaban del sexo contrarios (y del sexo en general) divertidos. Las proposiciones indecentes aquí no ruborizaban a nadie. Tampoco a mí: desde primeras horas de la tarde y en vista del perfil de mis alternantes me presenté como una chica que llevaba desde los 16 con el mismo novio. Las horas pasaban y cada uno ponía su grano de arena a aquella montaña de sentimientos, tan lejanos para mí. Escuchaba sus confesiones de forma casi pedagógica. Fueron muchos los que, a pesar del orgullo con el que llevaban su vida de libertad sexual, me aseguraron que cambiarían todo eso por estar como yo estoy. En uno de esos arranques, cuando llenamos todos los cubatas, hice un brindis: "Por el amor en libertad" Se sorprendieron de que fuera yo la que pronunciase esas palabras. Me reí mucho con sus caras. El amor en libertad no tiene porqué significar llegar a la madurez probando las mieles de unos y otros. Para mí supone poder elegir. Y yo he hecho una elección muy importante: llegar a la madurez de la mano del único hombre del que he sido capaz de enamorarme. Yo no soy la misma que era cuando tenía 16 años. Él tampoco. No rendimos cuentas a un juramento que hicimos entonces ni resistimos, estoicos, por ser consecuentes con nuestras palabras. Es que, quizá, día a día encontramos el uno en el otro lo que tanto buscan los demás... y nunca encuentran.

viernes, febrero 02, 2007

Nervios y filosofía

Esta semana he tenido un tic en mi ojo derecho. A mediados de semana, y sin consultármelo, el tic decidió pasar a mi ojo izquierdo. Dicen que el estrés derivado del ritmo de vida que llevamos las mujeres occidentales (algunas de nosotras) tiene mucho que ver en las complicaciones que tenemos cuando nos decidimos a tener descendencia. Anoche salí a las 8 de trabajar y tardé 20 minutos en encontrar aparcamiento cerca de mi casa. Empecé a gritar y a frenar el coche, como si sufriera espasmos. Cuando me descubrí a mí misma en semejante trance empecé a reirme con un risa nerviosa que ni yo mismo sabía que tenía. Terminé dejando el coche en un parking. Unas cinco horas antes de mi estallido nervioso había estado en el hospital. Fui a ver a la madre de una de mis mejores amigas y a otra amiga de la familia a la que han reconstruído un pecho y han quitado las glándulas del otro. Camino a casa, las volví a recordar. Sus imágenes, tan vulnerables, habían venido a mi mente varias veces a lo largo de la tarde. Alguien dijo alguna vez que la vida es eso que pasa mientras estamos ocupados en otras cosas. Ellas me hicieron darme cuenta de la mierda de vida en la que estoy metida: tan ocupada, tan preocupada, tan desesperada, tan agobiada... Ya por la noche me tumbé en la cama y leí unas páginas de El Mundo de Sofía, una novela escrita para adolescentes con el objetivo de acercarlos a la filosofía. Leía lo que decía de los cínicos, los estoicos y los epicúreos. Tres escuelas filosóficas que nacieron en Atenas justo cuando Grecia iba a dejarle paso a Roma. Y romano de Córdoba fue el escritor que acuñó la frase que más me gustó: "El ser humano es para el ser humano algo divino". Y , de repente, siglos y siglo después de que Séneca lo escribiera, sus palabras causaron en mi ánimo un efecto balsámico... me emocioné, cerré el libro y apagué la luz. Intenté conciliar el sueño mientras pensaba en ellas, y pensaba en mí.