jueves, diciembre 14, 2006

Cuentas pendientes

El ABC publica hoy en su contraportada la noticia sobre la muerte de uno de los culpables de la matanza de Puerto Urraco. En realidad, el "cerebro" de aquella masacre perpetrada por dos hermanos, uno él (cuyo cadaver fue encontrado ayer por un funcionario de priosiones en su celda) y otro, su dócil hermano que siempre le obedecía.
El periodista que firma el artículo, Pablo Muñoz, aprovecha para recordar algo de aquellos hechos. Lo he leído con atención. Puerto Urraco ha sido mil veces referido y hasta ficcionado (Carlos Saura lo llevó al cine hace un par de años) pero a mí jamás se me había ocurrido preocuparme por los motivos que dieron lugar a aquel episodio que hizo más negra y profunda esta España nuestra.
Leo hoy, 16 años después después, que los dos hermanos dijeron a sus dos hermanas que iban a cazar tórtolas. Y con toda la frialdad del mundo la emporendieron a tiros con los vecinos de esta localidad pacense.
Cuando los policías les aprehendieron, EmilioIzquierdo confesó que de no haber sido detenido hubiera disparado contra la población el día del multitudinario entierro. Por lo visto el asesino pretendía que los vecinos vivieran en sus carnes el dolor que ellos habían sufrido, seis años antes, por la muerte de su madre en un incendio del que se desconocían las causas.
El fallecimiento de uno de los asesinos más fríos que ha dado la historia de España no cierra ni mucho menos su historia. Ahora empieza su mito. Y muere Emilio Izquierdo precisamente hoy, día en que la venganza, esa enemiga del alma, vuelve a manifestarse con toda su magestuosidad.
Hubo un crío que hace 32 años perdió a sus abuelos a manos de la policía política pinochetista. El hombre que es hoy ha esperado la cola que le llevaba delante del féretro del General fallecido y ha escupido encima para luego afirmar: "Era una cuenta pendiente muy personal".
Cuando el mayor de tus enemigos muere ¿Qué haces con toda la rabia contenida? Con ese sentimiento se estarán encontrando hoy muchos vecinos de Puerto Urraco. Como ellos, miles de chilenos que, además, jamás pudieron ver caer el peso de la Justicia sobre el dictador.
Doble rabia.

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