jueves, noviembre 09, 2006

Tiempo de espera

Una nueva vida está llamando a nuestra puerta. A esta hora su madre debe estar despertándose pensando que quizá hoy sea el día que tendrá al pequeño Rubén con ella. Seguro que a esta hora que pone el pie en el suelo lo único que le ronda la cabeza es el deseo de que todo salga bien.
Todavía no existe pero estoy convencida de que Rubén nos va a revolucionar a todos. A sus padres, que dejarán de vivir en la mutua compañía para disfrutar de una totalidad a la que aspiran desde hace mucho tiempo, cuando la suerte les ponía tantas zancadillas; a sus tíos, a sus primas (porque por ahora va a ser el único niño) y a sus abuelas, una a miles de kilómetros y agua y otra a 20 años de memoria del feliz alumbramiento.
Rubén llama a la puerta con vehemencia y nosotros le esperamos con los brazos abiertos, conscientes de que a partir de hoy (quizá los próximos días) se convertirá, sin saberlo, en el centro de nuestras conversaciones. Diseñaremos futuros posibles teniéndolo como protagonista, ignorantes nosotros de que este niño será, como lo hemos sido el resto, un testigo de su tiempo.
Para cuando mi primo tome sus primeras decisiones, mis 24 años habrán quedado atrás y con ellos esta preocuapción por tantas cosas que espero que él no conozca: las guerras por petróleo y por poder, las condenas a muerte, la violencia machista, los odios que de tan eterno ya no tienen ni razón de ser... Si todo sale bien, Rubén jamás tendrá que vivir las horas de angustia que pasamos los que en el 96 contábamos hacia atrás las horas que le quedaban a Miguel Ángel Blanco. Quizá ni siquiera sienta la curiosidad de preguntarle a sus padres, cuando pasen muchos años, qué era ETA. Puede que nunca sea testigo de eso, lo será de otras cosas, espero que no tan duras.
Espero también que el tiempo que le ha tocado vivir le haga testigo de acontecimientos esperanzadores. Hoy, quizá el día de su llegada, unos científicos han logrado devolver la visión a unos ratones ciegos. Aprenderá Rubén con el tiempo que lo que les pasa a los ratones es el prólogo de lo que les va a pasar a las personas. Ése y tantos otros misterios de la Humanidad.
Tengo la esperanza de que sus padres lo dejen pasar tiempo en Cortegana para que sea un niño valiente, sano, seguro y alegre. Y sobre todo espero que sea una buena persona. Sólo eso, que no es poco.
Todo un reto será enseñarle lo bueno, lo bello y lo justo. Esa es nuestra parte del trato (sobre todo la de sus padres) por ahora él ya está cumpliendo la suya: hacernos a todos más felices.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una esperanza habita dentro de la barriga de Ana Taboada, esperanza para el apellido Muñiz que ya se perdía, esperanza para los ojos de mi abuela que tan mayor le queda esto, y por supuesto una esperanza y una ilusion para todos, desde donde lo vivamos. Un niño aviva los hogares, y aun más a un hogar que lo desea como el nuestro.
Desde aqui le doy la gracias, por hacerme emocionar aun sin verlo. flor