lunes, octubre 16, 2006

Hombres y mujeres

Acabo de recibir un e-mail con una presentación en Power-Point. Se trataba de casi 50 chistes de esos que ridiculizan a los hombres. Exactamente idénticos a los que hacen lo mismo con las mujeres. Me lo ha mandado un compañero del trabajo. No sé porqué lo habrá hecho. Quizá quiera que amplíe mi repertorio crítico contra el otro sexo, al que él pertenece. Jamás me han gustado ese tipo de chistes. Ni los dirigidos contra nosotras, ni contra ellos. Por mil razones.
La primera porque se trata de un humor sexista y estúpido. Chusquero y de poco gusto.
Y entre las 999 restantes, la principal: porque ni esos chistes ni en la realidad encuentro esa barrera tan insalvable que muchos se empeñan en demostrar que existe entre los dos sexos. Yo misma, me pongo por ejemplo. Quiso el destino y la biología que naciese mujer, pero hay noches en la que me acuesto y caigo en la cuenta de que en todo el día me he acordado de que lo soy. A lo mejor he estado todo el día en esa frontera o quizá es que simplemente no he tenido que recordármelo, como no lo hago de respirar, o de andar, o de comer, o de hablar. No he tenido que establecer el listado de condiciones que me han hecho diferente a los del sexo opuesto.
Lo tengo que confesar: a mí me hubiese encantado haber nacido hombre. De pequeña consideraba que era más divertido ser niño y, luego, más crecidita, simplemente creía que la vida era más fácil. El tiempo me ha enseñado que no. Que ni son más básico, ni se preocupan menos por las cosas trascendentales, ni desarrollan un concepto diferente a la amitad. Son tan diferentes como lo somos nosotras. Tanto como lo soy yo misma y no paso de una sola persona.
Así que me rebelo. A los clichés y a las generalidades en cuestión de sexo. Ojalá y lo hiciésemos todos, aunque sé que poca gente se atreverá a confesar que ellos y ellas también pasan la mayor parte de sus días sin acordarse sin son varones o hembras.

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