martes, septiembre 19, 2006

Ganas de vivir

Cada vez que regreso de unas vacaciones, por muy cortas que sean, la realidad me recibe con los brazos abiertos. Ayer me incorporé tras una semana repartida entre las playas de Tavira y las tapas de Granada. Tenía que hacer un reportaje acerca de Cooperación Internacional, una ONG que, entre sus muchas campañas, tiene la de adecentar las viviendas de ancianos que viven en situaciones precarias. Van a ser 12 en toda Sevilla. La de ayer, la primera, pertenecía a una señora de los pajaritos llamada Pepa López.
Pepa es una de los casi quinientos mil ancianos que en Andalucía viven por debajo del umbral de la pobreza y su casa da cuenta de ellos por su ubicación y sus más que reducidas dimesiones. Además Pepa engrosa la lista de personas potencialmente dependientes a las que las tragedias familiares han obligado a vivir sola. Una hija muerta hace 11 años, cuando apenas había superado la treintena, un marido que murió cinco años después, un infarto, una embolia y un trombo en su pierna derecha de los que ya no han sido testigos sus familiares hacen de Pepa una mujer sola en su casa liliputiense llena de melancolías.
Pero no se regodea en su pena. Es alegre, habla dándole énfasis a sus palabras con todos los músculos de su cara y eleva la voz y grita cuando disfruta con lo que está contando. Ayer estaba muy contenta por lo que ella misma calificaba "una obra de caridad", con el volumen de voz suficiente para que la escucharan los cuatro chavales opusianos con cara de no haber conocido jamás el pecado.
Pepa me hizo recordar mi experiencia con el matrimonio de Torreblanca. Ya ha pasado más de un año y el escenario lo ponía ahora Los Pajaritos, el barrio que lleva por bandera el hip-hopero Haze. Pero, en realidad, todo es lo mismo: un tirón de orejas que me da la realidad cuando estoy más relajada, para que me acuerde de los otros que jamás entran en Internet, ni pasean por el centro cargados de bolsas, ni tampoco dejan a los niños vestidos de uniforme en las puertas de los colegios. Son los otros, que, en realidad, soy yo misma.
Me confesaba Pepa, mientras me explicaba sus muchos achaques, enfermedades y pérdidas, con la fe ciega que tienen las personas mayores depositada en los matasanos: "Mi médico me ha dicho que tengo tantas energías que eso es lo que me hace estar viva".
Me quedo con eso.

1 comentario:

Raúl Ramírez dijo...

Te firmo no porque tenga mucho que decir, que sí lo tengo... Sólo para que sepas que te leo aunque no te firme.

Un beso