viernes, septiembre 29, 2006

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No quiso sentarse en corro ni merendar besos, pero sí cantarle a Magdalena con un voz funambulista sobre el filo hilo que vuela sobre la ronquera. Y yo formé parte del ruido, menos al principio y mucho más al final. Y llegaron a emocionarme las cinco voces y las miles de palabras que se esconden detrás de estas dos: Joaquín Sabina. Y, mientras escuchaba, veía y sentía, me dí cuenta que a mi vida también le ha puesto banda sonora el madrileño de Linares. Desfilaban por mi mente mis propias nubes negras, mis mentiras piadosas y de repente descubrí a mi espíritu en sus catorce años, que eran los míos, y luego mirando desde la izquierda cómo dormía a esas horas el hombre del que estoy enamorada, y tuve que llamarle varias veces la atención porque se estaba perdiendo el mejor concierto al que he ido en mi vida.

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