domingo, agosto 06, 2006

No a la guerra

El rostro del horror. Vi hace unos días esta foto en El Pais y me la guardé en el ordenador bajo el título "Anciana". La he mirado cada vez que llegaba al trabajo. Intento ver a través de ella el rostro humano de la tragedia. También hago otro ejercicio. Busco Beirut en los mapas de Google y lo miro desde el cielo. Paseo por sus avenidas, su puerto, su estadio y sus parques con el objetivo de imaginarmela real y no como a diario me la muestran los periódicos ni la televisión. Y me imagino los ires y venires de la gente en sus callejuelas y el alboroto de los críos en sus escuelas. Es una ciudad como la mía. Podría ser esta misma. Después busco Tel Aviv y hago lo mismo: los edificios, los parques, los campos de fútbol... También podría ser esta ciudad. Víctimas y verdugos son reales. Esta señora podría ser mi abuela. Podría ser yo misma. También ella llegó a tener, un día una vida pacífica, una familia y un plato caliente. Hoy la llevan en volandas, como si fuese un peso muerto. Sólo a través del objetivo de la cámara ha podido rebelarse y llegar a mí, a nosotros, a los que escuchamos a diario el número de muertos y barrios bombardeados y continuamos nuestra vida, como si nada. Intento interiorizar la guerra para sentirla, para que duela y así poder gritar más alto: ¡NO A LA GUERRA!

1 comentario:

nika dijo...

sí, creo que la clave está en comprender que todos estamos en el mismo barco, que lo que afecta a una persona a miles de kilómetros también nos afecta a nosotros, que el alma de la Tierra se desgarra con la muerte de cada uno de sus hijos, y esa alma nos envuelve a todos y nos hermana aunque no nos demos cuenta.

gracias por el granito de luz y de conciencia.

NO a la guerra, ya decirlo nos hace sentir algo mejor, lo peor es no decir nada.

abrazos