lunes, agosto 21, 2006

El tsunami del ladrillo

Ladrillo y especulación urbanística conforman un tándem que no sólo se carga el entorno y el medio ambiente. También la ilusiones de un ejército de jóvenes que despedimos a diario nuestra ilusión por tener una vivienda digna en propiedad. Y eso existe. Y está ahí. Pero creo que este país está más pendiente de si la Pantoja acude al bis-a-bis con su novio en Alhaúrín de la Torre. Esta mañana he conocido en persona (porque sabía de ellos de oídas) a algunos miembros de una plataforma cívica que se llaman "Valencina Habitable" y están dentro de otra mayor "Aljarafe Habitable". Una vez entrevisté a un artista-anarquista llamado Quico Rivas. Un visionario de la palabra y la lucha obrera que me describió el Aljarafe como "el jardín de las Hespérides de los nuevos socialistas". Apenas han pasado tres años desde aquel verano de 2003 pero ese jardin ya ha sucumbido bajo los efectos del Tsunami de la construcción (así lo han llamado los tres activistas del medio ambiente que he conocido esta mañana: un economista llamado a hacer importes logros políticos, su tímido cuñado y el tercero, un callista jubilado (cirujano podólogo, según se me ha presentado) al que con tanto tiempo libre le ha dado por estudiar Historia del Arte, iniciativa que le he aplaudido). A pasos de gigante, la mano negra de la especulación está dejando a los aljarafeños sin carriles para pasear o enseñar a sus hijos a montar en bicicleta. Un dato: el Plan de Ordenación Urbana diseñado para Valencina, que apenas supera los 7.000 habitantes, plantea la construcción de 8.000 nuevas viviendas y hasta un campo de Golf (siempre según las cifras que manejan los ciudadanos de "Valencina Habitable") Eso quiere decir que cuando terminen este gigante urbanístico habrá 30.000 nuevos habitantes en Valencina para los que no se han diseñado nuevas comunicaciones, ni colegios, ni parques, ni bbliotecas... sólo viviendas. 30.000 nuevos habitantes que tendrá que coger el coche para hacer la compra, ir al cine o llevar el niño a inglés. El crimen cobra su auténtica dimensión cuando descubro que los terrenos elegidos para esa "Seseña" del Aljarafe esconden los mayores yacimientos prehistóricos de Sevilla. Además tengo entendido, que algún que otro pequeño empresario local que ha visto el filón ha empezado a comprar esos terrenos a cantidades desorbitadas por metro cuadrado. La burbuja especulativa se está inflando mucho antes, siquiera, de hacer ese suelo urbanizable. Me contaban todo esto mis tres nuevos amigos y yo conectaba con ellos. Su "comandante", el economista, me descubría que dando un paseo con su hija por lo que el ayuntamiento pronto quiere que deje de ser campo, había visto nidos de cigüeñas y hasta águilas. Y de repente comprendí su angustia. Ellos sienten su pueblo, se sienten su pueblo, como yo me siento el mío. Como Cortegana conforma una parte muy importante de mi forma de ser, expresarme y relacionarme con mi entorno, ellos son la Valencina que defienden, la que borrarán del mapa 30.000 nuevos habitantes que nada sabrán de sus leyendas ni del Cristo aparecido en la Hacienda Torrijos. 30.000 nuevos habitantes que creerán que el nombre le viene al pueblo por las encinas y no por los dólmenes, como es realmente. Me entusiasmé con ellos, con sus verbos calientes y el brillo de sus ojos. Y volví a Sevilla con el convencimiento de que van a lograrlo y Valencina se convertirá en el mayor hito después de la Toledo visigoda recuperada.
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