miércoles, agosto 02, 2006

Carentes de asertividad

La larga sombra de un asesinato ha querido que hoy aprenda una palabra nueva. En un pueblo de Granada, Salobreña, un hombre ha asestado 174 puñaladas a su cónyuge y después se ha suicidado. Comenzaba ahí mi deseperada búsqueda de un psicólogo, psiquiatra o experto en el tema que me explicara qué podía motivar a una persona a cometer semejante atrocidad. Han sido más de 10 los teléfonos que he marcado. Detrás del último estaba una psicóloga que trabaja en un centro de Salud de Sevilla Este, muy vinculada a las cuestiones de género.
No podía atender a las cámaras pero me confesó que estaba encantada de poder hablar con una periodista y abrirle los ojos sobre ciertas cuestiones que utilizamos de forma errónea. Me hablaba de nuestra mala utilización del lenguaje, de clichés que reproducimos como papagayos y, en referencia a este crimen, me enseñó el término "asertividad".
"Este hombre", me confesó, "seguramente ha asesinado a su cónyuge porque le falta asertividad. Buena palabra, sobre todo cuando he descubierto lo que significa" (NO aparece en el Diccionario de la RAE):
¿Qué es la asertividad?
Hay quien considera que asertividad y habilidades sociales son términos sinónimos. Sin embargo, vamos a considerar que la asertividad es solo una parte de las habilidades sociales, aquella que reune las conductas y pensamientos que nos permiten defender los derechos de cada uno sin agredir ni ser agredido.
Pongamos un ejemplo: Usted se sienta en un restaurante a cenar. Cuando el camarero le trae lo que ha pedido, se da cuenta de que la copa está sucia, con marcas de pintura de labios de otra persona. Usted podría:
a) No decir nada y usar la copa sucia aunque a disgusto.
b) Armar un gran escándalo en el local y decir al camarero que nunca volverá a ir a ese establecimiento.
c) Llamar al camarero y pedirle que por favor le cambie la copa.
Al final nos ha hablado desde Almería un médico legal autor de un libro muy famoso con un título muy gráfico: "Mi marido me pega lo normal", pero yo ha quedado con mi nueva amiga, Rosa Jiménez, en desayunar algún día con ella. No estaría mal promover conciencias como la suya.

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