jueves, agosto 31, 2006

A los 24 con las estrellas

Hay edades que se dan más a la comparación que otras. Hoy pongo el pie en el escenario de los 24 años. Con mi edad, mi madre ya tenía una hija de un año. Es sólo un ejemplo, mis compañeros se han afanado en recordarme las cosas que ellos hacían cuando los cumplieron. Yo les he repetido que cada edad tiene su almíbar, hay que saber disfrutarla. Vivo mis cumpleaños entre contenta y nerviosa. Y no lo escondo. Todo lo contrario, se lo digo uno a uno a los que me rodean y no voy a negar que me encantan los regalos. Ahora que mis compañeros y mi trabajo me han dado un descanso pienso en el año que he dejado atrás. No ha estado marcado por los grandes hitos, pero sí por la voracidad y por la consecución de un palmo más de seguridad en mi misma. La pena es que despido los 23 sin haber resuelto mis grandes lagunas: la constancia, la paciencia, la capacidad de rectificación y tantas y tantas otras a las que prefiero que pongan nombre mis amigos y enemigos. Y pico billete en el tren de los 24 con muchas esperanzas. Entre ellas: que mi ambición me lleve a descubrir lo mucho que todavía desconozco, que desarrolle la capacidad de compartir mi tiempo, mi palabra y mis sentimientos con todos los que me hacen ser como soy. Son muchas las esperanzas, pero también muchos los miedos. Uno de ellos, el volverme más pesada de la cuenta cuando tenga que empezar a hacer cola en el INEM. Siento que ese episodio, que llegará por Enero, no sólo va a agobiarme a mí, también a todos los que me rodean. No voy a pensar en eso. Voy a pensar en que, por una vez en la vida, las noticias en el día de mi cumpleaños no son tan malas, a pesar de que la cabezonería de Irán vuelve a poner en peligro la estabilidad en Oriente Medio. Por ahora son sólo palabras.
Lo que es un auténtico regalo es lo que hoy me regala el cielo: La explosión de una supernova. "Este acontecimiento está a medio camino entre las supernovas convencionales, de las cuales se produce una cada 50 a 100 años en una galaxia y que dan lugar a estrellas de neutrones, y las hipernovas, mucho más escasas y más masivas, que se asocian a los estallidos de rayos gamma relativamente largos y que se supone que marcan el nacimiento de agujeros negros", ha comentado uno de los especialistas en estrellas.
Me quedo con eso en el día en que Amelie descubrió que le iba a cambiar la vida. Gracias a todos.

lunes, agosto 28, 2006

Dilemas morales

La franja de Gaza es un ejemplo de cómo puede condensarse tanto odio en tan poco espacio. Apenas 40 kilómetros de largo que concentran conflictos fronterizos, religiosos, militares, étnicos... tantos y tantos que se convierten en el mismo. Y es que esta zona de Oriente Medio y sus alrededores tienen algo mágico para casi todas las religiones mayoritarias.
A Gaza y Tel Aviv apenas la separan hora y media en coche. Más o menos la distancia que hay entre mi pueblo y la ciudad en la que vivo. Y Líbano e Israel ocupan en el mapa un espacio que no llega a ser la mitad de Andalucía. Una comparación a grandes líneas que convierte a estos tres países en un polvorín ya que concentran los mayores contingentes armamentísticos del mundo. El Estado de Israel tiene hasta un tanque especialmente diseñado para la orografía de su terreno.
Pero este conflictivo territorio nos deja hoy una curiosa noticia: Resulta que dos periodistas de la norteamericana Fox fueron secuestrados en Gaza por un grupo terrorista islamista. Después de dos meses de cautiverio y exigencias, sus captores se han conformado con la conversión al Islam de los dos reporteros.
A las preguntas de sus compañeros periodistas ellos contestaron que sienten un gran respeto por el Islam pero que su conversiones no tienen otra motivación más que el miedo. "Ellos tenían las pistolas" ha dicho uno de los secuestrados. En ninguna línea de las informaciones sobre esta liberación que publica la prensa generalista española hay siquiera un guiño sobre las grietas morales de esta historia. Para mí es lo más curioso.
Obviamente, y su imagen externa nos da una pista, se trata de dos americanos poco ortodoxos, a pesar de que en ese pais nombran a Dios hasta en los billetes. No lucen símbolo religioso alguno y se muestran contentos de estar libres. El haber tenido que cambiar de religión por el peso de las armas no les ha supuesto ningún conflicto interno.
Conozco a personas muy comprometidas con la religión y he pensado en ellas al leer esta noticia. Ellos pasan su vida entre compromisos, oraciones, convivencias y comunidades. Pero ¿Qué sería de su fe si se encontrasen en una habitación, atados de pies y manos, y rodeados de terroristas que le obligasen a renunciar de su fe? Ahí está el problema, para ellos el más hondo y dificil.
Yo no sé lo que harían ellos, pero sí lo que haría yo (al menos en la idealización del que no ha vivido jamás esa experiencia traumática): pensaría en la vida. En el amor, en la familia, en el campo, en la playa, en los libros y las películas, en los niños, en la nostalgia y la esperanza, en el arte, en las sonrisas, en las canciones, en los besos, en las miradas... y no dudaría en ceder a los que esos radicales que sostienen las pistolas le dan tanta importancia. Haría como los periodistas de la Fox y cedería a sus dictámenes, porque ganaría la libertad. Y la libertad es la vida. Y no hay religión alguna que pueda vencer a eso.

lunes, agosto 21, 2006

El tsunami del ladrillo

Ladrillo y especulación urbanística conforman un tándem que no sólo se carga el entorno y el medio ambiente. También la ilusiones de un ejército de jóvenes que despedimos a diario nuestra ilusión por tener una vivienda digna en propiedad. Y eso existe. Y está ahí. Pero creo que este país está más pendiente de si la Pantoja acude al bis-a-bis con su novio en Alhaúrín de la Torre. Esta mañana he conocido en persona (porque sabía de ellos de oídas) a algunos miembros de una plataforma cívica que se llaman "Valencina Habitable" y están dentro de otra mayor "Aljarafe Habitable". Una vez entrevisté a un artista-anarquista llamado Quico Rivas. Un visionario de la palabra y la lucha obrera que me describió el Aljarafe como "el jardín de las Hespérides de los nuevos socialistas". Apenas han pasado tres años desde aquel verano de 2003 pero ese jardin ya ha sucumbido bajo los efectos del Tsunami de la construcción (así lo han llamado los tres activistas del medio ambiente que he conocido esta mañana: un economista llamado a hacer importes logros políticos, su tímido cuñado y el tercero, un callista jubilado (cirujano podólogo, según se me ha presentado) al que con tanto tiempo libre le ha dado por estudiar Historia del Arte, iniciativa que le he aplaudido). A pasos de gigante, la mano negra de la especulación está dejando a los aljarafeños sin carriles para pasear o enseñar a sus hijos a montar en bicicleta. Un dato: el Plan de Ordenación Urbana diseñado para Valencina, que apenas supera los 7.000 habitantes, plantea la construcción de 8.000 nuevas viviendas y hasta un campo de Golf (siempre según las cifras que manejan los ciudadanos de "Valencina Habitable") Eso quiere decir que cuando terminen este gigante urbanístico habrá 30.000 nuevos habitantes en Valencina para los que no se han diseñado nuevas comunicaciones, ni colegios, ni parques, ni bbliotecas... sólo viviendas. 30.000 nuevos habitantes que tendrá que coger el coche para hacer la compra, ir al cine o llevar el niño a inglés. El crimen cobra su auténtica dimensión cuando descubro que los terrenos elegidos para esa "Seseña" del Aljarafe esconden los mayores yacimientos prehistóricos de Sevilla. Además tengo entendido, que algún que otro pequeño empresario local que ha visto el filón ha empezado a comprar esos terrenos a cantidades desorbitadas por metro cuadrado. La burbuja especulativa se está inflando mucho antes, siquiera, de hacer ese suelo urbanizable. Me contaban todo esto mis tres nuevos amigos y yo conectaba con ellos. Su "comandante", el economista, me descubría que dando un paseo con su hija por lo que el ayuntamiento pronto quiere que deje de ser campo, había visto nidos de cigüeñas y hasta águilas. Y de repente comprendí su angustia. Ellos sienten su pueblo, se sienten su pueblo, como yo me siento el mío. Como Cortegana conforma una parte muy importante de mi forma de ser, expresarme y relacionarme con mi entorno, ellos son la Valencina que defienden, la que borrarán del mapa 30.000 nuevos habitantes que nada sabrán de sus leyendas ni del Cristo aparecido en la Hacienda Torrijos. 30.000 nuevos habitantes que creerán que el nombre le viene al pueblo por las encinas y no por los dólmenes, como es realmente. Me entusiasmé con ellos, con sus verbos calientes y el brillo de sus ojos. Y volví a Sevilla con el convencimiento de que van a lograrlo y Valencina se convertirá en el mayor hito después de la Toledo visigoda recuperada.
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domingo, agosto 06, 2006

No a la guerra

El rostro del horror. Vi hace unos días esta foto en El Pais y me la guardé en el ordenador bajo el título "Anciana". La he mirado cada vez que llegaba al trabajo. Intento ver a través de ella el rostro humano de la tragedia. También hago otro ejercicio. Busco Beirut en los mapas de Google y lo miro desde el cielo. Paseo por sus avenidas, su puerto, su estadio y sus parques con el objetivo de imaginarmela real y no como a diario me la muestran los periódicos ni la televisión. Y me imagino los ires y venires de la gente en sus callejuelas y el alboroto de los críos en sus escuelas. Es una ciudad como la mía. Podría ser esta misma. Después busco Tel Aviv y hago lo mismo: los edificios, los parques, los campos de fútbol... También podría ser esta ciudad. Víctimas y verdugos son reales. Esta señora podría ser mi abuela. Podría ser yo misma. También ella llegó a tener, un día una vida pacífica, una familia y un plato caliente. Hoy la llevan en volandas, como si fuese un peso muerto. Sólo a través del objetivo de la cámara ha podido rebelarse y llegar a mí, a nosotros, a los que escuchamos a diario el número de muertos y barrios bombardeados y continuamos nuestra vida, como si nada. Intento interiorizar la guerra para sentirla, para que duela y así poder gritar más alto: ¡NO A LA GUERRA!

miércoles, agosto 02, 2006

Carentes de asertividad

La larga sombra de un asesinato ha querido que hoy aprenda una palabra nueva. En un pueblo de Granada, Salobreña, un hombre ha asestado 174 puñaladas a su cónyuge y después se ha suicidado. Comenzaba ahí mi deseperada búsqueda de un psicólogo, psiquiatra o experto en el tema que me explicara qué podía motivar a una persona a cometer semejante atrocidad. Han sido más de 10 los teléfonos que he marcado. Detrás del último estaba una psicóloga que trabaja en un centro de Salud de Sevilla Este, muy vinculada a las cuestiones de género.
No podía atender a las cámaras pero me confesó que estaba encantada de poder hablar con una periodista y abrirle los ojos sobre ciertas cuestiones que utilizamos de forma errónea. Me hablaba de nuestra mala utilización del lenguaje, de clichés que reproducimos como papagayos y, en referencia a este crimen, me enseñó el término "asertividad".
"Este hombre", me confesó, "seguramente ha asesinado a su cónyuge porque le falta asertividad. Buena palabra, sobre todo cuando he descubierto lo que significa" (NO aparece en el Diccionario de la RAE):
¿Qué es la asertividad?
Hay quien considera que asertividad y habilidades sociales son términos sinónimos. Sin embargo, vamos a considerar que la asertividad es solo una parte de las habilidades sociales, aquella que reune las conductas y pensamientos que nos permiten defender los derechos de cada uno sin agredir ni ser agredido.
Pongamos un ejemplo: Usted se sienta en un restaurante a cenar. Cuando el camarero le trae lo que ha pedido, se da cuenta de que la copa está sucia, con marcas de pintura de labios de otra persona. Usted podría:
a) No decir nada y usar la copa sucia aunque a disgusto.
b) Armar un gran escándalo en el local y decir al camarero que nunca volverá a ir a ese establecimiento.
c) Llamar al camarero y pedirle que por favor le cambie la copa.
Al final nos ha hablado desde Almería un médico legal autor de un libro muy famoso con un título muy gráfico: "Mi marido me pega lo normal", pero yo ha quedado con mi nueva amiga, Rosa Jiménez, en desayunar algún día con ella. No estaría mal promover conciencias como la suya.