jueves, julio 13, 2006

Una lluvia violenta y salvaje

Hay hombres que desean ser superhéroes. Los que me rodeaban anoche en el gimnasio al que voy sólo cuando me acuerdo de lo caro que me cuesta, se creen que el músculo los hará invencibles. Yo los miraba esforzarse mientras escuchaba hora 25 de la Cadena Ser. Pasaban varios minutos de las 10 de la noche cuando me enteré de que se cumplían 9 años de la muerte de Miguel Ángel Blanco.
Y me recordé a mi misma, el primero de los días de mi vida en el que también yo quise convertirme en un superhéroe. Aquel 12 de Julio en plena transición de la inocencia al pecado, iba con mi familia camino de un pueblo de Badajoz donde vivía una hermana de mi abuela con su marido ciego. Son tres horas de camino. Mi madre no quiso poner la radio por más que se lo pedía, pero en las gasolineras que parábamos nos íbamos enterando de algo. Recuerdo la sensación de calor pegajoso y la calma tensa. La gente se miraba y los que bajaban de sus coches preguntaban tímidamente. "¿Se sabe algo?".
Cuando llegué al pueblo me planté delante del televisor. Ya habían caído los dos rayos de aquella "lluvia violenta y salvaje", lloré y mis lágrimas se unieron al río que formaron las de tantos otros miles. A mis 14 años me enteré de lo que significaba la palabra terror y quise convertirme en una superhéroe.
Antesdeayer, la víspera de la efeméride, quise volver a serlo. Otro día 11 sangriento dejaba, ahora en Bombay, un reguero de sangre. Miré a mi alrededor y quise gritarles "¡gilipollas!" a los musculados. Me enteraba en ese momento de un atentado que había dejado sin vida a 160 personas. LLegué a casa triste, como anoche.
No hay nada que pueda hacer. Ni pócimas mágicas, ni poderes sobrenaturales, ni bolas de dragón, ni picaduras de araña, ni radiaciones... Sólo me queda el silencio, la resignación, la Paz... y, sobre todo, la Esperanza.

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