sábado, julio 29, 2006

Poema

Una persona a la que quiero mucho me ha pedido que elija una poesía para leerla en su boda. De poesía entiendo poco, pero mis emociones apuntan a ésta. La comparto:
Te quiero
Tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos; te quiero porque tus manos trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice, y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos.
Tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada; te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro.
Tu boca que es tuya y mía, Tu boca no se equivoca; te quiero por que tu boca sabe gritar rebeldía.
Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos.
Y por tu rostro sincero. Y tu paso vagabundo. Y tu llanto por el mundo. Porque sos pueblo te quiero.
Y porque amor no es aurora, ni cándida moraleja, y porque somos pareja que sabe que no está sola.
Te quiero en mi paraíso; es decir, que en mi país la gente vive feliz aunque no tenga permiso.
Si te quiero es por que sos mi amor, mi cómplice y todo. Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos.
Un regalo de Mario benedetti.

jueves, julio 27, 2006

Discriminación en tiempos de guerra

"Incluidos mujeres y niños". A través del lenguaje cometemos los mayores errores. Es el vehículo por el que mejor se cuelan los "defectos" del cerebro. Escuchaba esta mañana las barbaridades que los soldados isrealitas hacían contra la población civil de Líbano y el periodista (Pedro Blanco, uno de los pata negra de la SER) utilizó este manido circunloquio. --Acabo de descubrir que esta palabra significa "Rodeo de palabras para dar a entender algo que hubiera podido expresarse más brevemente" y yo la utilizaba como si significase "frase hecha". Mira por donde lo que iba yo a aprender hoy.--
Pues eso, que Pedro Blanco, se quejaba de que los soldados de Israel habían atentado contra los libaneses "incluidos mujeres y niños". ¿Acaso se cree este periodista de PRISA que la vida de los niños y las mujeres es más valiosa ( o menos) que la de los hombres? Por supuesto que no. Se refiere, como el resto de los mortales que lo utilizan, a la situación de indefensión e inocencia en la que viven ambos colectivos. Y yo pregunto ¿Por qué?
Entiendo que al pensar en los niños, les evoquemos tiernos y vulnerables pero ¿por qué se habla de las mujeres en los mismos términos? En nuestro imaginario, ponemos a las mujeres del lado de los niños nunca del lado de los hombres. ¿Acaso no conocemos mujeres más crueles que muchos hombres? Yo sí. Y más sanguinarias. Y con más capacidad de destrucción.
¿Qué pasará el día en que un periodista afirme: "Los bombardeos no han cesado en Beirut. Soldados israelíes han atacado a la población civil, hombres y niños incluídos" Nos causaría sorpresa. Sonaría raro.
Y mientras yo me comía la cabeza con la discriminación, también en tiempos de guerra, el número dos de Al Qaeda, el egipcio Ayman al Zawahiri, confesaba en un vídeo que el objetivo de su organización seguía siendo "liberar toda la que algún día era tierra del Islam desde Al Andalus hasta Irak". Y esas palabras han desbordado en mí un río con dos vertientes. En una, los pobres inmigrantes que son los que pagan al final las diarreas verbales de los líderes islamistas radicales y en otra un desafío. A ver si tienen cojones de hacerse con Al-Andalus y entrar con el coche en el centro de Sevilla. Eso sí que iba a ser una hazaña.

jueves, julio 13, 2006

Una lluvia violenta y salvaje

Hay hombres que desean ser superhéroes. Los que me rodeaban anoche en el gimnasio al que voy sólo cuando me acuerdo de lo caro que me cuesta, se creen que el músculo los hará invencibles. Yo los miraba esforzarse mientras escuchaba hora 25 de la Cadena Ser. Pasaban varios minutos de las 10 de la noche cuando me enteré de que se cumplían 9 años de la muerte de Miguel Ángel Blanco.
Y me recordé a mi misma, el primero de los días de mi vida en el que también yo quise convertirme en un superhéroe. Aquel 12 de Julio en plena transición de la inocencia al pecado, iba con mi familia camino de un pueblo de Badajoz donde vivía una hermana de mi abuela con su marido ciego. Son tres horas de camino. Mi madre no quiso poner la radio por más que se lo pedía, pero en las gasolineras que parábamos nos íbamos enterando de algo. Recuerdo la sensación de calor pegajoso y la calma tensa. La gente se miraba y los que bajaban de sus coches preguntaban tímidamente. "¿Se sabe algo?".
Cuando llegué al pueblo me planté delante del televisor. Ya habían caído los dos rayos de aquella "lluvia violenta y salvaje", lloré y mis lágrimas se unieron al río que formaron las de tantos otros miles. A mis 14 años me enteré de lo que significaba la palabra terror y quise convertirme en una superhéroe.
Antesdeayer, la víspera de la efeméride, quise volver a serlo. Otro día 11 sangriento dejaba, ahora en Bombay, un reguero de sangre. Miré a mi alrededor y quise gritarles "¡gilipollas!" a los musculados. Me enteraba en ese momento de un atentado que había dejado sin vida a 160 personas. LLegué a casa triste, como anoche.
No hay nada que pueda hacer. Ni pócimas mágicas, ni poderes sobrenaturales, ni bolas de dragón, ni picaduras de araña, ni radiaciones... Sólo me queda el silencio, la resignación, la Paz... y, sobre todo, la Esperanza.

lunes, julio 10, 2006

Sangre en Estafeta

Me subía a la furgoneta que me lleva al trabajo esta mañana a las ocho menos cinco sin adivinar que iba a descubrir algo con lo que nunca antes me encontré en mis 23 años de vida: la retransmisión de un encierro por la radio. No me podía imaginar que eso también se retransmitiera, entonces recordé que en Sevilla se puede seguir en las ondas todas y cada una de las procesiones de Semana Santa y que son muchos los cofrades que se acercan a las procesiones con el transistor en la mano.
Resulta que en esto Pamplona y la capital hispalense se parecen muchísimo. Si no conoces previamente lo que te cuentan, te enteras más bien de poco. Si eres de Casteldefells y nunca has pisado la semana santa sevillana de nada te sirve que te hablen de costero a costero, de varales o de espejos... De la misma manera me sentía esta mañana durante los dos minutos y medio que ha durado el encierro de los Cebada Gago, y eso que Radio Nacional tiene a seis redactores destacados en esa primera línea de sangre.
Y digo sangre a sabiendas. Cuando el último de los seis toros entró en los corrales, el locutor empezó a preguntar a sus compañeros apostados en diferentes puntos del recorrido si veían algún herido.
-Parece ser que no- Repetían uno a uno, y yo los imaginaba mirando a su alrededor a ver si veían la sangre.
De repente, uno de ellos exclama:
- Un momento. Vemos que se forma una multitud y eso significa que seguramente hay algún herido.
Apenas 30 segundos después, alguien desde el estudio confirma que, efectivamente, ha habido un herido por asta de toro. El locutor despide. Ya encontraron la sangre. Se acabó la búsqueda. Pero nos alerta: " a lo largo de la mañana les iremos informando de la evolución del herido".
Interesante.

martes, julio 04, 2006

Memoria de vientos y vacíos

Mi verano ha terminado justo cuando empieza el de los demás. Como los derechos. Por delante meses de calor y escucha de los planes vacacionales ajenos con el único consuelo del recuerdo de los míos. Han sido días de tempestad y calma. La primera ha puesto el principio, en la romería de mi pueblo, y el final, celebrando el reencuentro con mis amigos comiendo carne y uvas regadas con vino dulce y ponche de melocotón. A la segunda, la calma, le hemos puesto un escenario internacional. El Algarve más occidental (si Portugal es una cara, hemos merodeado por su barbilla) ha resultado ser todo un espectáculo de naturaleza, vientos y vacíos. Grandes e impresionantes vacíos que convierten de repente una gran montaña en una cueva o, incluso, una playa. Dormimos durante tres noches en el fin del mundo. O eso al menos es lo que creyó el Hombre durantes siglos hasta que algún espabilado le habló de otros continentes más lejanos. Y si sorprende lo inconmensurable del Atlántico, que en el Cabo de San Vicente te abraza en toda su plenitud, más lo hacen los vientos. En el fin del mundo juegan a confundirte. Una ráfaga de frente, otra por la izquierda, la siguiente te sorprende por la espalda. No es que cambie, es que no puede estar quieto. A veces golpea tan fuerte que sientes como arrastra tu cuerpo y tienes que cuidarte de que no te arroje de aquellas alturas. Subirlas sería imposible. No hay barreras de seguridad, ni vallas, ni grandes señales de advertencia. Tan sólo hay una placa de mármol pegado al suelo que reza: “A la memoria de X. X. y como advertencia a todos aquellos que no conocen el terreno”. Es suficiente. No hace falta más cuidados. A pocos metros de este precipicio hay otro en cuyo borde pesca alegremente un lugareño. ¿Cuántos metros de hilo de tanza necesitará para que el anzuelo llegue al agua? De repente, un hombre joven y gordo desciende de su coche sin carné recién aparcado a nuestro lado. Se acerca al precipicio y lo mira. ¿Se tirará?, pienso. Le veo cara de amargado y éste es un lugar tan significativo para perder la vida… Mi imaginación descansa. El gordo vuelve a subir a su coche. Se lo habrá pensado, o quizá, simplemente, es un rito que practica a diario. Se asoma y se marcha. Tener tiempo libre y utilizarlo para leer ha sido uno de los mayores logros de mis vacaciones. Se tiene que remontar mi memoria a los largos veranos entre un curso escolar y otro para encontrar períodos en los que leí dos libros en diez días. El segundo de ellos me ha llevado a conocer al genial Kapuscinsky. Alguna que otra vez, en mis 23 años, me ha encantado con sus cantos de sirena pero que hasta el día antes de salir de vacaciones no fui a una librería para hacerme con una de sus obras. He leído El Imperio, una crónica sobre el fin de la URSS, polifónica, divertida. Una auténtica obra maestra que me ha hecho tener el cuerpo en una esquina del mundo mientras mi mente recorría la otra entre las nieves de los campos de trabajos siberianos. Se me acabó el descanso y vuelvo a mi particular campo de trabajo donde, como en el libro del escritor polaco, se acercan tiempos de cambio. Lo que no sé es cuánto va a durar esta Perestroika.