domingo, mayo 28, 2006

Para no olvidar













Cierro una de las semanas que, espero, más me van a costar olvidar de mis dos años de contrato. El lunes, tras pasar la mañana entre populares, cogía el AVE de las 6 caminito de Madrid donde despertaba a la mañana siguiente, eufórica, llamando a las puertas del Congreso de las Diputados cuatro horas antes de que empezara el debate sobre la aceptación a trámite de la reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía.
Casi no me lo creía ni yo. Esa sensación de estar presente en un momento histórico es indescriptible. Fueron catorce horas de ires y venires por los pasillos del Congreso y aledaños, de hablar con compañeros, de escuchar el debate desde la tribuna de invitados rodeada de Raúl del Pozo, Victoria Pregoy tantos y tantos periodistas que no quisieron perderse semejante cita. Una experiencia que le puso un poco de emoción a lo prosaico.
Y como tanta era mi alegría, acabamos celebrando ese día histórico sacando cubatas en Madrid por 4 euros un martes de madrugada. Pocas veces un AVE transportó a tantos resacosos como el miércoles. Y tras un jueves reparador, vino un viernes en el que me tocó ir a cubrir un nuevo conflicto de astilleros en Sevilla. Y la realidad del día a día se me apareció en la cara de trabajadores embutidos en monos que miraban mis piernas en el día menos apropiado para ponerme una falda (el periodismo es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar).
He dicho un nuevo conflicto. En realidad es el mismo de siempre. La SEPI se ha querido cargar las astilleros públicos españoles y lo ha hecho. De 5.000 que fueron un día, en la asamblea del viernes apenas quedaban 200 pero mantenían el verbo caliente y bélico de los mejores días, ésos en los que cortaban puentes y se enfrentaban con los antidusturbios a fuerzas iguales. Me quedé embelesada escuchando sus discursos. Los cinco miembros del comité de empresa pretendían convencer a sus compañeros para decir NO a la última embestida del gobierno, que tras las siglas SEPI parece que no se encuentra. Y decían cosas como: "A la guerra, compañeros" "No tenemos miedo" "Hoy no es día para quedaros con las mamos en los bolsillos" y nombraban al Che Guevara como si se tratase de uno de los prejubilados y se animaban a morir de pie. A medio kilómetro de allí, conté al menos siete furgonas de policía que duplicaban en número a los manifestantes.
Quemaron la propuesta de la SEPI y varias decenas de ruedas con las que cortaron la carretera. Y desde el coche los observava y pensaba en los contrastes que me habían llevado en pocas horas de la mano de un debate histórico pero sin fuerza en el Congreso de los Diputados a otra realidad viva, pero irrelevante, en el Puerto de Sevilla.
La Política no interesa si por ella no pasa la vida. El periodismo tampoco. Pocas veces, como en esta semana, ha pasado la mía por mi trabajo.

1 comentario:

Juan José Payá dijo...

Me encanta conocer que sigues al frente de la más candente actualidad, sumergida en todas estas aventuras que depara nuestro oficio y por las que vale la pena luchar hasta el final (pese a la precariedad laboral existente).

Besos desde Alicante.