jueves, mayo 18, 2006

La vida, qué miedo

El alcohol tiene razones que la razón no entiende. No sé por qué extraña razón en días de fiesta y juerga he escuchado las más increíbles revelaciones. No es que me lo parecieran, es que realmente lo han sido. Las más increíbles. Supongo que la alegría nos hace abrazarnos y nos suelta la lengua. En esta romería, mi pasado se ha hecho más que nunca mi presente. Venía del testimonio más desgarrador de una enemiga de la infancia a la que ahora adoro. Supongo que siempre la adoré pero el que se quedara con todos mis novios no ayudaba a la relación. Con una mano un cigaro y con otra una botella de dos litros de Cocal-Cola con Ron me contaba las mil y una formas de sufrimiento que dos padres alcohólicos pueden ocasionar a dos hijas con esperanzas. Con una mano un cigarro y la otra un cubata la escuchaba. Entonces entendí el universo. En aquel campo de chapa más cerca de Portugal que de España. Perdida en el mismo azul de los ojos de la niña que jugaba conmigo mientras nuestros padres bebían cerveza. Cada uno siguió su camino. Nosotras también. Pero nos encontramos.

1 comentario:

danirmartin dijo...

La realidad siempre supera a la ficción... a veces uno escucha historias que cree que son de novelas.

Y es tu vecino...

Te mando besos, Pirfa-Pombinha!