domingo, marzo 26, 2006

Liberadas

He descubierto "Sexo en Nueva York". Me ha enganchado como lo hacían los folletines a las criadas de cofia. Es inteligente, frívola y divertida, los mismos atributos de sus protagonistas. Cuatro treintañeras de Manhattan para las que irse a vivir a Brooklin es cambiar de planeta. Tan obsesionadas con los hombres como por los zapatos. Tengo que reconocer que me hace reir y pensar. En la pantalla, mujeres que, tras la máscara de ridiculizar y utilizar a cuantos hombres pasen por sus vidas, no persiguen otra meta que la de encontrar a su príncipe azul. Y se creen liberadas del yugo machistas, cuando su mayor anhelo es una boda por todo lo alto y una vida familiar. ¿Éste es el mayor producto feminista que puede idear la televisión americana? Seguramente sí, en un pais cada día más puritano y conservador. Resulta que a mí, mujer, soltera y española, sí que me importa todo eso de la paridad y la igualdad.
Recuerdo en casa de mi mejor amiga de la infancia, una tarde que fui a buscarla para dar un paseo, el impacto que me causó la excusa que su padre argumentó para no dejarla venir: "Tiene que arreglarle la habitación a su hermano". Le repliqué que su hermano era dos años mayor y tan capaz como ella de arreglar su habitación. No tuvo ganas ni palabras para contestar a una mocosa como yo, pero en su mirada se podía leer el imperativo del que no tiene argumentos más allá del que le ha dado la naturaleza por haber nacido varón.
Aquella tarde mi amiga no bajó conmigo, pero el matrimonio de sus padres duró poco. Aunque lo pasó realmente mal, y todavía lo pasa, yo viví aquel proceso como una liberación.
Veo a diario a mi alrededor mujeres que me devuelven una imagen en la que no quiero reflejarme. Mujeres que un buen día abandonaron su formación y su trabajo para encomendarse a una tarea mayor llamada familia. Pasa el tiempo y a muchas de ellas son esclavas de esa decisión. Sé que trabajar les daría la independencia y en muchos casos la seguridad suficientes para dar a sus vidas el rumbo quie desean. Y en su desesperación ellas me ayudan, sin saberlo, a entender la importancia de ser independiente.
A mi la igualdad me la han enseñado dos personas: mi madre, de la forma más elegante, demostrando, en una casa sin hombres, que podíamos ser lo que quisiéramos; y mi novio, demostrando que una casa de dos es de dos. Porque eso es ser feminista, no pedir más que la igualdad. Que por haber nacido mujeres tengamos derecho a ser tanto o tan poco como los que han nacido hombres.

1 comentario:

danirmartin dijo...

Querida Pombinha:

Lo primero es decirte que me encanta que te hayas enganchado a "Sex and the City". Te pega mucho... para mí es la mejor serie americana que se ha hecho en años.

Tengo las 6 temporadas completas en DVD original... por si te interesa que te pase alguna.

Lo segundo es que yo creo que a estas alturas de la película las parejas de hoy en día, las que se forman en el siglo XXI, son más como la tuya y la mía... donde los que meamso de pié también fregamos platos, pasamos la aspiradora y hacemos la compra.

Lo de los padres de tu amiga comienza a sonar ya antidiluviano, en mi opinión.