lunes, marzo 13, 2006

En las fronteras del ring

El libro de estilo de El Pais tiene como una de sus máximas el que no aparezcan nunca informaciones sobre boxeo. Un deporte olímpico alrededor del que se ha desarrollado todo un universo de ficción. Hasta las 2.30 de la madrugada estuve el sábado pasado pegada a la pantalla viendo Million Dollar Baby. Impresionante: el dolor, la corrupción, la desesperanza... pero por más negro que Eastwood ha querido retratar este deporte en su oscarizada película, la ficción que emana del boxeo tiene su escenario más potente en la imaginación humana.
Ayer, domingo, 20.00 horas. Estaba con unos amigos bebiendo Cocal-Cola y comiendo pipas en la calle Betis. De repente un hombre con gafas salió enfadado del bar de al lado. Sin oir las llamadas a la prudencia de su joven acompañante tiró una piedra contra una de las ventanas del bar. Acto seguido, metro ochenta de camarero embutido en un polo a rayas la emprendió a golpes con el hombre ahora sin gafas. Las patadas se sucedieron y, cuando la joven acompañante interpuso su cuerpo entre el agresor y la víctima, recibió la más rotunda de las ostias que jamás hayamos visto el centenar de espectadores que hasta hacía unos segundos no éramos más que clientes. La chica cayó redonda, como lo hacían las contrincantes de Maggie en el primer asalto. Fue el detonante de la intervención de los camareros de otros bares y el ahogo de un grito generalizado. Con aquel puño caía redaonda también una de las creencias culturales que teníamos más arraigadas, ésa que dice que un hombre jamás pega a una mujer (al menos en público).
Después, todo volvió a una calma crispada. Los agredidos fueron a la comisaría de la misma calle. Tres coches de policía con las sirenas encendidas tardaron unos ocho minutos en llegar y dos en marcharse. Se quedaron dos policías que empezaron a escuchar la versión del agresor que había vuelto a su rol de camarero como si no hubiera pasado nada. Ante la más numerosas de las mesas que servía, esgrimió un mal pronunciado "Sorry" que utilizó a modo de escudo.
Mientras contaba su versión a la policía, una compañera de mi trabajo y su marido se detuvieron en la puerta y no escondieron su interés. Esta mañana le he confesado que yo era también una de los muchos testigos. Ella me ha contado lo que escuchó: "El le estaba diciendo a la Poli que se había puesto a dar ostias como loco, vamos que no negó nada. Además... ¿Te diste cuenta que parecía un boxeador? Si hasta daba saltitos y todo".

4 comentarios:

Juan José Payá dijo...

"Million dollar baby" no es una película de boxeo. Es un film que trata los sentimientos, sus relaciones y la cara más oscura que puede esconder el ser humano.

Saludos, sevillana, invitada estás a Alicante.

azorinperiodista.blogspot.com

Jose M. Sánchez "Daze" dijo...

Vaya día no?Entretenido, supongo. Yo, mira, no he tenido la ocasión de ver "million dolar baby", me gustaría verla y poder discutir de ella o aportar algo. Saludos desde Elche.

Juan José Payá dijo...

Ei, sevillana, muchas gracias por tu visita y, sobre todo, por tu comentario... Pero qué comentario tan gratificante!!! Estaba en clase de documentación y, cuando he abierto el blog, me he puesto a leer en voz alta tu comentario... No veas lo que nos hemos reído!! jajaja. :) Por aquí, ya te conocen como la sevillana.

Bueno, lo dicho, muchas gracias por todo y nos seguimos visitando.

Besos; Juanjo.

Juan José Payá dijo...

vaya, sevillana, ya veo que pasas de tu blog. Espero verte pronto.

Saludos; azorinperiodista.blogspot.com