jueves, febrero 02, 2006

Un derroche de emociones

Como en los últimos días mi vida me aburría, ayer decidí hacer una escapada. Tampoco fue tan atrevida, me quedé en un cine de Camas, pero fue suficiente para ponerme las pilas. Taquilla y reloj coincidían por una vez con mis gustos, y acompañada por una bolsa de medio kilo de conguitos me sumergí en el universo americano y vaquero de Brokebach Mountain, la película de Ang Lee nominada a ocho Oscars. Sabía que la historia, muy criticada en EEUU, versaba sobre el amor de dos vaqueros, pero sentía especial curiosidad por ver cómo lo ponían en escena sin caer en lo grotesto. Y Ang Lee lo ha conseguido. Con el reclamo de asa atracción homosexual, me mantuve pegada a la silla, aguantando los largos silencios que se profesaban los vaqueros, tan poco dados a hablar y manifestar emociones (como tantos hombres que todavía pagan ese peaje), hasta que llegó la escena del encuentro carnal, que me puso los pelos de punta.
Me emocioné más veces a lo largo de las dos horas de cinta, que en su recta final se me hizo un poco pesada. Le pasa a muchas películas que quieren ser respetuosas con un libro. Y llegué a casa concienciada de los importante que es el amor, así en abstracto, tan cursi como suena. Una emoción que, si pasa por tí, aunque sea una sola vez en la vida, vale la pena perderla para sentirlo. Que son muchas las barreras: las sociales(ahora menos que antes), las personales, las psicológicas, las del tedio que te pone la convivencia, pero es una de las causas en las que vale la pena gastar la vida y los años. LLevo desde ayer con un cosquilleo en la barriga, con las emociones escapándose por cada uno de los poros de mi piel y con la conciencia de que dejar pasar el tren de los sentimientos, sería el precio más alto que pagase en mi vida.

1 comentario:

danirmartin dijo...

Aun no la he visto, y justo acabo de leer una no muy buena crítica. La tuya vuelve a aumentar las ganas de sentarme frente a la pantalla.

Gracias por tu comment, guapita. Y suscribo lo que dices: los sentimientos es lo más importante, sin ellos no seríamos más que piedras.

Besos mil.