lunes, febrero 13, 2006

La magia del verbo

Todo comenzó hace justo quince días... la fecha, señalada en el almanaque de mi memoria, y la radio, conectada al ordenador del salón de mi casa, lo anunciaban: empezaban las preliminares del carnaval. A esta altura ya me sé casi todas las coplas de las agrupaciones que más me han gustado y no me canso de escucharlas. Hoy empiezan las semifinales y, aunque tenga que esperar al 28 de febrero para vivirlo en carne propia, los carnavales de Cádiz conforman ya el 70 por ciento de mi pensamiento en estas fechas. Con el 30 por ciento restante me sobra para vivir y trabajar. Son días felices. El ingenio, la ironía, la crítica y las emociones han tomado el poder de un reino en el que no todos podemos vivir. Una lástima. Si fuera por mí en las escuelas se educaría en carnavales. Como se enseñan el valor de la lectura o del arte, hay que enseñar el de la fiesta de la carne que siempre ha sido más fiesta del espíritu que de otra cosa. A mi se me reveló temprano, apenas tenía 12 años. Me cogieron a tiempo, gracias a Dios. Una pena que todavía haya tanta gente que no ha tenido la suerte de acceder a ellos. O lo que es peor, que los mire por encima del hombro. Como me he propuesto que este blog sirva como vehículo emocional, un reto: colgar cada día una letra de carnaval. Atentos... empieza la magia del verbo.

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