miércoles, febrero 08, 2006

La Ciencia, ese gran invento

La Humanidad avanza, o eso cree. Leo en el periódico que unos científicos han extrído de las entrañas de La Antártida hielo a 2.774 metros de profundidad y que otros han descubierto un planeta a 20.000 años luz de la Tierra. Cuando intentan justificar sus años de estudio y sus millones de inversión mirando al suelo y al cielo argumentan que lo primero, lo del hielo, será muy útil para conocer el cambio climático del planeta. Por ahora, lo único que han averiguado ya lo sabíamos: la concentración actual de dióxido de carbono en la atmósfera es la más alta registrada en los últimos 650.000 años. No lo dudaba. Lo otro, lo del cielo, supongo que también lo justificarán, aunque en mi mente no caben los gastos que suponen las investigaciones hacia fuera, cuando miles de personas pierden su vida a diario por no investigar hacia dentro. Pero un día, como el de ayer, la ficción de la imaginación y la realidad de la biología confluyen y surge la magia: El sueño de todo explorador. Colocarse las botas, el sombrero y los prismáticos, empezar a recorrer una isla (Pupúa Nueva Guinea, por ejemplo) y en pleno siglo 21, tras miles de años de dictadura homínida, descubrir, de repente, que existe vida diferente a la conocida: nuevas aves, nuevos animales a los que podrán poner nombre: El Pájaro de Oro, el Comedor de Miel... Llamarán zagloso de Brujin a uno que parece una mezcla de erizo y ornitorrinco. Pues esas cosas pasan, todavía hoy, a pesar de que en las escuelas nos han enseñado que no existe nada que pueda escapar al reino del Hombre. Y tienen que llegar estos animalillos escondidos para darnos cuenta de que hay una cosa que escapa a su poder: la vida.

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