jueves, agosto 11, 2005

En otro tiempo

Todo tenía un punto a película de Berlanga. La tía del rey lleva muerta desde el lunes pero no la han enterrado hasta esta mañana. Todos estos días medio Villamanrique ha desfilado por la capilla ardiente de la muerta, dispuesta en su palacio alrededor del cual, según Gloria Gamito, de ABC, "el pueblo ha organizado su vida". La otra mitad de Villamanrique esperaba en el bar a que le contaran como la habían amortajado: En un ataud de la caridad vestida igual que la hermanas de Santa Ángela de la Cruz. Y yo, que odio a la familia real como si me hubieran hecho algo, resulta que he visto el cuerpo muerto de una de sus miembros que en vida llagó a afirmar: "Tengo más sangre de Luis XIV que el propio Luis XV". Entrar en aquel palacio de Villamanrique me transportó a otro tiempo. Como si volviera al siglo XVI de la Andalucía más profunda y al salir me fuera a encontrar a los hombres del campo con los mulos atados en la puerta. Quizá me he pasado de siglo porque a principios del XX la imagen no era muy diferente. Ahí celebró la Infanta Elena su "Cena de Gala" que es como llama la aristrocacia a una reprimida despedida de soltera. Dicen las malas lenguas que en este palacio la infanta Elena se lo pasó a lo grande. Lo único que sé de cierto es que la infanta que ha asistido al entierro ha sido una delgada y orejona Cristina que, despeinada, mostraba una imagen muy diferente de la que estamos acosumbrados a ver. Claro, como venía al culo del mudo... habrá pensado. Y es que, aunque daba por sentado que no iba a ver nada, he disfrutado de lo que minutos después he llamdo "teatro" y que un compañero ha corregido bautizándolo como "ceremonia". Teatro o Ceremonia, que da igual porque son lo mismo, en la que ha habido famosos, coches oficiales, autoridades, familia real y hasta una banda con 200 músicos vestidos de soldados. Y eso que era un entierro. Y de toda la parafernalia me quedo con dos cosas: Las lágrimas en los ojos de algunas mujeres manriqueñas por la muerte de la que ellas llamaban "la infanta" y el improsionante despositivo policial. Había al menos un guardia civil en cada uno de los cruces desde el aeropuerto de Sevilla hasta Villamanrique. Pareciera que salían de debajo de las piedras. Con la falta que hacen cuando se decretan órdenes de alejamiento a algunos maridos que, por no estar sus mujeres protegidas, acaban con las vidas de sus cónyujes. Una pena. La misma que da tener la certeza de que las mujeres que hoy lloraban por la infanta difunta nunca lo hacen por cualquiera de esas otras desgraciadas.

2 comentarios:

danirmartin dijo...

Y es que las prioridades de alguna gente dan bastante pena.

Por cierto... nuevo look, eh?, no sé, Pombinha, no me acaba de convencer el tipo de letra...

Un besazo!

Anónimo dijo...

Santos Inocentes