jueves, agosto 25, 2005

Aventura en Omaíta... con prólogo en Betis

Vanessa se casa. Nosotros la despedimos del fascinante mundo de la soltería. Pero parecía que la humanidad se había puesto en contra de nuestro cometido. Dos días antes del viernes de la despedida nos quedamos sin el chalet que habíamos alquilado. Por delantes tres días de despedida y una novia que se enterará de la verdad después de leer estas líneas. Sin más recursos que la imaginación y las ganas de divertirnos nos planteamos pasar la noche del viernes en Sevilla y el sábado y domingo en la playita. Ahora puedo decir que así lo hicimos. Lo que nadie sabrá nunca es cómo. Tras dar un sonado recibimiento a la novia en Plaza de Armas, con velo y carteles incluídos, fuimos a cenar a un restaurante chino. Apenas salímos de allí ya nos pararon una pandilla de feos que se presentaron uno a uno. Pero el cante verdadero lo dimos en la Calle Betis. Bandas verdes que anunciaban "Vanessa se casa" y otra muy patriótica que decía "Me caso me caso" volvieron la mirada de todos hacia nosotras. Normal. No corríamos el riesgo de perdernos. Sobre las cinco de la mañana un brasileño guapísimos nos confesó que se nos veía desde lejos. Antes del brasileño, portugueses, italianos... y millones de sevillanos le habían pedido a Vanessa que, por favor, no se casara. "A ver si domas a las fieras que tienes dentro". Se lo dije al de la puerta del Río Latino después de que unos canis calientes en tropel intentaran comernos la oreja. Tardamos dentro doce minutos. Y es que no hay nada mejor que unas bandas para ligar. Ya nos lo hemos planteado para futuras juergas. El domingo en Omaíta nos daba la bienvenida en toda su grandeza. Habíamos dejado los coches encima de la acera cuando, mientras degustábamos un bocadillo seguras de que era lo único que íbamos a comer en todo el día, vimos llegar a dos municipales. Al grito de "Ahí viene lápiz veloz" nos dispusimos a volar hacia nuestros mal aparcados vehículos. No hizo falta. El morbo de charlar con siete tías solitarias les pudo más que poner dos buenas multas. Fueron ellos, con uniforme y porra, los que nos dijeron que no nos preocupásemos y hasta nos buscaron aparcamiento. Era domingo. Era Omaíta. Todavía nos quedaba lo peor: Pasar el día en la playa. No cabíamos ni a toalla por cabeza. Es que materialmente no había espacio. Sevillanos y belloteros se habían hecho con la playa y no estaban dispuestos a dejar disfrutar a nadie. Recordábamos el día antes. Pudimos hacer tetas y todo. El contacto con el agua fue completo. No era para menos. A la playa del Camping Rocío no pasa todo el mundo. Sólo los elegidos pueden acceder a ese reducto de mar y mosquitos. Sólo aquellos a los que Dios les ha dado la movilidad suficiente como para no morir ahogados en la lucha contra las olas que desean arrastrarlos al fondo del mar cargados con sombrilla y todo. Lo más gracioso es que en el acceso a la playa la dirección de aquel camping, del que todavía no he dicho que era tercermundista, había dispusto a unos señores que te animaban a pasar. "Si no pasa nada", decían con la suficiencia del que ha nacido en Omaíta y se ríe de los catetos. Y cuando llegó el momento de la ducha, los músculos se nos encogieron. Mi cuerpo entró en tensión. No quería que ni un átomo de mi piel rozara si acaso las mugrientas paredes de unos baños en el que una cucaracha hubiera encontrado su paraíso en la tierra. Al lado de las matas de pelo, otras chicas, menos escrupulosas que nosotras, se afanaban por pintarse una raya del ojo que se convertía en la más exquisita obra de ingeniería. Una serie de catastróficas desdichas hizo que llegáramos a enfrentarnos con el guarda de la puerta. Ya era lo que nos faltaba, claro. En un fin de semana de aventura, el conflicto también debe estar presente. Y el suceso me ha ayudado mucho esta semana. Me he dado cuenta que con la verdad se llega a todas partes. También que el peso de la verdad es mucho y duelen pronto las espaldas y las emociones. Lo que comenzó siendo una despedida de soltera se convirtió en el mejor tour que jamás he hecho: en la calle Betis, la noche del viernes, la representación del tipismo sevillano (canis, pijos, flamencos, erasmus..) y en Matalascañas un paseo por los campos de concentración de Hitler y la carestía higiénica del centro de Etiopía. Han sido 56 horas de risas y despligue emocional. Porque reir hemos reído tela... ese gran tema... esos chocos pegados a una roca...

4 comentarios:

macarena dijo...

ESE GRAN TEMA Y ESOS XOCOS FRESCOS¡¡¡¡¡ la mejor aventura de mi vida, sin duda....
ha sido un fin de semana que nunca olvidare.Gracias a todas por la experiencia.
Prima, un beso enorme y que sepas que esta experiencia contigo me ha servido mucho.
te quiero.
macarena.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

Por fin he leído la esición especial de "pirfa", ya tenía ganas, y sólamente con ver las fotos ya me estoy descojonando, aunque para imaginárselo hace falta estar allí; visto así, el camping parece hasta bonito y todo, ya que en las fotos no se aprecia ni el césped de un metro de altura, ni los restos de porros, ni las potas, ni los macarrones resecos ¡que asco!; tampoco quiero hablar mucho de esas tiendas de campaña que tanto trabajo nos costó montar, para luego amanecer con un sudor frio y unas taquicardias que casi me matan!...en fin para que seguir dando este tipo de detalles...el caso es que la hoja de reclamación se quedó puesta, y a nosotras que "nos quiten lo bailao". A pesar de todo nos reimos un montón, y de todo lo malo sacamos la parte positiva.No hace falta irse a ningún sitio en especial ni planear mucho cuando hay ganas de pasarlo bien : DEMOSTRADO!
Bueno xulis, a ver cuando hacemos el próximo, y tu Paloma,perdona por lo que te chillo cuando vamos en el coche y lo insoportable que me pongo cuando tardo tanto en arreglarme, pero no me presiones eh!.Un beso mu grande xa todas las chocos.Palmi.

Anónimo dijo...

Hoy, casi dos meses después de esta aventura, me atrevo a decir una vez más, que cuando las cosas pasan es por algo. Y está clarísimo, alguien o algo inexplicable, desde algún lugar,y a toda costa, quería impedir que esa despedida de soltera saliera en condiciones,no era normal que sucedieran tantas putadas juntas en tan poco tiempo.
Es verdad que muchas veces los inocentes pagan por lo que hacen los culpables(creo que en este caso los inocentes eran cinco chocos), pero también es verdad que cada uno al final tiene lo que se merece, ¿o a caso merece una novia digna una despedida asi?
Desde luego, de no ser por algunas, podía haber sido aun peor.