miércoles, agosto 31, 2005

Un día normal

Hoy es mi cumpleaños. Y como para mí es un día especial, nada más levantarme he acudido a la prensa para ver si también lo es para el mundo. Quería por una vez en la vida encontrar algo así como: "Bush replega a sus tropas de Iraq y dimite como presidente de EEUU" pero lo que me he encontrado es esto otro: "Centenares de peregrinos chiíes han resultado muertos al ceder parte de un puente sobre el Tigris en Bagdad durante una estampida. Horas antes, un ataque con mortero contra la mezquita de Musa al-Kadem había matado a siete peregrinos. Fuentes policiales aseguran que hay 635 muertos"... ¿Es que no piensan parar ni siquiera en mi cumpleaños?

jueves, agosto 25, 2005

Aventura en Omaíta... con prólogo en Betis

Vanessa se casa. Nosotros la despedimos del fascinante mundo de la soltería. Pero parecía que la humanidad se había puesto en contra de nuestro cometido. Dos días antes del viernes de la despedida nos quedamos sin el chalet que habíamos alquilado. Por delantes tres días de despedida y una novia que se enterará de la verdad después de leer estas líneas. Sin más recursos que la imaginación y las ganas de divertirnos nos planteamos pasar la noche del viernes en Sevilla y el sábado y domingo en la playita. Ahora puedo decir que así lo hicimos. Lo que nadie sabrá nunca es cómo. Tras dar un sonado recibimiento a la novia en Plaza de Armas, con velo y carteles incluídos, fuimos a cenar a un restaurante chino. Apenas salímos de allí ya nos pararon una pandilla de feos que se presentaron uno a uno. Pero el cante verdadero lo dimos en la Calle Betis. Bandas verdes que anunciaban "Vanessa se casa" y otra muy patriótica que decía "Me caso me caso" volvieron la mirada de todos hacia nosotras. Normal. No corríamos el riesgo de perdernos. Sobre las cinco de la mañana un brasileño guapísimos nos confesó que se nos veía desde lejos. Antes del brasileño, portugueses, italianos... y millones de sevillanos le habían pedido a Vanessa que, por favor, no se casara. "A ver si domas a las fieras que tienes dentro". Se lo dije al de la puerta del Río Latino después de que unos canis calientes en tropel intentaran comernos la oreja. Tardamos dentro doce minutos. Y es que no hay nada mejor que unas bandas para ligar. Ya nos lo hemos planteado para futuras juergas. El domingo en Omaíta nos daba la bienvenida en toda su grandeza. Habíamos dejado los coches encima de la acera cuando, mientras degustábamos un bocadillo seguras de que era lo único que íbamos a comer en todo el día, vimos llegar a dos municipales. Al grito de "Ahí viene lápiz veloz" nos dispusimos a volar hacia nuestros mal aparcados vehículos. No hizo falta. El morbo de charlar con siete tías solitarias les pudo más que poner dos buenas multas. Fueron ellos, con uniforme y porra, los que nos dijeron que no nos preocupásemos y hasta nos buscaron aparcamiento. Era domingo. Era Omaíta. Todavía nos quedaba lo peor: Pasar el día en la playa. No cabíamos ni a toalla por cabeza. Es que materialmente no había espacio. Sevillanos y belloteros se habían hecho con la playa y no estaban dispuestos a dejar disfrutar a nadie. Recordábamos el día antes. Pudimos hacer tetas y todo. El contacto con el agua fue completo. No era para menos. A la playa del Camping Rocío no pasa todo el mundo. Sólo los elegidos pueden acceder a ese reducto de mar y mosquitos. Sólo aquellos a los que Dios les ha dado la movilidad suficiente como para no morir ahogados en la lucha contra las olas que desean arrastrarlos al fondo del mar cargados con sombrilla y todo. Lo más gracioso es que en el acceso a la playa la dirección de aquel camping, del que todavía no he dicho que era tercermundista, había dispusto a unos señores que te animaban a pasar. "Si no pasa nada", decían con la suficiencia del que ha nacido en Omaíta y se ríe de los catetos. Y cuando llegó el momento de la ducha, los músculos se nos encogieron. Mi cuerpo entró en tensión. No quería que ni un átomo de mi piel rozara si acaso las mugrientas paredes de unos baños en el que una cucaracha hubiera encontrado su paraíso en la tierra. Al lado de las matas de pelo, otras chicas, menos escrupulosas que nosotras, se afanaban por pintarse una raya del ojo que se convertía en la más exquisita obra de ingeniería. Una serie de catastróficas desdichas hizo que llegáramos a enfrentarnos con el guarda de la puerta. Ya era lo que nos faltaba, claro. En un fin de semana de aventura, el conflicto también debe estar presente. Y el suceso me ha ayudado mucho esta semana. Me he dado cuenta que con la verdad se llega a todas partes. También que el peso de la verdad es mucho y duelen pronto las espaldas y las emociones. Lo que comenzó siendo una despedida de soltera se convirtió en el mejor tour que jamás he hecho: en la calle Betis, la noche del viernes, la representación del tipismo sevillano (canis, pijos, flamencos, erasmus..) y en Matalascañas un paseo por los campos de concentración de Hitler y la carestía higiénica del centro de Etiopía. Han sido 56 horas de risas y despligue emocional. Porque reir hemos reído tela... ese gran tema... esos chocos pegados a una roca...

jueves, agosto 11, 2005

En otro tiempo

Todo tenía un punto a película de Berlanga. La tía del rey lleva muerta desde el lunes pero no la han enterrado hasta esta mañana. Todos estos días medio Villamanrique ha desfilado por la capilla ardiente de la muerta, dispuesta en su palacio alrededor del cual, según Gloria Gamito, de ABC, "el pueblo ha organizado su vida". La otra mitad de Villamanrique esperaba en el bar a que le contaran como la habían amortajado: En un ataud de la caridad vestida igual que la hermanas de Santa Ángela de la Cruz. Y yo, que odio a la familia real como si me hubieran hecho algo, resulta que he visto el cuerpo muerto de una de sus miembros que en vida llagó a afirmar: "Tengo más sangre de Luis XIV que el propio Luis XV". Entrar en aquel palacio de Villamanrique me transportó a otro tiempo. Como si volviera al siglo XVI de la Andalucía más profunda y al salir me fuera a encontrar a los hombres del campo con los mulos atados en la puerta. Quizá me he pasado de siglo porque a principios del XX la imagen no era muy diferente. Ahí celebró la Infanta Elena su "Cena de Gala" que es como llama la aristrocacia a una reprimida despedida de soltera. Dicen las malas lenguas que en este palacio la infanta Elena se lo pasó a lo grande. Lo único que sé de cierto es que la infanta que ha asistido al entierro ha sido una delgada y orejona Cristina que, despeinada, mostraba una imagen muy diferente de la que estamos acosumbrados a ver. Claro, como venía al culo del mudo... habrá pensado. Y es que, aunque daba por sentado que no iba a ver nada, he disfrutado de lo que minutos después he llamdo "teatro" y que un compañero ha corregido bautizándolo como "ceremonia". Teatro o Ceremonia, que da igual porque son lo mismo, en la que ha habido famosos, coches oficiales, autoridades, familia real y hasta una banda con 200 músicos vestidos de soldados. Y eso que era un entierro. Y de toda la parafernalia me quedo con dos cosas: Las lágrimas en los ojos de algunas mujeres manriqueñas por la muerte de la que ellas llamaban "la infanta" y el improsionante despositivo policial. Había al menos un guardia civil en cada uno de los cruces desde el aeropuerto de Sevilla hasta Villamanrique. Pareciera que salían de debajo de las piedras. Con la falta que hacen cuando se decretan órdenes de alejamiento a algunos maridos que, por no estar sus mujeres protegidas, acaban con las vidas de sus cónyujes. Una pena. La misma que da tener la certeza de que las mujeres que hoy lloraban por la infanta difunta nunca lo hacen por cualquiera de esas otras desgraciadas.

lunes, agosto 08, 2005

Arte, Cultura, Revolución

Acabo de pegar a mi ordenador la foto que El País publica en su página 7. Se trata de una instantánea tomada el sábado al Subcomandante Marcos y reconozco que lo he hecho por polemizar. Desde hace unos tres años adornan las puertas de nuestro piso de Sevilla algunas cuartillas de alto contenido ideológico. La primera es un poema de Victor Jara, la segunda otro de Eduardo Galeano llamado "los nadies" y el tercero es una prosa poética de Marcos. Pero en mi casa apenas lo ve nadie. Colocar una foto del Sub en una redacción con su golpe de objetividad, imparcialidad, etc supone dar el salto. Y lo he dado. Igual que el jueves pasado di el de colocar postales con cuadros (Las Lanzas, El Jardín De Las Delicias, El Guernica,. Las Meninas, La Fragua De Vulcano y Los Fusilamientos del 2 De Mayo). A su lado, dos textos de Camus y Platón al que muy pronto acompañarán otros autores. Y es que yo, que jamás hago manifestación pública de pertenecer a ningún partido (entre otras cosas porque no pertenezco a ninguno), he decido hacerla de las máximas que deseo que rijan mi vida: Arte, cultura y Revolución. Que bonito y grandilocuente. No es que me haya dado un ataque ideológico, es que la que es temporalmente mi jefa es muy de derechas y he decidido que a mí también se me va a ver, y de lejos, el pie del que cojeo. A las faltas de ortografía, arte y cultura y al fascismo disfrazado con buenas palabras, revolución. Ya he amenazado con colocar al Che al otro lado de la pantalla.

jueves, agosto 04, 2005

Fuerzas brutas de seguridad

Ayer me desperté con la noticia de que la autopsia al agricultor que murió en un cuartel de Roquetas de Mar, en Almería, vinculaba su fallecimiento con la brutal paliza que recibió a manos y porras de nueve guardas civiles. La noticia me pareció lo más escabroso de los últimos tiempos por una serie de componentes, entre ellos, imaginarme la imagen franquista del guardia del tricornio y el bigote a palos con los detenidos. Pero es que el agricultor de Roquetas de 39 años, casado y con un hijo de 19, no era un detenido. Su culpa fue haber acudido al cuartel en busca de auxilio y negarse a someterse a la prueba del etilómetro. Cuando alguién se niega a soplar el popular globo, lo más que puede pasarle es una sanción administrativa. Una multa, vamos. En roquetas parece que si te coge cierto teniente con una porra eléctrica y no soplas puede ser hasta que palmes. Y como daños colaterales, una madre, una esposa y un hijo que esperaban que la Guardia les entregara el cuerpo. Pasaron días de angustia sin comprender por qué se negaban en el cuartel a que pudieran acceder al difunto y enterrarlo a su manera. Primero lloran su muerte y once días después se enteran que lo han matado unos hijos de puta. Es como si hubiera muerto dos veces. Se les ha negado la vida y la verdad. Suponía que las reacciones no se harían esperar. Efectivamente, a lo largo de la mañana conocimos que el violento teniente había dejado su impronta otras veces. La familia pedía a las víctimas que se atrevieran a denunciarlo. Aunque un padre que lo hizo con anterioridad, cuando el Guardia apaleó a su hijo, tuvo que soportar como su proceso no se admitía a trámite. De corporativismo entre juzgados y cuarteles hablaban los que opinaban en los medios. Pero es que el caso de Roquetas salpica al Gobierno. Se pide hoy la comparecencia del Ministro del Interior. Y a mí me parece exagerado. Es verdad que ha habido y hay guardias civiles rastreros, como periodistas, ingenieras, enfermeras, médicos o administrativos. Pero intentando separar individualismo de acción colectiva, porque hoy se estaban escuchando barbaridades contra los cuerpos de seguridad del estado, creo que hay una posible opción para terminar con estos sucesos violentos: La desmilitarización de la Guardia Civil y la posibilidad de que se organicen sindicalmente. Ya que son guardas de civiles, como lo es la policía, ¿no sería mejor que se comportaran con tales? El resto de Europa está poco a poco unificando como civiles a sus agente de seguridad... ¿por qué en este pais, donde ser militar es ya una opción y no una obligación, no se puede hacer más democrático y cercano a los ciudadanos este cuerpo?

martes, agosto 02, 2005

Muertos que hieden...

El informativo en el que firmo habitualmente mis noticias lleva unas semanas abriendo con sucesos. Es decir, que mis nuevos jefes estiman que cualquier muerte sangrienta y escabrosa ( Léase también robo, violación o cualquier manifestación de violencia) es más importante que los acontecimientos que marcan la actualidad andaluza, no para mí, para el resto de los medios de comunicación. Hoy hemos asistido a un hecho histórico. A Tarifa ha llegado la patera que más bebés portaba de todas cuantas han sido interceptadas por la policía en nuestra costas. Para mis nuevos jefes, una paliza de unos gorilas en una feria de un pueblo malagueño de 2.000 habitantes es más importante. Mientras me duchaba y desayunaba he estado escuchando Cadena Ser y Radio Nacional de España. Ambas colocaban la llegada de esta patera, que no es la única de hoy, a la cabeza de sus informaciones. Pero el informativo andaluz de TVE marca tendencias... hace una interpretación nueva y rompedora de la información. Y lo hace bajo el criterio de una persona que jamás estudió carrera alguna y escribe con faltas de ortografía. Nada importa. Esto es público. Cuentan los que vivieron ese período que, cuando Alfredo Urdaci mandaba en Madrid, Andalucía no era más que el campo de cultivo de todos los sucesos más escabrosos que abrían el Telediario de la tarde. Justo cuando cambia “el talante”, lo mudamos también nosotros pero a la inversa. Es para que los profesores de la facultad en la que pasé cuatro años de mi vida se da un paseo por este centro que regenta su más ínclito homólogo. Se sorprenderían y quizá hasta tuvieran que modificar los programas de sus asignaturas. Ayer el jefe de informativo de esta casa mantuvo la siguiente conversación con una chica de prácticas, Laura: Laura: No encuentro nada de información sobre el tema que me has dado esta mañana Jefe de informativo: ¿a ti que te enseñaron en la Facultad? Si no encuentras información, te la inventas. Sí, señores, esto es como en las películas pero a lo cutre. Y como es a lo cutre, los muertos dan mucha peste a partir del tercer día (al chaval lo mataron el domingo), y yo no me quiero salpicar de mierda, he hecho lo que me han pedido. Pero no he firmado mi noticia.