lunes, julio 25, 2005

Mentiras

Acabo de pasar la útima página del libro de José Antonio Marina La inteligencia fracasada. Y resulta curioso porque he llegad a este libro gracias a mis compañeros de trabajo, uno me lo recomendó y otro me lo prestó y una tercera, justo en el día en el que lo termino, lleva a la práctica gran parte de la teoría de Marina. Esta mañana el que era mi jefe me ha llamado para preocuparse por el estado de salud de mi madre. Tras contarle lo estupenda que se encuentra le pregunté si nuestro nuevo jefe estaba en la redacción. Tenía que hablar con él una cuestión del horario de mañana. Me dijo que sí y me pasó la llamada a su teléfono. Cogió el aparato la compañera con la que en ese momento hablaba y me dijo que mi jefe no estaba. Me resultó extraño. Ella me explicó: "no se encuenta en la redacción , se ha quedado hoy en casa". Le dije que le dejara una nota con lo que quería comunicarle, a sabiendas de que estaba a su lado. Volví a llamar al que era mi jefe. Se rió cando le conté que la compañera me había mentido. "Pero si lo tengo en frente mía", me confirmó. Dice Marina que la mentira es uno de los fracasos de la inteligencia y se empeña por demostrar que practicarla lleva a la desdicha. Estoy con el filósofo, aunque en el mismo espacio en el que oí hablar de su libro haya gente que no. Pero como mentir es un fracaso de la inteligencia, el sentimiento que se me despierta es el de pena. El que miente nunca llegará al fin último de la inteligencia: la felicidad.

jueves, julio 14, 2005

El reino de la mediocridad

El que era mi jefe lleva unos días ocioso, los mismos que yo llevo puteada, pero eso es otro historia. O no. Esta mañana la ha pasado leyendo una y otra vez los periódicos y buscando frases célebres. Nos las ha leido. A mí me ha gustado ésta: Prefiero que me condenen por lo que soy antes de que me loen por lo que no soy. Decía ser de un tal Simenon, un escritor belga de mediados de siglo. Y ha arrojado en estos calurosos días, por dentro y por fuera, una leve brisa. A veces los mediocres, esos que siempre se hacen con el poder en un mundo que logran hacer a su imagen y semejanza, critican a los brillantes por lo que son y hacen. Ellos, que siempre desean ser alabados por lo que no son y nunca llegarán a ser: brillantes. Que los mediocres reinen en este mundo tiene mucho que ver con la cita de la cabecera de hoy en El Mundo: Sólo hay un remedio para salvar a la Humanidad: no resignarse. Hoy parece que todas las palabras han sido escritas para mi. Las de Simenon y éstas de Ernesto Sábato. Efectivamente, los mediocres imprimen su poder cuando los brillantes hacen la vista gorda. He visto a muchos en altos cargos. El teólogo que me daba religión en el instituto solía decir: El rico es un ladrón o un hijo de ladrones, podemos cambiar el sujeto y formular algo parecido: “ Los mediocres llegan al poder porque se han aprovechado de la coyuntura o por pegarse a otros que aprovecharon la coyuntura”. El mediocre siempre se rodea de los que son como él. Ellos le respaldarán, le apoyarán y nunca le serán críticos. La crítica no existe en el reino de los mediocres. Los que discrepan en el PP siempre tienen que marcharse. Es un ejemplo. Y se organizan bien. Se preparan años esperando que el brillante flaquee para abordarlo como los buitres a la res moribunda. Y los otros, los brillantes, tan preocupados por lo bello y lo bueno apenas perciben su presencia. Cuando lo hacen ya es demasiado tarde. Han dejado ver que son humanos. El mediocre se frota las manos. Amordazada la boca, encadenados manos y pies. El que antes fue brillante se pudre en la sombra... o eso es lo que cree el mediocre. Sonríe. La sonrisa es el arma más subversiva... En la sombra se cuece la revolución. Cultura y profesión.

viernes, julio 08, 2005

7 de Julio: De nuevo el absurdo

La semana pasada estuve en Atocha. Evité pasar por el sitio destinado a los recuerdos, pero se reproducían solos en mi mente. Se nos mostró tanto entonces la masacre por la tele que pasar por allí y no acordarse es imposible. Al menos para mí. Pero allí estaba ella, una niña de tres años con una mochila celeste que hizo que volviera a pensar en la vida. De nuevo los contrastes... y ayer de nuevo el absurdo. El día antes de este de ayer en Londres leí esto sobre los atentados. Lo escribe José Antonio Marina en su libro La inteligencia fracasada en el que intenta dibujar una teoría y práctica de la estupidez. Dice Marina: “Tengo frente a mí las fotografías de una jóvenes universitarias musulmanas ...dispuestas a convertirse en bombas ambulantes y a morir para hacer daño al enemigo. Su suicidio es valeroso pero el marco terrorista en que lo consumaron es inmoral porque instrumentaliza con desprecio a las víctimas. Un niño que va a la escuela, una mujer que piensa en cómo llegar a fin de mes o un hombre alegre porque acaba de pagar la hipoteca de su casa, mueren por un problema que no entienden a o ni siquiera conocen ¿Qué tenían que ver las víctimas del atentado de Atocha con la guerra de Irak? El terrorismo usa una vida humana como medio para conseguir una reivindicación política. La dualidad de niveles resulta patente. Podríamos condecorar a un terrorista por patriota y acto seguido meterlo en la cárcel por asesino.” Y el día después vi las imágenes de un Londres caótico que tanto se parece al Madrid del 11-M. Uno de los periódicos nacionales dice hoy: demasiadas coincidencias. Los terroristas están cumpliendo lo que prometieron: acabar con la foto de las Azores. Pero resulta que como dice Marina son uno de los “gremios” más estúpidos del planeta y dieron pie a lo que a continuación sonó a burla. Veíamos a gente inocente sangrando, escuchábamos las cifras crecientes de los muertos y pocos minutos más tarde la potente imagen de un Tony Blair rodeado por Bush y Chirac resultaba más dantesca que la masacre. De verdad que lo parecía. Dispuestos a matar, nada mejor para empezar que aquel escenario a pocos kilómetros de Londres, donde sí se encontraban algunos de los que fueron a una guerra a sabiendas de la mentira que escondía.