domingo, junio 05, 2005

En la cumbre a los 19

Nadal acaba de levantar la Copa de los Mosqueteros. Dos días después de cumplir 19 años, ha escrito la última línea del deporte español. Y ha llorado, y se ha comportado lo mejor que sabe delante de un rey que no siente suyo (le ha tricionado el subconsciente: "gracias a todas las autoridades de España y Mallorca", ha dicho. Jajaja) No es Nadal ni será el primer niño que se convierte en mito. En este pais estamos acostumbrados a ensalzar a los que un par de años más tarde damos la patada. En la élite, ahora, Pedrosas, Alonsos y Nadales que no conocieron ni la primera victoria socialista y que ya son más importantes que el propio Felipe González. Hace apenas dos años era Ferrero el que hacía los anuncios. Ya no aparece ni en los póster. Así es de cruel el deporte, la competición, el esfuerzo... y un montón de palabras como esas tras las que se esconde la de Espectáculo. El día del cumpleaños de Nadal, Grego y yo tuvimos una conversación que por falta de acuerdo terminó en discusión. Después de ver juntos los deportes del Telediario, yo hice la siguiente reflexión en voz alta: "Si yo fuera directivo de un club de fútbol, obligaría a mis jugadores a recibir clases de cultura general, hasta completar las 8 horas de jornada laboral. Los futbolistas no saben hablar". Él, tras descojonarse por semejante idea, dijo que a un tío que cobra millones de euros no se le podía obligar a nada de eso. Le argumentaba que se trataba de Educación. Que tendría que meter mano hasta el Alto Comisionado para el Deporte y la Federación Española de Fútbol. Hay niños que adoran a esos jugadores y desean ser como ellos y que mejoren su verbo contribuiría a que también lo hicieran los que les siguen. Grego se rió y me contestó: "Sí, tú tendrás cultura, pero ellos tienen un chalet y unos pedazos de coches que ni te imaginas". He ahí la clave. ¿Para qué cultura ni educación si con 18 años han conseguido la gloria? Que pena que su gloria sólo sea dinero y fama.

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