lunes, mayo 23, 2005

Basura

Treinta y cuatro son los contenedores que se ha cobrado la huelga de trabajadores municipales del Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda en este fin de semana. En total, son más de 100. Los operarios del Consistorio se niegan a recoger la basura. Han sembrado el caos en Sanlúcar. Un caos tangible sobre todo por el olfato. Los basureros tienen más poder del que creemos. Mucho más. Vivimos en la sociedad de la basura. La generamos de forma exponencial y queremos que desaparezca de los contenedores lo más rápidamente posible. Auguro que el conflicto sanluqueño se saldará de parte de los trabajadores. Igual que el de la provincia de Granada. En 2003 seguí muy de cerca un encierro en la Iglesia de la Magdalena, con huelga de hambre incluida, de los basureros de Tomares. Pasaba a verlos a diario y me hice muy amiga de ellos y sus familias. Tras casi un mes y la mediación de la delegación de empleo entre los huelguistas y Ferrovial (la empresa), el conflicto se solucionó con la redacción de un nuevo convenio. Me lo leí y “flipé” con las condiciones sociales. El porqué de su notable mejora laboral estuvo estrechamente ligada con la firmeza que demostraron. Las calles de Tomares se volvieron irrespirables y, a pesar de las presiones de la alcaldesa que contrató a otros basureros, ellos lograron su objetivo. El año pasado, la obra “Los pecados capitales” del Centro Andaluz de Teatro terminaba con una visión apocalíptica en la que las ratas vencían a los humanos y se hacían con el dominio de un mundo que se reducía a toneladas de basuras. El principio de la Apocalipsis son las imágenes de la calles de Sanlúcar y Granada. Los trabajadores de la basura, los demiurgos del final de los tiempos.

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