domingo, abril 03, 2005

La vida de frontera

Volver a Rosal es siempre una experiencia. Me hace ver lo frívola que es mi vida. Porque aquí todo es tragedia, pero al nivel que lo eran las más oscuras de Lorca. Ayer pasé allí la tarde porque una amiga de la familia ha sido mastectomizada. Sólo por eso, la cosa prometía. Pero como el absurdo es un mecanismo natural para hacer más llevadera la tragedia, allí estaba él, en pleno apogeo, en mitad del salón. El absurdo dio muestras de su existencia repetidas veces: cuando me enseñó la herida y la prótesis mamaria, a pesar de que yo le pedí que no que la enseñara, más que por mí, por ella. Pero, en mitad de aquel salón del pueblo en el que pasé los 10 años más estériles de mi vida, el absurdo tomó la forma de una chavala de 19 años. Se llama Esmeralda y de pequeña era muy amiga de mi hermana Flor. Llegó en mitad del café. LLevaba camisa y pantalones vaqueros, lucía moño y una pinturas en la cara que le pegaban poco. Yo la notaba más nerviosa de lo que podía recordarla, pero se me escapaba por qué. Hasta que me enteré: apenas una hora más tarde se casaba en el juzgado de Rosal. Con sus vaqueros, su moño y su hija de más de un año (porque Rosal se ha propuesto batir récords de embarazos no deseados en madres adolescentes), quería que su boda pasara totalmente desapercibida. Tanto que hubo que convencerla para que no tomara represalias contra su madre por haber hecho una cena que rozaba el ágape nupcial: ensaladilla y pollo. En apenas dos horas, aquellos hombres y mujeres de frontera me recordaron lo que pude llegar a ser de no haberme ido pronto: Un matrimonio que se mandó a la mierda más de una vez delante de sus hijos; un padre divorciado que amenazaba con una escopeta a los servicios sociales si osaban llevarse a su hijo de 13 años, que ha decidido no ir al colegio y lo chantajea con irse con su madre alcohólica si lo obliga; una pareja de padres de 16 años que paseaban a su hijo de 10 meses después de terminar los deberes del instituto... Quizá sea la frontera que les hace pensar que lo que para ellos es cotidiano para otros, como yo, son grandes tragedias. Es su actitud frente a la cotidianidad lo que me hizo pensar anoche lo frívola que es mi vida... mucho, desde luego, comparada con lo que pude ser yo de haberme quedado. Volví apesadumbrada a la vez que orgullosa de entrar en contacto con ellos, que un dia fueron nosotros, y que me hicieron más humana durante un par de horas.

1 comentario:

danirmartin dijo...

Qué fuerte todo, ¿no, Paloma?

Puedes mirarlo de dos maneras:

que en esa frontera hay un filón para posibles posts, o bien darte cuenta que esa frontera se queda atrás en tu vida del siglo XXI.

Por cierto, que tal el tema de la compra/alquiler de piso?

Saudações dum colega.